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Buenos Aires: se calmó el tránsito, pero caen árboles
Haciendo Buenos Aires. El temporal de la madrugada de ayer despertó la inventiva PRO: que cada vecino se haga cargo de su propio árbol.
El conteo se nutrió, además, de otros guarismos que el funcionario, a cargo de la Dirección de Arbolado, arrojó ante los oídos de los oyentes y de un insistente reportero. Como que hay 120 mil reclamos de vecinos referidos a la materia. Pero este especialista, Guillermo Balo, de quien aseguran llegó al el Ministerio de Espacio Público tras haber ocupado la gerencia de una conocida productora de galletitas, nombrado por el ex ministro Juan Pablo Piccardo, llevó además otro tipo de alivio a los porteños. Contó que cualquier vecino, en breve, podrá tener el orgullo de apadrinar el árbol de su puerta (no aclaró si puede optar por un ahijado de una plaza) tan sólo con abonar «doscientos pesos con impuestos incluidos». De esa manera, aliviaría las 120 mil quejas. Pero Balo no habría tomado el curso intensivo del flamante ministro del área, Diego Santilli, acerca de plantas y plazas, ya que en algo contradijo ayer a su jefe, quien garantizó que la responsabilidad sobre las plantaciones es del Gobierno.
La tormenta avivó pujas en ese ministerio, al que el ex legislador arribó el pasado 10 de diciembre con poca suerte: a la semana se cayó un árbol sobre un auto en Palermo; ayer completó la racha con 220. Los vientos fuertes, poco frecuentes por cierto, desparramaron el murmullo sobre las quejas de la «herencia recibida» en el plantel ministerial, desde el despacho de Santilli hasta las oficinas aledañas. Es que el ministro se tomó tiempo y se entregó a horas cátedra sobre poda, de boca de reconocidos profesores de la Facultad de Agronomía. Le dijeron que se poda en invierno, pero que en verano la planta, que es un ser vivo, puede soportar el corte de hasta un poco más del 15% de su copa. Le faltan clases, pero promete que llegará al capítulo de las buenas artes de la poda, del tipo que recomienda el INTA, manual, muy alejado del uso de la motosierra.
Para Balo, que prometió el pago del arreglo de los automóviles dañados por las caídas, «hay árboles peligrosos como las tipas, porque se ahuecan y también tienen problemas en las raíces por las obras de las empresas de servicio». Además, dio el dato sobre que «en Figueroa Alcorta hay árboles inclinados», aunque no dijo que a veces eso sucede por las malas podas, o también porque buscan la luz, que les privan las torres.
Aportó igualmente que en la Ciudad se hacen «70 mil intervenciones por año».
En una ciudad que poco se ocupa de lo que fue su paisaje, pasarle la responsabilidad de mantener los árboles al vecino, sin una política claramente difundida sobre la importancia, o no, que se le da al tema, pareciera aventurado. Pero además, hacérselo pagar resulta casi irreverente.
«No es una privatización, es un padrinazgo, porque se debe hacer previa inspección de arbolado», explicó Balo, acerca de traer el protocolo de San Isidro, que permite que con la documentación emitida por un experto, el vecino pueda proceder a la poda por sus propias manos, o pagándoles a terceros. En ese caso, la generosidad del Gobierno porteño llega a proveer el catálogo de empresas admitidas, que serían las que saben de esas artes de agronomía.
Santilli, para contraer la indignación sobre la idea del pago, salió rápidamente a dar las aclaraciones del caso. «El padrinazgo a los árboles es un derecho del vecino, la obligación es del Gobierno», conformó. En su momento, la Ciudad le otorgó otro derecho al vecino: el de plantar su propio arbolito sin necesidad de enredarse en trámites burocráticos, que hicieron célebres los humoristas de TV.
«Quiero aclarar que de ninguna manera los vecinos tienen o tendrán que hacerse cargo del pago de la intervención al árbol. Estamos en conocimiento de los importantes atrasos existentes sobre el estado del arbolado, por lo cual trabajamos día a día para solucionar los problemas del vecino. En las últimas semanas se podaron más de 7 mil árboles», dijo Santilli, más preocupado por podas en su plantel, que en la calle.


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