La puesta de Villanueva Cosse cuenta con un gran despliegue escénico y un elenco homogéneo, pero el debate de ideas de «Marat-Sade» perdió la virulencia con que irrumpió en los años 60.
«Marat/Sade» de P.Weiss, versión de V. Cosse y N. Costa. Dir.: V. Cosse. Int.: L. Quinteros, M. Solda, L. Longhi, I. Moschner y elenco. Esc.: T. Egurza. Luces: T. Egurza y M. Morales. Vest.: D. Taiana. Mús.: C. Baliero. (Sala Martín Coronado del TGSM).
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Pese al lúcido debate de ideas que sostienen sus dos protagonistas y a los ricos elementos dramáticos que respaldan su acción (derivados de la Comedia del Arte, el teatro de la crueldad de Antonin Artaud, y las técnicas de representación brechtianas), «Marat-Sade» es una pieza a la que hoy resulta muy difícil devolverle la peligrosidad y la virulencia con que irrumpió en los escenarios europeos, en los años 60. Hasta ahora nadie ha podido soslayar la versión que impusiera Peter Brook a través de su difundido film ni ofrecer algo más novedoso.
La puesta de Villanueva Cosse cuenta con un gran despliegue escénico, un elenco bastante homogéneo (con valiosos intérpretes que enfrentan el duro desafío de tener que cantar a capella) y una participación mucho más activa del grupo de «locos». Estos son los encargados de representar, en el hospicio de Charenton, la «Persecución y muerte de Jean-Paul Marat» con texto y dirección del Marqués de Sade. Sus conductas oscilan entre la alegría murguera y el gesto desesperado de quienes siguen sumergidos en la miseria y la exclusión social, pese a las promesas de los revolucionarios. Su presencia es muy potente y dinamiza el espectáculo, pero a veces resulta demasiado ruidosa e impide seguir con atención algunos monólogos clave.
La idea de instalar en el escenario a unos pocos espectadores (son los prestigiosos invitados del director de Charenton) resultaría más efectiva si los actores pudieran avanzar sobre ellos con más furia y desparpajo. Pero este auditorio improvisado (carente de vestuario de época y totalmente ajeno al rol que ocupa dentro de esta ficción) termina resultando una presencia anodina.
Entre los atractivos de la pieza siguen destacándose los parlamentos de Sade que brillan por su astucia y agudeza. Lorenzo Quinteros compone a un dandy hastiado de la estupidez humana que, pese a su amoralidad y nihilismo, seduce al público de inmediato, haciéndolo reír con sus ironías para luego amedrentarlo con morbosas descripciones sobre torturas y cabezas guillotinadas.
En cambio, Marat (rol compartido por Agustín Rittano y Pablo Navarro) expresa su ideario político en términos muy poéticos, pero luego va perdiendo terreno ante el reclamo de sus antiguos seguidores que ya están hartos de tanto sufrimiento y quieren la revolución «ya».
«Marat-Sade» es un espectáculo extenso (dura 125 minutos) que requiere un público dispuesto a seguir con atención sus apasionadas disquisiciones políticas y filosóficas que, estén o no en boga, merecen ser atendidas.
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