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Bush reapareció con una cerrada defensa de las torturas
George W. Bush autografió ayer copias de su libro «Decision Points» en Dallas. El texto se perfila como el gran éxito editorial del año en los Estados Unidos.
El contacto con los medios de Reino Unido sirvió de trasfondo a la promoción de sus memorias «Decision Points», de 497 páginas, que se perfilan como el fenómeno editorial de 2010 en los Estados Unidos.
Bush afirmó al diario The Times que haber usado la técnica del «submarino» ayudó a prevenir ataques terroristas contra el aeropuerto de Heathrow y en el barrio de negocios londinense de Canary Wharf. «Tres personas fueron sometidas (al tormento) y creo que esa decisión salvó vidas», afirmó el ex mandatario.
En la entrevista, Bush confirmó haber autorizado el recurso a la asfixia simulada para sacar por la fuerza información a Jalid Sheij Mohammed, el confeso «cerebro» de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y dijo que fue la decisión «correcta».
«Capturamos a ese tipo, el principal agente operativo de Al Qaeda, que había matado a 3.000 personas», dice Bush, y agrega: «Considerábamos que tenía información sobre otro ataque. Pero él nos dice que sólo hablará con nosotros en presencia de su abogado. Y yo pregunto: ¿qué opciones teníamos que fuesen legales?».
«No me importa qué opinión puedan tener de mí los ingleses. Ya no me importa. Y sinceramente, había veces que tampoco me importaba entonces», señaló a The Times.
Según Bush, cuando el primer ministro británico de entonces, Tony Blair, se enfrentaba a un posible voto de no confianza en el Parlamento, él le ofreció la posibilidad de no enviar tropas a Irak junto a las de EE.UU.
El político republicano explica que antes que Blair se expusiese a ser derrotado en esa votación en los Comunes, él prefería poder seguir contando con «Tony y su sabiduría y su pensamiento estratégico como primer ministro de un aliado tan fuerte e importante» como Gran Bretaña.
Pero, según cuenta, su amigo Blair le dijo que estaba decidido a la aventura iraquí, aunque ello le costara el Gobierno.
Bush dice que todavía «se siente enfermo» cuando piensa en que no se encontraron armas de destrucción masiva en Irak, justificación esgrimida en su día por Bush, Blair y José María Aznar (a quien califica de «visionario») para invadir el país árabe.
Sin embargo, en la entrevista volvió a su vieja cantilena de que los iraquíes están hoy mejor sin Sadam Husein, a quien calificó de «dictador homicida» y agrega que Estados Unidos también está mejor sin él.
Al reiterar su concepción de que la técnica del ahogamiento simulado -practicada masivamente también en las prisiones de Irak tras la invasión- era útil para arrancar confesiones, reveló que también fue empleada para capturar a varios líderes de Al Qaeda.
Ese tormento consiste en verter gran cantidad de agua sobre la cara de un preso acostado sobre una tabla inclinada ligeramente hacia abajo. El efecto es similar al que padece una persona que se ahoga.
Según documentos clasificados, los presos sometidos a tales torturas a menudo se muestran dispuestos al cabo de unos pocos segundos a hablar. En el caso del presunto autor intelectual de los ataques del 11 de septiembre de 2001, Jalid Sheij Mohammed, el procedimiento se llevó a cabo 183 veces.
En el libro, el ex presidente considera razonable y eficiente la técnica, y asegura que sus asesores legales le explicaron que no rompía ninguna ley contra la tortura. «Yo no soy abogado», se escudó ante la prensa inglesa.
El regreso de Bush al centro de la escena también sirvió para conocer más sobre su vida personal. En el libro, desmiente rumores sobre su vuelta al alcohol mientras estaba en el cargo: «No tomé ni un trago desde 1986», aseguró.
Agencias EFE, DPA, ANSA y Reuters


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