19 de abril 2012 - 00:00

Buen aporte a la historia del teatro

Juan Uviedo, protagonista del documental «El provocador», fue, entre otras cosas, personaje del teatro under de los 70, impulsor de acciones repentistas y revisiones alocadas, y viajero de éxito.
Juan Uviedo, protagonista del documental «El provocador», fue, entre otras cosas, personaje del teatro under de los 70, impulsor de acciones repentistas y revisiones alocadas, y viajero de éxito.
«El Provocador» (Arg.-Br., 2011, habl. en esp.). Dir.: S. Maturana, M. Gonnet Wainmayer, P. Navarro Espejo. Documental.

Esta obra se anuncia como «primeiro filme en portuñol», porque así habla su protagonista, un santafesino que hoy vive en las afueras del pueblito serrano de Sao Thomé das Letras, estado de Minas Gerais. A decir verdad, «primeiros» fueron los riograndenses «Anahy de las misiones», 1997, donde aparecía Ivo Cutzarida, y «Lua de outubro», 2001, con don Alberto de Mendoza en rol de estanciero, ambos centrados en tiempos de guerras civiles sobre la frontera uruguaya. Pero no importa. Nuestro personaje también tuvo sus guerras.

Se trata de Juan Uviedo, personaje del teatro under de los 70, creador del Taller de Investigaciones Teatrales que llegó a funcionar en la Casa del Boxeador, hombre impulsor de acciones repentistas y revisiones alocadas, viajero de éxito en Nueva York, México, Guatemala, Portugal, de donde lo echaron, España («donde me trataron como un señorito aunque todavía estaba Franco»), etcétera. En su carrera también figura un tiempito en la cárcel de Las Flores, Santa Fe, de la que dice haber fugado durante unas fiestas de fin de año (más exactamente, parece que abusó de su libertad condicional), y figura también un tiempo mayor en ese pueblo brasileño que hoy es su arcadia, y que lo aprecia por su tarea en una entidad recreativo-cultural para niños, Viva Criancas.

Hasta allí van sus viejos amigos, para que explique sus dotes de chamán peronista, como se proclama, y cuente su vida, o mejor una nueva versión de su vida («La mentira es la estrategia de la verdad», dice su lema). También hablan amigos y discípulos, su hija dibujante, otra chica que gozó de Viva Criancas cuando niña, el propio intendente, y todos disfrutan las palabras del viejo provocador, el recuerdo de acciones callejeras bajo los peores gobiernos, la bohemia. Hablando de ciertas reuniones artísticas, alguien se franquea: «Era un poco un pretexto para hacer orgías». Y el maestro completa «Y las invitaciones a las orgías se hacían personalizadas». Es un aporte a la historia del teatro.

P.S.