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Buitres: bloques rotos y la doble pinza al PJ amigable
El mix del Sí: Pablo Tonelli (PRO), el peronista díscolo Darío Giustozzi y, entre otros, el ex K Diego Bossio, en charlas cruzadas en el recinto durante la extensa sesión.
El pacto con Sergio Massa, sellado el lunes, le permitió contar con el puñado de votos que alejaba la posibilidad de un fracaso en el recinto. El macrismo evaluó, en una lotería peligrosa, la opción de prescindir de las manos que aportaba el Frente Renovador cuando contó casi 125 votos propios y aliados, a un tranco de los 129 imprescindibles del quórum.
Macri fue, al final, conservador y autorizó el entendimiento con Massa aunque jugó una carta fuerte sobre la responsabilidad: sumaba a tres o cuatro bloques opositores a su cruzada pro buitre, o dejaba a Massa del lado del kirchnerismo como obstruccionista. El tigrense no encontró el atajo para salir de esa encerrona y no aceptó la sugerencia de negociar con el PRO la postergación de la sesión sin que el calendario político del Congreso lo imponga la deadline del fallo Griesa que no operó como un limitante para la Cámara de Apelaciones de Nueva York que avisó que, quizá para los primeros días de abril, dará su fallo sobre el stay.
- Pidamos que pase más adelante, discutamos mejor, no hagamos todo a las apuradas -le dijo Felipe Solá a Massa.
- Es ahora: quizá tenés razón en que puede ser un costo político, Felipe, pero esto se tiene que hacer -intervino Marco Lavagna y dio un menú de razones técnicas.
Así fue. Massa bajó al recinto con los 38 integrantes de su bloque aunque, anoche, en torno al Frente Renovador había nubarrones: se daba como un hecho que Solá no votará el pacto buitre y otros dos legisladores, Facundo Moyano y Héctor Daer del gremio de Sanidad, también integrantes del FR, aparecían en la lista de l PRO como votos que no estarían en línea con Massa. La rebeldía de Solá (que pudo ampliarse con Moyano y Daer) repite una foto que se perfilaba anoche en casi todos los bloques opositores: también en el FpV había posiciones encontradas y hasta en el FAP, Margarita Stolbizer y los socialistas votaban a favor, y Libres del Sur lo hacía en contra.
Daer, uno de los nombres que se menciona para sentarse en el triunvirato de una CGT unificada -los otros son Juan Carlos Schmid, del moyanismo, y Carlos Acuña, de la Azul y Blanca-, deslizó que aunque dio quórum no quiere acompañar el proyecto del PRO. Otro sindicalista, Omar Plaini, con bloque unipersonal, anticipó que votará en contra.
La implosión del pacto buitre en los bloques, que se deshilachaban, fue un efecto residual que asumió el PRO y que, en definitiva, puede mejorar los términos de la negociación futura de Monzó en la Cámara. A mayor dispersión, con varios minibloques, Cambiemos podría tener más facilidades para conseguir número.
La tentación de jugar esa carta, en la que el PRO parecía tener el guiño del bloque Justicialista de Oscar Romero y Diego Bossio, del grupo que comanda Darío Giustozzi, y de algunas patrullas peronistas que reportan a gobernadores, se apagó con las horas a partir de la idea de que un fuerte apoyo en Diputados, con buena parte de los bloques opositores acompañando (o al menos no en contra) y uno número de entre 150 y 170 votos a favor, le estrechaba el margen de queja al Senado donde el PJ/FpV, comandado por Miguel Angel Pichetto, es la única puerta por la que pueden entrar los buitres.
Es, dicen en el PRO, una de las dos pinzas sobre el peronismo que se muestra colaborador y avisó que quiere votar el pacto. Al respaldo amplio de Diputados, se le suma la discusión entre los gobernadores y la Casa Rosada, asunto que está en veremos, sobre la devolución del los fondos. Hoy habrá varios ministros de Economía provinciales en Interior para explorar ese asunto y otros sobre obras y recursos.
Quedan, por delante, dos semanas intensas de tirnoeos y negociaciones. Muy rápido, el Senado pondrá el expediente en las comisiones: esta tarde esperar a Alfonso Prat Gay para que explique el acuerdo y, quizá, al procurador. Si eso se desarrolla sin tropiezos, la semana que viene habría un dictámen y, en las últimas horas de marzo, llegaría al recinto . Casi en paralelo a que la Cámara de Apelaciones se ponga a discutir una reoslución sobre el stay.


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