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Cálculos en el drama: Obama crece por la supertormenta
Pero a escasos días de una de las elecciones más ajustadas de los últimos tiempos, ambos bandos aseguran que los comicios son lo que menos les importa en estos momentos.
¿Verdad o retórica política? Es difícil de afirmar lo uno o lo otro, si bien es cierto que el devastador huracán Sandy, que el lunes dejó tras de sí un rastro de destrucción y muerte en la costa este del país, ha obligado a cambiar prioridades políticas en todos los frentes.
Y es que ambos candidatos caminan por la delgada línea que separa el potencial implícito de poder mostrarse como «líderes» que ofrece una catástrofe de este tipo y los graves daños, por otra parte, que puede causar el menor traspié político frente a la sensibilidad a flor de piel de los habitantes de la zona más poblada del país, que incluye estados electorales claves, como Virginia.
El actual presidente, Obama, parte con la ventaja de que Sandy le permite una vez más mostrarse como el «comandante en jefe» del país, organizando desde la Casa Blanca los preparativos y, sobre todo, las respuestas los próximos días a la devastación causada por el fuerte fenómeno meteorológico. Pero a la par, coincidían ayer analistas, tiene que evitar la percepción de que intenta sacar un rédito político de la situación desesperada en que se encuentran cientos de miles, si no millones, de potenciales votantes.
Consciente de que cada palabra y gesto suyos serán medidos al milímetro, Obama decidió el lunes adelantar su regreso a Washington para coordinar en persona la respuesta a Sandy. Para ello, canceló su participación en un acto electoral en Florida, al igual que su presencia prevista para ayer en otro mitin, en Wisconsin.
Y, según anunció ayer la Casa Blanca, también quedan suspendidos los actos de campaña de hoy para que el mandatario pueda «supervisar la respuesta y asegurarse de que se siguen proporcionando todos los recursos disponibles» para apoyar los esfuerzos de recuperación». «En estos momentos, no me preocupa el impacto (de Sandy) en las elecciones. Me preocupa el impacto en las familias, en los equipos de rescate, en nuestra economía. Las elecciones pueden esperar», aseguró Obama el lunes tras instar a la población a seguir atentamente las instrucciones de las autoridades locales.
Ayer, en medio del recuento de daños, Obama seguía encerrado en la Casa Blanca, recibiendo durante toda la jornada -e incluso la noche, según aseguró el diario Político sobre la base de fuentes de su equipo- actualizaciones de la situación, y con una agenda liberada de actos para poder maniobrar ante cualquier escenario que presente Sandy.
Con la desventaja de no poder jugar al «comandante en jefe», el bando republicano también busca la mejor respuesta de Romney ante la situación. Aunque el lunes mantuvo aún algunos de sus actos electorales, finalmente tanto el candidato a la Casa Blanca como su compañero de fórmula, Paul Ryan, suspendieron la campaña hasta hoy «por sensibilidad con los millones de estadounidenses en la ruta de Sandy».
Según The Washington Post, asesores de Romney temían el impacto de lo que denominaron «el problema de la pantalla dividida»: que las cadenas de televisión mostraran a la par imágenes del candidato republicano hablando ante entusiastas seguidores y las de la devastación a lo largo de la costa este. Además, los republicanos anunciaron que la campaña de Romney se dedicó ayer a recolectar ayuda para los damnificados. La apuesta por centrar los esfuerzos en Sandy parece haberle dado, al menos por el momento, más rédito a Obama, quien recibió ayer un reconocimiento inesperado: el gobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie, un firme seguidor de Romney, alabó en varias entrevistas televisadas la actuación del mandatario.
«El presidente ha estado fantástico, merece mucho crédito», aseguró el responsable del estado más afectado por la megatormenta. A cambio, Obama tendrá que correr el riesgo de perder los próximos días un precioso tiempo de campaña en los estados bisagra, la mayoría de los cuales no se ha visto afectada por Sandy.
Agencia DPA


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