Sacha Baron Cohen como el modisto austríaco Brüno: algunos medios ya han dicho que, antes que exponer prejuicios, su personaje los encarna.
Los Angeles - La nueva provocación está a punto de empezar. De hecho, ya comenzó hace tiempo en los medios, en los blogs norteamericanos, en algunos programas de televisión. El humorista inglés Sacha Baron Cohen, que en su film «Borat», disfrazado de periodista de investigación de la TV de Kazakhstan expuso --o intentó exponer, al menos-- los arraigados prejuicios del americano medio acerca de no pocos asuntos, sobre todo el remanente antisemitismo, desafiará de lleno ahora a la cultura gay en su nueva película, «Brüno», en la que compone a un «alocado» y mediático modisto austríaco que intenta armar un talk show en los Estados Unidos.
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En principio, varias comunidades homosexuales ya han encendido sus alarmas ante la confesa provocación de Baron Cohen, cuyo estilo de humorismo, como ya lo desmostró en «Borat», está bastante lejos de la sutileza. Hace poco, de gira promocional por España para anticipar su nuevo film, entre otras cosas dijo: «Mi película va a ser la más importante protagonizada por un gay austríaco desde Terminator 2», y también: «'Brüno'va a reparar todo el daño que le hizo 'Milk' a la comunidad gay. Sean Penn hizo un estereotipo del gay serio. ¡Y encima no es gay! ¿A quién se le ocurre?».
Si bien la película aún no fue estrenada en los Estados Unidos, ya se han hecho las suficientes funciones previas como para que los primeros comentarios circularan con velocidad (en la Argentina se estrenará el 15 de octubre). Además, en la reciente entrega de los premios Emmy, hubo un sketch bien teatralizado (aunque algunos medios lo confundieron con real), cuando Baron Cohen, caracterizado como su personaje y con el trasero descubierto, aterrizó en una liana sobre las rodillas de Eminem, que fingió retirarse fastidiado de la sala.
«Variety», en principio, puso el acento en el nivel de «bizarrería» mucho más fuerte que «Borat»: desnudos masculinos frontales, empleo jocoso aunque de dudoso gusto de juguetes sexuales, etc. La publicación dominante en Hollywood profetizó que era probable que, gracias al escándalo, las recaudaciones fueran elevadas en sus primeros días de exhibición, como también que luego el público se fuera retrayendo, incluidos los homosexuales. «No es homófoba», dijo «Variety». «Es directamente misántropa», y agregó que si bien gran parte del efecto de «Borat» se debía a la «cámara sorpresa», en este caso, aunque el cómico se vale en muchas escenas del mismo recurso, todo parece demasiado armado.
Llegado desde Austria a Los Angeles, Brüno intenta montar un talk show efectista en la televisión y atormenta a varios famosos. Desgraciadamente, el film ya llegará con un corte a las salas por una comprensible decisión de su productora y distribuidora, la Universal: en la escena censurada en cuestión, Brüno hostigaba a La Toya Jackson para intentar obtener el celular de su hermano Michael e ir a su casa. Un día después de la muerte del «Rey del Pop», la Universal decidió que se suprimiera esa escena. Quedó en cambio la escena en la que acosa sexualmente a Harrison Ford, quien lo insulta y se lo saca de encima. Los productores aseguraron que Ford no estaba al tanto de que era filmado, aunque quizá sólo se trate de una movida publicitaria.
«Como en 'Borat'», continúa «Variety», «el nuevo film intenta exponer los prejuicios latentes del ciudadano común, en este caso contra los homosexuales. Sin embargo, no sólo termina resultando más errático en ese intento, sino que la caricatura extrema de su personaje termina por copiar y reproducir esos prejuicios que se buscaría llevar a la luz».
Por su parte, «The Hollywood Reporter» se muestra un tanto más escéptica con respecto a las posibles virtudes del film a través de la provocación. «En esta era de YouTube, donde hay lugar para todo lo imaginable que uno quiera ver, las audicias de 'Brüno' terminan siendo bastante inocentes, pese a su poco gusto». Esta publicación ataca también el diseño de algunas escenas, en especial aquellas en las que se pretendería que el espectador crea reales: «En un club swinger, una dominatrix se enoja con Brüno y lo castiga con su látigo. Parece muy verosímil. Sin embargo, el personaje, para escapar, termina saltando por la ventana desde cierta altura, y allí es evidente que se utilizó un doble de riesgo. Es decir, toda la verosimilitud se pierde».
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