Aquella intentona no llegó a tratarse y visibilizó una crisis en el peronismo fuera del poder: la obsesión por quedarse con espacios con "fierros" y recursos y el inagotable pase de facturas. En lugar de Galdurralde y Perelmiter, un grupo de senadores del PJ acordó con el ministro de Gobierno Federico Salvai -el tema lo charló, incluso, Florencio Randazzo con María Eugenia Vidal durante una cena- propone a Eduardo "Lalo" Di Rocco, exfuncionario de Randazzo, y a Andrea García, exdiputada y hermana del senador Patricio García, que operan en línea con Julián Domínguez.
En la traducción más simple, el randazzismo desplaza a Scioli y los dominguistas a Aníbal F. Una lectura libre, sui géneris, de la tesis de desplazar a los perdedores de 2015 ya que Randazzo se bajó -o lo bajaron- y Domínguez, aunque denunció fraude meses después, cayó en la PASO ante el quilmeño. El argumento sobre el que martillan los promotores de ese cambio es que ni Scioli ni Fernández son representativos en el PJ bonaerense.
Por eso, Scioli mandó a Perelmiter a renunciar (algo que se facilitó por una situación personal del economista)para que, ahora, con ese lugar desierto se dispare un debate dentro del peronismo para ver quién lo ocupa. El PJ, seguramente, pedirá tener algún nivel de representatividad y los intendentes, que operan en línea con Randazzo pero tienen sus propias expectativas, quizá apuesten algunas fichas para entrar en ese reparto.
La butaca del Bapro se convierte, en esta instancia, en un espejo donde se observan las miserias y virulencias de la interna peronista. El espacio que fue el FpV hasta el 22-N y luego, con la derrota de Scioli y el adiós de Cristina de Kirchner, entró en una etapa de atomización y crisis. La pelea despiadada por los lugares en el directorio del Bapro son el mapa de esas furias.
Hubo, en verdad, un ajedrez más complejo donde también jugó Vidal. El macrismo se harta, cada tanto, de la dependencia que tiene de Sergio Massa y sus legisladores. La gobernadora le entregó la presidencia de la Cámara de Diputados de la provincia y Emilio Monzó debe, día a día, empezar a construir el "acuerdo" para el paquete de leyes de ocasión en el Congreso nacional.
Un sector del PRO imaginó que el cisma del peronismo post-K le abría la oportunidad de tener, en el plano provincial, a un pichettismo a la bonaerense: un puñado de votos, de diputados y senadores, que hagan vidalismo "blue", apoyando los proyectos y dando los votos que Massa negocia para cada ley.
El regreso, por capítulos, de Randazzo apareció para sectores del PRO como la puerta para reducir la massadependencia. Cerca del ministro dicen que jamás él negoció ningún cargo ni intervino en la cuestión del Bapro pero sí lo hicieron los suyos que meses atrás habían votado los directores del massismo al Bapro y esperaron para que le devuelvan, el PRO y el FR, esa gentileza.
Ese elemento aparecerá sobre la mesa en estas horas, cuando se discuta el reemplazo de Perelmiter, si queda García o entra otro actor. El PRO puede nutrirse, al final, de esa dispersión, un anticipo de lo que quiere para el turno electoral de 2017: varios peronismos, los más posibles.
| Pablo Ibáñez |


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