29 de marzo 2018 - 00:00

Brasil: violencia política inquieta a una dirigencia que se aferra a la grieta

Sin embargo, el presidente Michel Temer y el gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, acusaron a los agredidos de haber agitado el odio. El ultraderechista Bolsonaro se divirtió y, en ese contexto sensible, proclamó el “derecho de la Policía a tirar a matar”.

Atención con este hombre. El ultraderechista Jair Bolsonaro está detrás de Lula da Silva en las encuestas. Ayer fue vivado y llevado en andas al llegar al aeropuerto de Curitiba.
Atención con este hombre. El ultraderechista Jair Bolsonaro está detrás de Lula da Silva en las encuestas. Ayer fue vivado y llevado en andas al llegar al aeropuerto de Curitiba.
Brasilia - Brasil amaneció ayer impactado por el ataque a tiros contra la caravana que acompañaba a Luiz Inácio Lula da Silva en el sur del país, en lo que constituye el elemento más dramático pero no el único de un brote de violencia política sin precedente. En ese sentido, también causó impresión la denuncia del juez del Supremo Tribunal Federal e instructor de los casos de la "Lava Jato" en el cuerpo, Edson Fachin, quien dijo haber sido amenazado junto a su familia.

El brote violento monopolizó las portadas de los diarios y de los sitios de noticias y los titulares e los noticieros. Sin embargo, la clase política pareció quedarse corta en el repudio, mezclando frases hechas sobre la gravedad de lo ocurrido con acusaciones a la izquierda de cosechar el clima de odio que, presuntamente, supo sembrar.

Un editorial del influyente diario O Globo, de Río de Janeiro, dijo que "los disparos contra la caravana de Lula y la amenaza a Fachin afectan la democracia".

Otro artículo, de la columnista Míriam Leitão, advirtió que "la violencia política avanza e pone al país en emergencia". "El atentado contra la caravana de Lula es gravísimo. Un día fueron pedradas. después fueron tiros. ¿Qué va a venir mañana? Este es el momento más complejo desde a redemocratización y es preciso investigar a fondo", agregó.

El incidente en torno de Lula, favorito para las elecciones presidenciales de octubre y pese a ello quizá a punto de entrar en prisión y de perder sus derechos políticos, se saldó sin mayores consecuencias, pero volvió a sacudir a un país aún conmocionado por el asesinato de la concejala carioca Marielle Franco (ver nota aparte).

Dos autobuses de la caravana proselitista de Lula fueron alcanzados en la noche del martes por hasta tres disparos mientras recorría el sur de Brasil, una región tradicionalmente conservadora en la que el mandatario izquierdista hizo frente a varias hostilidades en los últimos días. Nadie resultó herido.

Dos equipos de élite de la Policía Civil del estado brasileño de Paraná abrieron una investigación sobre el ataque, pero el Partido de los Trabajadores presiona por una pesquisa a nivel federal.

La clase política reaccionó con preocupación, pero sin dejar de lado la grieta ideológica.

"Lamento lo que ocurrió con la caravana del expresidente Lula", dijo ayer el presidente Michel Temer. "Desde que asumí el Gobierno vengo diciendo que necesitamos reunificar a los brasileños".

Sin embargo, el mandatario pareció justificar la agresión al señalar que "esta ola de violencia no fue alentada quizás por aquellos que tomaron esta decisión. Quizás haya sido que comenzó antes. Es la historia de los unos contra los otros, realmente crea dificultades que generan actos de esta naturaleza".

Lo misco ocurrió con el gobernador de San Pablo y líder del PSDB, Geraldo Alckmin. "Toda forma de violencia tiene que ser condenada", escribió Alckmin, que aspira también a ser candidato presidencial el 7 de octubre. Pero también él pareció culpar a las víctimas al afirmar que "creo que ellos están cosechando lo que sembraron. Usan el discurso de 'nosotros contra ellos' y ahora terminaron siendo víctimas de esa polarización".

En toda la gira, iniciada el 19 de este mes por los tres estados del sur del país, Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, la caravana fue hostilizada en pequeños poblados por productores rurales identificados con el juez Sérgio Moro, a cargo de la operación "Lava Jato", y el precandidato presidencial ultraderechista Jair Bolsonaro.

El domingo pasado la violencia resurgió cuando manifestantes opuestos a Lula arrojaron huevos y piedras a los colectivos y rompieron una ventana del vehículo en el que viajaba el exmandatario.

Bolsonaro justificó ayer la última escalada de esta serie de ataques contra Lula y sus seguidores.

"Ahora van a tener que ver a la derecha", dijo Bolsonaro en Curitiba, capital del estado de Paraná, ante 200 seguidores que lo recibieron en el aeropuerto de esta ciudad, donde con diferencia de pocas horas tenía previsto presentarse Lula.

Según la prensa local, el diputado y excapitán del Ejército fue llevado en andas del aeropuerto Afonso Pena hasta un escenario en el cual se refirió al atentado contra Lula durante su gira en el interior del estado de Paraná.

"Lula quiso convertir a Brasil en un gallinero y está recogiendo los huevos", graficó, en la única referencia al ataque contar la caravana del líder del PT.

Ante un público que defendía a la Operación Lava Jato y al juez Moro, Bolsonaro dijo que luchará por "el derecho de la Policía a tirar a matar para combatir la delincuencia". "Debemos hacer valer nuevamente la fuerza de los policías", prometió.

En tanto, Lula calificó lo ocurrido el martes en Paraná como un "ataque fascista" y un "atentado contra la democracia".

"Estamos viviendo algo como el nacimiento del nazismo, de gente que se basa en mentiras, acusando al resto. Vemos que esto no es política, no vamos a asustarnos, no le sacaré el cuerpo a la disputa política", dijo Lula en un discurso transmitido en su página de Facebook.

Agencias DPA, ANSA y EFE, 


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