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Buscan su destino en Berazategui
Puede objetarse el subtítulo «Tribus urbanas motorizadas». Por empezar, más bien son suburbanas, y a mucha honra. Lo de tribus, como si fueran indios, es una palabra de moda gracias a quién sabe qué sociologuero «indie», pero éstos no son indios, sino gente de trabajo preparando unas fiestas con buen humor y poca plata, hombres que cultivan su hobby sanamente y en familia, y se juntan con espíritu gregario a chuparse unos cajoncitos de cerveza, jugar cinchadas y pulseadas, reírse festejando a alguna stripper amiga (y algún stripper, para diversión también de sus esposas, siempre en tono amable), oír amigos rockeros o un padre tanguero, bailar, festejar el ingenio de sus miembros, y lucir sus máquinas.
Porque eso sí, estas asociaciones son bien motorizadas, y cada uno mantiene su moto, la cuida y la engalana por sí mismo, a veces con un sentido estético bastante singular y hasta elogiable.
Se trata de la Asociación Motociclista Berazategui, que al momento del rodaje cumplía diez años, los Vagabundos del Camino, «seis años con el parche a la espalda» y los Maldita Rata Karroñera, surgida cuando la K significaba otra cosa distinta de la actual. La mayoría tipos robustos de barba, melena y/o campera tachonada, versión criolla de los Hells Angels, a veces inclusive con versiones propias de las Harley Davison, hechas en el taller de algún amigo, pero sin el ánimo belicoso de aquella gente. Al contrario, los de acá hacen gala de un carácter cordial «¿Disturbios? No, una discordia así nomás, con gente de afuera. Se la sacó afuera y listo», dice uno de los organizadores de un encuentro. Son gente permisiva pero de códigos firmes. «Mientras no le falten el respeto a una mujer ajena», ejemplifica otro, poniendo límites claros, que estimulan a pedir el formulario.
Quien así los presenta, tan lindos, es el quilmeño José Celestino Campusano, un tipo grande, hijo y hermano de boxeadores, que conoce bien el paño, lo expuso ya en el documental «Ferrocentauros» (codirector, Sergio Cinalli), y piensa desarrollarlo en «Vikingo», historia de «un respetado motociclista de vida licenciosa», su segunda ficción tras el «Vil romance» con que presentó en sociedad su sello Cine Bruto Producciones. También está haciendo «Trashumantes», registro de una convención anual de artistas de malabares, circos y espectáculos callejeros. En fin, dice el Evangelio que andando Jesucristo por los caminos se le acercó a los gritos un hombre endemoniado. «¿Cómo te llamas?» «Legión, me llamo, porque somos muchos». Jesús lo curó, y de dentro del infeliz salieron como veinte diablos a la carrera, igual que motociclistas a cualquier hora por las avenidas. Pero son toda gente buena, dice el documental.
P.S.


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