21 de julio 2010 - 00:00

Buen pasatiempo para chicos de toda edad

Papando Moscas vuelve a mostrar su eficacia a la hora de mantener la atención de los pequeños espectadores con un espectáculo que no se apoya en fórmulas televisivas.
Papando Moscas vuelve a mostrar su eficacia a la hora de mantener la atención de los pequeños espectadores con un espectáculo que no se apoya en fórmulas televisivas.
«La hora de la pavada». Por Papando moscas. Con G. Libedinsky (voz, actuación, maestro de ceremonias), M. Salerno (actuación, coros), P. Cimino (guitarra, actuación, coros), P. Zagare (bajo, coros), L. Baltaián (teclados, coros) y M. Paladino (batería, coros). (La Trastienda, todos los días a las 16; hasta el 1 de agosto).

El planteo es sencillo: montar una banda en formato pop/rock -guitarra, bajo, teclados, batería y voz solista-; armar un repertorio propio -casi todo de autoría del cantante Gustavo Libedinsky- apoyado en el rap, el pop, el rock and roll, la balada, el ska, etc.; y organizar un espectáculo con un atractivo despliegue visual y actoral que permita sostener la atención de los chicos.

Con unos cuantos años de historia (fue creado en el año 1998-, varios espectáculos montados y discos publicados («Mi primer rock», «Sacando canas verdes», «Cabeza de chorlito» y el más reciente «La hora de la pavada», que es sostén del nuevo show), a Papando Moscas le gusta definirse como una banda de rock para niños. Sin embargo, lo que suelen hacer, y eso se ha ido haciendo cada vez más claro con el paso del tiempo, no se corresponde tanto con la estructura de un clásico recital de canciones sino con una cierta dinámica teatral, en la que aparecen personajes, piezas que van hilvanando los textos actuados/hablados, mucho colorido y disfraces en los músicos, que a ratos también asumen el papel de improvisados actores, y un clima festivo característico de las propuestas vacacionales para niños.

Con la experiencia que les da el largo camino recorrido, Papando Moscas puede decir hoy que logra una tarea siempre difícil, que es mantener atento y concentrado en lo que pasa sobre el escenario a un público complicado como es el infantil; considerando además -como siempre sucede en estos casos- que no sólo participan del asunto los chicos de más edad que pueden entender el contenido, a veces algo picaresco, de las canciones, sino también otros mucho más pequeños y aún bebés que, frente a esta banda, permanecen en respetuoso y sorprendente silencio.

No son canciones que harán historia ni es un grupo que llama especialmente la atención por su originalidad ni en las letras, ni en las melodías, ni en el modo de interpretar, pero sí es una propuesta, de entre las tantas que ofrece por estos días la cartelera porteña, que divertirá a los chicos sin necesidad de apoyarse en la televisión.

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