16 de diciembre 2008 - 00:00

Buen concierto de Marcela Fiorillo

La pianista argentina radicada en Australia Marcela Fiorillo se reencontró con el público porteño con un recital en el Templo Amijai, con un programa que, en su primera parte, estuvo integrado por una sonata de Beethoven, los «Funerales» de Franz Liszt y una sonata de Alexander Scriabin. En la segunda parte, interpretó un Scherzo (Si bemol menor, Op. 31), de Chopin, la «Serenata Andaluza», de Manuel de Falla y «La valse», de Maurice Ravel.
Además de expresar su emoción por este reencuentro, con clara intención didáctica, Marcela Fiorillo introdujo a un público heterogéneo con sencillez y un lenguaje accesible en las constantes de la música que interpretaba.
Lo mejor de la noche fue una brillante ejecución de la Sonata N° 4, Op. 30 de Scriabin, cuyos dos movimientos fueron mediados por la pianista con fraseo delicado y aguerrido a la vez. Con intención impresionista, colorido y vital se oyó el primero (Andante) y muy dinámico y sincopado el fragmento que cierra la obra (Prestísimo volando).
Una muy vigorosa «Serenata Andaluza» de Manuel de Falla reencontró a la intérprete con la música de España, una de sus confesas preferencias. Con una sólida digitación sin decaimientos, Fiorillo exhibió una matizada gama de recursos en la ejecución de una obra no demasiado conocida de De Falla pero valiosa como el resto de su obra. Una impactante versión de «La valse», de Maurice Ravel cerró el recital sin bises. Potencia, técnica infalible y amplia musicalidad mostró la intérprete argentina, discípula de la legendaria Haydée Loustanau, presente en la sala y a quien le fue dedicado parte del concierto.

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