7 de diciembre 2010 - 00:00

Buen ‘‘Faust’’ en la despedida

Luca Lombardo y Paula Almerares, en una escena del «Faust» que presentó el Argentino de La Plata como cierre de su temporada.
Luca Lombardo y Paula Almerares, en una escena del «Faust» que presentó el Argentino de La Plata como cierre de su temporada.
«Faust», ópera de C. Gounod. Orq. y Coro del Teatro Argentino. Puesta en escena: P.-E. Fourny. Dir. musical: Benjamin Pionnier (Teatro Argentino, 5/12).

Con «Faust» de Charles Gounod, el Argentino de La Plata culminó su temporada 2010. La paradoja que encierra la más famosa versión musical del monumental «Faust» de Goethe es que si bien en sus primeros años de vida algunos la rechazaron por demasiado «alemana», todavía hoy algunos la juzgan excesivamente «afrancesada».

Poco importa esa oposición nacionalista, ya que el mito del pacto con el diablo es uno de los más universales que existen; lo que sí pesa en una producción de la obra maestra de Gounod es la presencia de una batuta que sepa imprimir el estilo francés a la versión; en tal sentido, el muy joven director Benjamin Pionnier logró su cometido y concertó con solvencia a la Orquesta del Argentino, al Coro Estable (de excelente rendimiento) y a los solistas.

La dirección escénica quedó en manos del belga Paul-Émile Fourny, y el resultado podría ser juzgado un poco a mitad de camino entre el despojamiento y la sobrecarga, ésta última manifestada en un cuadro de la «kermesse» poblado de saltimbanquis, bailarinas excedidas de peso, luces de neón y otros elementos que hasta dificultaron la identificación de los personajes.

En la escena que tiene lugar en el jardín de la casa de Marguerite, Fourny hizo uso y abuso de la idea (nada novedosa, por cierto) de Méphistophélès como «metteur-en scène», disponiendo un pequeño teatro sobre el cual transcurre parte de la acción.

En líneas generales, el director parece no haber puesto el énfasis en lo sobrenatural, tanto que pese a muchos aciertos faltó magia, incluso la magia del teatro mismo, y abundaron obviedades, como el número de la bestia impreso en la espalda del protagonista en la última escena.

Las luces no contribuyeron a la creación de climas.

Paula Almerares (quien saludó en último término, lo cual muestra hasta qué punto es máxima estrella para el público platense) cumplió una labor destacada como Marguerite, dotando a su personaje del candor y la fuerza necesarios, y desplegando sus bien conocidas dotes vocales con inteligencia y musicalidad (aunque su constante «portato» resultó un tanto fatigoso).

El difícil papel de Faust fue cumplido con solvencia por el tenor italiano Luca Lombardo, con momentos sobresalientes como su aria «Salut, demeure chaste et pure» que culminó con un do cantado a plena voz.

Homero Pérez Miranda, el bajo-barítono cubano-chileno, fue de los tres el que mejor pronunciación francesa exhibió (evitando por ejemplo la pronunciación de la «r» gutural, que hace poco audible esta consonante), y su Méphistophélès podría juzgarse intachable escénica y vocalmente. La mezzo Cecilia Díaz fue un Siebel creíble y excelentemente cantado, mientras que Luciano Garay conmovió como Valentin.

Dejá tu comentario