3 de septiembre 2009 - 00:00

Buscan nuevas formas para protegerse

 Hasta hace algún tiempo, vivir en un country significaba, además de elegir una vida lejos de la ciudad y en contacto con la naturaleza, optar por un ambiente más seguro. Hoy esto se está asemejando a una utopía. No ajenos a la realidad que vive el país, los barrios privados padecen asaltos todas las semanas (ayer un grupo de delincuentes asaltó a dos familias del club de campo Larena, en Pilar), y la seguridad es cada vez más frágil.

«Los delincuentes han encontrado un campo nuevo para su actividad», aseguró Juan Carlos Paratesi, secretario de la Federación Argentina de Clubes de Campo; y la idea de vivir en un paraíso y no resignarse a la nueva realidad a veces facilita el trabajo de los delincuentes. «Muchos vecinos no tienen rejas, no cierran la puerta con llave, confiando en la seguridad del country, que hoy no es suficiente», explicó Eduardo Capelo, presidente de la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica y CEO de la empresa de seguridad Prosistec, quien además es vecino de un country. Y los delincuentes, con un ingenio sorprendente, buscan nuevas formas para corromper las medidas de seguridad: «Suelen alquilar casas para espiar los movimientos de los vecinos y así saber cuándo dar el golpe», indicó Paratesi. Además, aseguró que es imposible estar atentos a todo el movimiento que existe dentro de estos barrios de elite: «Entre 2.000 y 3.000 personas entran por día a un country», concluyó.

Otra de las razones que parecen motivar los robos son las deficiencias en los servicios de seguridad. «Muchos barrios privados se guían por los precios y contratan empresas de seguridad económicas que no resultan óptimas», aseguró Aquiles Gorini, presidente de la Cámara Argentina de Empresas de Seguridad e Investigación (CAESI). Además, explicó que se paga entre $ 21 y $ 26 por hora al personal, al que cada vez se le pide una mejor formación, con una alta especialización.

La realidad es que a los vecinos de los countries les cuesta asumir que sus viviendas hoy son vulnerables. Muchos creen que todo lo malo está fuera del cerco que divide sus viviendas, pero otros se movilizan y buscan medidas que frenen la ola de inseguridad, que no se detiene. «Hay una nueva modalidad, que es designar un gerente de operación», explicó Aquiles. Es un intermediario entre los propietarios y las empresas de seguridad.

Los cambios y movimientos ya se empiezan a vislumbrar. Los countries de Pilar, impulsados por los directivos de Ayres del Pilar y con el apoyo de los vecinos de la zona, decidieron idear un plan de seguridad por el que contarían con la presencia de gendarmes las 24 horas. El plan podría estar en marcha en dos meses, y requiere la inversión de más de $ 300 mil para la compra de las garitas, el alquiler de los baños químicos y alrededor de $ 90 mil mensuales para el mantenimiento.

Muchas de las viviendas de los barrios privados son utilizadas como casa de descanso durante el fin de semana. De esta forma, el lugar queda vacío durante toda la semana, lo que hoy implica un riesgo mayor; por eso, desde la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASE) recomiendan el uso de alarmas, independientemente de la seguridad con la que cuenta el country.

Ante el movimiento constante de gente que hay en los predios privados, la mayoría opta por sistemas tecnológicos que permitan controlar el ingreso del personal. «Se utiliza mucho el sistema de autorización y las fotografías para que queden registrados todos los movimientos, además de las clásicas cámaras», explicó Capelo. En cuanto a las innovaciones en este rubro, se encuentra un sistema de cámara que sorprende, porque a través de un dispositivo se pueden ver los movimientos dentro de la casa desde cualquier computadora, utilizando internet. Ideal para aquellos que dejan a sus hijos con la niñera, o a los ancianos con enfermeras, y están ausentes de sus casas por largos tiempos. «Desde el trabajo, podés ver lo que están haciendo tus hijos y controlando a la niñera», concluyó Capelo.

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