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BUITRES: una lobbista sin diplomacia
Pocos casos tan claros en este sentido como lo que debió vivir Madeleine Albright, exsecretaria de Estado en los felices años 90 de Bill Clinton al frente de los Estados Unidos. La exmujer fuerte del gabinete del demócrata fundó, como muchos que pasaron por su cargo, un bufete llamado Albright Stonebridge Group; dedicado, según su página de internet, a la "diplomacia comercial" a nivel mundial. Básicamente, y en el llano, se trata de una agencia de lobby dedicada a canalizar los contactos establecidos durante años en la Casa Blanca para aceitar el acercamiento de las partes en conflictos varios; o, si no se puede, hacer que la posición más poderosa (la del cliente) sea la que prevalezca, en especial en conflictos entre privados y gobiernos que no sean los de las potencias mundiales.
Albright, originaria de Praga y llegada a Estados Unidos en 1948, fue la primera mujer en convertirse en secretaria de Estado. Hoy comparte cartel en la empresa con Samuel Berger, exasesor de Bill Clinton en materia de seguridad; y con Carlos Gutiérrez. Este último le dio el último gran dolor de cabeza a la consultora. A diferencia de Albright y Berger, Gutiérrez fue secretario de Comercio del republicano George W. Bush. Fue además el encargado de lograr que un cliente caro, el fondo buitre NML Elliott, hiciera que la Argentina se sentara a la mesa de negociaciones del "Special Master" Daniel Pollack;, Querían que le pagara "cash" los 1.660 millones de dólares que el juez Thomas Griesa falló. Gutiérrez tomó el caso, viajó a Buenos Aires, y, según las personas con las que se relacionó en el país, sorprendió por lo poco profesional de sus movimientos locales. Casi que, según testigos, protagonizó un verdadero ejemplo de lo que no hay que hacer para tratar de acercarse a los Kirchner. Entre otros errores, al encontrarse cara a cara con Axel Kicillof (con toda su ideología y convicciones a cuesta), amenazó al ministro sobre las siete plagas que le caerían al país si no le pagaba a Elliott y le describió que "tenía datos" en relación con presiones sobre el dólar generadas por la falta de "confianza" y las "incertidumbres" que provocaría no cumplir con el millonario Paul Singer. "Supongo que usted no quiere eso", dijo Gutiérrez, según testigos; lo que generó el estallido en el originalmente belicoso y contestatario semblante del ministro. Las consecuencias son conocidas: Cristina de Kirchner denunció los cinco pasos con que los buitres buscarían "voltearla", mencionó con nombre y apellido a Gutiérrez (algo imperdonable para un lobbysta que se precie de tal) y habló de complicidades múltiples con otras compañías norteamericanas. El conflicto casi termina con la expulsión de Kevin Sullivan como encargado de negocios de los Estados Unidos en el país, que había ayudado a Gutiérrez a reunirse con funcionarios argentinos. En otras palabras, un fracaso indigno para un amateur.
El epílogo se conoció ayer en una nota de New York Post. Singer eyectó a Albright, rompió el contrato con Albright Stonebrigde Group y, ahora, como anticipó este diario, busca otra consultora, pero que tenga mayores conocimientos sobre la región, cómo llegar a la opinión pública argentina y, fundamentalmente, cómo hacer que el Gobierno de Cristina Kirchner negocie. Para esto último quizá no se necesite una agencia de lobby de las caras, sino esperar a enero cuando termine la vigencia de la Cláusula Rights Upon Future Offers.
En otro bufete de lobbystas, también de los Estados Unidos, hay alguien que ríe. En el despacho neoyorquino Kissinger McLarty Associates, de Henry Kissinger, también exsecretario de Estado, se comentaba lo mal que su principal competidora en el negocio, Albright, había manejado el tema con la Argentina. Sucede que Kissinger (republicano como él) había sido la primera opción a contratar por Singer para la acción de lobby en la Argentina. Su excesivo caché hizo que el titular del fondo buitre renunciara a contratarlo y cruzara de vereda para recurrir a la demócrata Albright. Ésta, confiando en Gutierrez, tomó el caso. Hasta ahora.
@cburgueno


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