Burbuja inmobiliaria china podría ser peor que Dubái

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Pekín - El ayuntamiento de Huaxi, en el delta del río Yangtzé, es un orgulloso símbolo de cómo los comunistas chinos adoptaron el capitalismo para sacar a 300 millones de personas de la pobreza en las tres últimas décadas. Sus líderes tomaron una comunidad rural con chozas de bambú y carros tirados por bueyes en la década de 1970 y la transformaron en una potencia industrial y comercial en la que en la actualidad muchos de sus 30.000 habitantes viven en mansiones y la mayoría tiene un automóvil. Un ingreso per cápita de 80.000 yuanes (u$s 11.700) que casi cuadruplica la media nacional acredita a Huaxi como la ciudad más rica de China.

Huaxi también es un emblema del auge de la construcción y los bienes raíces del país. Los funcionarios locales del Partido Comunista están construyendo uno de los 30 edificios más altos del mundo, una torre de 328 metros de altura que costará de 2.500 millones de yuanes (u$s 365 millones). El restorán giratorio en la parte superior de la llamada Nueva Aldea en el Cielo ofrece vistas panorámicas de arrozales, lagunas para pescar y huertos.

Marc Faber, editor del Gloom, Boom & Doom Report, opina que esto constituye un exceso. «No tiene sentido que China construya más edificios vacíos y aumente la capacidad en industrias donde ya hay exceso de capacidad», consideró Faber. «Creo que la economía china se desacelerará de manera muy marcada en 2010 y podría incluso irse a pique», agregó.

Sin embargo, Huaxi tiene en puertas un proyecto más ambicioso todavía: un rascacielos de 538 metros con un costo de 6.000 millones de yuanes (u$s 880 millones) que hoy por hoy sería el segundo más alto del mundo, por detrás del Burj Khalifa, en Dubái.

Proyectos como éstos figuraron en las advertencias que el gerente de fondos de cobertura Jim Chanos hizo en enero, cuando dijo que China era Dubái multiplicado por mil. «Los costos de las inversiones antieconómicas en oficinas y centros comerciales vacíos y en infraestructura subutilizada pesarán sobre China», advirtió Chanos, presidente de Kynikos Associates de Nueva York, en un discurso en la London School of Economics. «Podríamos descubrir que eso es lo que hará estallar la burbuja china antes de lo esperado», añadió.

China desafió la recesión global de los últimos dos años y continuó siendo la economía importante con mayor crecimiento. El PBI se elevó al 10,7% en el cuarto trimestre. El Gobierno aportó 4 billones de yuanes en gasto de estímulo y alentó a los bancos a prestar una cantidad récord de 9,59 billones de yuanes el año pasado, en un intento de cubrir la brecha hasta que repunte la demanda de exportaciones o el consumo local despegue. El mes pasado, los bancos prestaron otros 1.390 millones de yuanes, casi un quinto del importe fijado como objetivo para todo 2010. Asimismo, en enero, la inversión extranjera directa subió un 7,8%, alcanzando u$s 8.130 millones.

Si bien la capacidad de recuperación de China ha ayudado a sostener la economía mundial, aumentando la demanda de combustibles y de materias primas, el estallido de una burbuja tendría el efecto contrario. Las iniciativas gubernamentales tendientes a quitarle a la economía su extraordinario sostén podrían enturbiar los mercados.

En enero, el Gobierno central ordenó que los bancos restringieran los préstamos, lo cual hizo retroceder a la Bolsa china. Demostrando, en parte, cuánto depende de China el mundo actualmente, las acciones y las monedas cayeron en lugares como Australia y Brasil, que proveen de materias primas a la República Popular. El 12 de febrero, víspera del feriado de una semana por el Año Nuevo Lunar, China por segunda vez en un mes ordenó a los bancos apartar más depósitos como reserva. El Índice Compuesto de Shanghái cayó ya un 8% este año, después de avanzar un 80% en 2009.

«Si la economía china se frena o se va a pique, lo que aparece es un entorno desastroso para las materias primas industriales», alertó Faber, que administra un fondo de u$s 300 millones.

El estímulo al que Pekín recurrió fue a parar a proyectos como su red ferroviaria de alta velocidad con un costo de 2 billones de yuanes. La línea Pekín-Shanghái, que costará 221.000 millones de yuanes, superó a la presa de las Tres Gargantas como el proyecto individual de ingeniería más costoso en la historia china. Algunos beneficiarios de las iniciativas del Gobierno colocaron sus créditos en bienes raíces y acciones. Los precios de la propiedad en 70 ciudades subieron un 9,5% en enero respecto de un año antes, según datos oficiales.

En vez de concentrarse en sus actividades esenciales, empresas estatales gigantescas apostaron a los bienes raíces, según Zhang Xin, que fue analista de Goldman Sachs Group y ahora es responsable máximo de Soho China, el mayor promotor inmobiliario en el distrito central de negocios de Pekín. «Todas las empresas públicas están haciendo subir los precios por las nubes», dijo Zhang en diciembre. Y esto ocurre a pesar de que los inmuebles de oficinas vacíos en la capital china alcanzan niveles récord, según la firma de inmuebles comerciales Colliers International, con sede en Boston.

Chanos, uno de los primeros inversores en advertir acerca de los riesgos de Enron, forma parte del grupo cada vez mayor de inversores que están dando la voz de alarma. «En este momento, el mercado chino se está recalentando», sostuvo, por su parte, George Soros.

Funcionarios de administraciones locales malgastaron los fondos del estímulo reemplazando infraestructuras que, en primer lugar, estaban bien. Los medios estatales se quejaron en mayo de 2009 de que los jefes del partido en Jianyang, provincia de Sichuan, decidieron ayudar a impulsar la economía local reconstruyendo un puente que estaba en tan buen estado que había salido indemne un año antes del terremoto que mató a 70.000 personas. El llamado Puente de la Fuerza resistió una cuadrilla de demolición que trató de hacerlo volar en pedazos con dinamita, según informó el diario oficial China Daily.

Otro ejemplo mencionado por Chanos es la ciudad de Ordos, donde los funcionarios del partido construyeron todo un centro urbano nuevo en las praderas azotadas por el viento de Mongolia Interior, a unos 25 kilómetros de la municipalidad existente de 1,5 millón de habitantes.

Por su parte, Mark Mobius sigue con China. El presidente ejecutivo de Templeton Asset Management dice sentirse alentado porque el Gobierno está retirando parte de su extraordinario apoyo económico. «Para nosotros, el hecho de que el Gobierno esté ajustando el crédito es algo positivo, porque modera el riesgo en cierta medida», opinó Mobius, que administra u$s 34.000 millones. «Es una corrección en un mercado alcista que continúa», explicó.

Chris Ruffle, que colabora en la gestión de u$s 19.000 millones en Martin Currie, con sede en Edimburgo, también confía en que China evitará la bancarrota. «No es una situación sumamente apalancada», argumentó Ruffle, que trabaja en Shanghái. «Yo estaba en Japón en los años ochenta y eso sí era una burbuja. Aquí en China no estamos ni cerca», añadió.

De todos modos, hasta Mobius dice que los inversores deben ser cautelosos. Él se deshizo de una inversión en una empresa china de alimentos después de descubrir que usaba fondos para comprar departamentos en vez de procesar semilla de soja.

Agencia Bloomberg

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