Al anunciar entre el lunes y ayer ocho nuevos nombres para su futuro gabinete, Rousseff confirmó la sustitución de los últimos dos aliados de Lula que se mantenían entre los "ministros del Planalto" (Presidencia), que son los que integran el círculo más próximo de la mandataria.
"La presidenta expurgó del Planalto a los últimos pares de ojos que la mantenían en el campo de visión de Lula", ironizó el analista político del portal UOL, Josias de Souza. El columnista se refiere al actual titular de la Secretaría General de la Presidencia, Gilberto Carvalho, quien será sustituido por Miguel Rossetto, y al actual ministro de Relaciones Institucionales, Ricardo Berzoini, quien pasará a ocupar la cartera de Comunicación y será reemplazado por el diputado Pepe Vargas.
"Ambos (Rossetto y Vargas) son de Rio Grande do Sul, estado en el que Dilma hizo su carrera. Integran una corriente minoritaria del PT, la DS (Democracia Socialista). Fueron elegidos con la oposición del grupo liderado por Lula", añadió. La DS, que no llega al 10% de representatividad dentro del partido, se opone al actual presidente del PT, Rui Falcao.
Se presume que la tendencia de Rousseff a ubicar en el epicentro de su Gobierno a funcionarios de su confianza quedará ratificada en las próximas horas, cuando, al anunciar los últimos 14 ministros que resta nominar, confirme la permanencia de Aloizio Mercadante al frente de la Casa Civil (Jefatura de Gabinete).
También la analista del canal GloboNews, Cristiana Lobo, sostuvo que al salir Carvalho, "el expresidente Lula quedó sin representantes en el núcleo del Gobierno". Recordó que al iniciar su primer mandato, Lula "era padrino de más de una decena de ministros", y entre los del Planalto, además de Gilberto, también estaba Antonio Palocci, el primer secretario general de la Presidencia de Rousseff. "Esta vez, aun con la reacción del PT, Dilma puso ministros con los que tiene mejor relación, independientemente de lo que ellos representan en el PT", añadió.
En opinión del politólogo Fernando Rodrigues, "ésta es una señal de que Dilma pretende gobernar de forma más independiente en relación con el PT, y, en cierta medida, en relación con Lula". Las consecuencias de la "rebeldía" sólo se podrán apreciar a lo largo del próximo año, "cuando la presidenta necesite del apoyo firme del PT para resolver grescas políticas".
| Agencia DPA |


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