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Cacique portuario, el perdedor
«Hot Wine» Juárez maneja a los estibadores del puerto San Martín con una especie de cooperativa que decide la suerte de los trabajadores y sus ingresos, sin brindar, bajo ningún concepto, detalles de los números. Sin embargo, se pudo saber que, según el balance de 2008 (cuando las tarifas que la cooperativa cobra a las empresas por cada tonelada de carga se incrementaron un 50%), facturó $ 72,7 millones y obtuvo ganancias por $ 26,6 millones (equivalente al 37% de las ventas). Para 2010, producto del aumento del 27% obtenido y la espectacular cosecha de soja, los ingresos proyectados ascenderían a $ 120 millones, que se reparten entre los cerca de 500 trabajadores, tal como lo estipula la estructura de una cooperativa.
A pesar de lo repulsivo que resulta este personaje para el sector empresarial, Juárez es señalado como un protegido del gobernador socialista, Hermes Binner, y del intendente radical de la localidad de San Lorenzo, Leonardo Raimundo. Las paradojas de la vida indican que tal vez la retirada de Juárez implique el ingreso de Moyano al territorio.
No obstante, es más probable que el secretario general de la CGT sea más permeable a las advertencias de Cristina de Kirchner sobre la responsabilidad sindical, como la que hizo el martes de la semana pasada en un acto en la provincia de Santa Fe. Sucede que cuando se paraliza la exportación de granos, caen los importantes ingresos por retenciones, fundamentales para sostener el gasto público.
Juárez, en los últimos tres años, lleva realizadas tres medidas de acción directa para actualizar las tarifas que les cobra a las empresas, con grandes perjuicios en lo económico. Fue así como obtuvo incrementos en 2007 y en 2008 del 50% anual en dólares y continuó en 2009 con un pedido del 50% y en 2010 del 100% -siempre en dólares-, y ahora se despachó con una pretensión del 200% para este año.
El año pasado, paralizó durante una semana la actividad portuaria y, luego de movilizar al Gobierno nacional y a la CGT, acordó un ajuste del 27%.
En esa oportunidad, se esbozó la batalla actual, su accionar fue duramente recriminado por el líder de la CGT nacional, que lo apoyó con la presencia de importantes referentes del Gobierno para firmar con bombos y platillos un acuerdo que pusiera fin a la medida, pero todo se demoró por un imprevisto. Juárez aprovechó un descuido y agregó al acuerdo otro 27% como piso de aumento para 2011. Cuando las empresas lo advirtieron, patearon el tablero, y las rúbricas se demoraron hasta que tuvo que volver a redactarse según lo acordado.


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