Brasilia - Los principales aeropuertos de Brasil están llenos de la importación que más rápido crece en ese país: brasileños que vuelven luego de perder su empleo en los Estados Unidos, Japón y Europa.
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Se fueron de Brasil hace años para trabajar en países más desarrollados y mandaban parte de su sueldo a las familias que habían dejado atrás. Ahora están sin empleo,tuvieron que dejar la vivienda que les proporcionaba su empleador y regresan a una economía mal preparada para absorberlos o ayudarlos.
La mayoría recibe el nombre de dekasseguis, un término japonés que significa «abandonar el trabajo». Brasil tiene la mayor comunidad japonesa fuera de Japón, y durante las crisis económicas de América Latina de los años ochenta del siglo pasado y principios de los noventa muchos brasileños de ascendencia japonesa se trasladaron a la nación insular en busca de mejores empleos. Unos 322.000 brasileños trabajan en Japón, lo que los convierte en la tercera comunidad de trabajadores extranjeros allí, según el Ministerio de Justicia japonés.
La mayoría de los dekasseguis brasileños tiene entre 18 y 35 años, y trabaja jornadas largas y agotadoras en empleos fabriles mal pagos que la mayor parte de los trabajadores japoneses no quiere, tales como tornear componentes para autos o soldar componentes electrónicos. A medida que cae la demanda global de productos electrónicos y autos japoneses, también lo hacen los empleos para esos trabajadores inmigrantes.
Las empresas automovilísticas japonesas, entre ellas Toyota, Honda y Nissan, despedirán 25.000 trabajadores en Japón a corto plazo, según la agencia de noticias japonesa Jiji. Muchos de esos trabajadores son brasileños.
El 18 de enero, por primeravez en 20 años, unos 400 dekasseguis brasileños marcharon por las calles de Tokio en protesta contra los despidos. «Los trabajadores brasileños merecen respeto y cuidado. No se los puede usar y desechar como productos descartables tan solo debido a la crisis», dijo Hidekichi Hashimoto, un organizador de la protesta, al diario Jornal do Brasil. Protestas similares tuvieron lugar en otras partes de Japón, pero las empresas fabricantes de automóviles continúan eliminando los empleos que cubren los brasileños.
Una gran cantidad de esos trabajadores despedidos vuelve a Brasil, adonde unos 500 de ellos llegan a diario en vuelos internacionales. Se estima que entre setiembre y marzo regresarán a Brasil alrededor de 70.000 dekasseguis, según el diario Correio Braziliense, lo que equivale al 22% del total de dekasseguis brasileños que viven en Japón.
Una creciente cantidad de los trabajadores despedidos que vuelven procede de los Estados Unidos. Se trata sobre todo de trabajadores de la construcción, que pierden su empleo como consecuencia de la crisis hipotecaria.
En Governador Valadares, una ciudad del estado de Minas Gerais, el 46% de las familias tiene por lo menos un integrante que trabaja en el exterior, sobre todo en los Estados Unidos, según un estudio de 2007. En la actualidad, la ciudad está inundada de brasileños que han regresado sólo para descubrir que la situación económica de Brasil no es mucho mejor.
Esos refugiados económicos pronto se dan cuenta de que la creación de empleos en Brasil se está contrayendo con rapidez.
El superávit comercial brasileño cayó de u$s 40.000 millones en 2007 a u$s 24.700 millones el año pasado. El resultado fue que el país tuvo un déficit de cuenta corriente de u$s 28.300 millones en 2008, el peor de los últimos 10 años. Sin los u$s 2.900 millones que los brasileños que trabajaban en el exterior enviaron a su país, ese resultado seguramente sería peor.
Esas remesas se reducirán en 2009, lo que significará una presión adicional para la cuenta corriente del país, que se pronostica tendrá un déficit de u$s 25.000 millones, según unos 100 economistas que consultó el banco central de Brasil el viernes pasado.
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