- ámbito
- Edición Impresa
“Calígula”: un aporte válido al panorama de la lírica en el siglo XXI
Peter Coleman Wright como Calígula. La partitura de Glanert es efectiva en la plasmación musical de la esencia de la pieza de Albert Camus.
Podría hablarse largamente de la pertinencia o falta de ella de que el Colón dedique tanto esfuerzo y recursos al "Calígula" de Detlev Glanert, cuando son profundos, numerosos y sostenidos en el tiempo los baches que viene exhibiendo la programación de la estación lírica de este Teatro. También de la "provocación" que para muchos implica que este título esté emplazado en la puerta de entrada a la temporada 2014. Preferimos, sin embargo, centrarnos en el hecho artístico, que constituye un aporte válido al panorama del género lírico en el siglo XXI.
Estrenada en Alemania en el 2006, "Calígula" es una de las numerosas obras para la escena del hamburgués Detlev Glanert, y toma como punto de partida el drama de Albert Camus (en una adaptación de Hans-Ulrich Treichel). Calígula, emperador romano, cae en la cuenta tras la muerte de su hermana y amante Drusila de que los hombres mueren y no son felices; esa conclusión lo sumirá en una demencial cadena de arbitrariedades destinada a pervertir los valores, y finalmente propiciará su propio asesinato.
La partitura de Glanert es efectiva en la plasmación musical de la esencia de la pieza de Camus. Se advierte en su autor una preocupación por no renegar de la tradición del género lírico, por la depuración de las líneas vocales y la buena construcción de los fragmentos corales, por la creación de climas dramáticos y por una clara retórica instrumental. Escrita con gran inteligencia, oficio y honestidad, y también con pinceladas de humor, "Calígula" logra sumergir al espectador en el mundo de violencia, delirio y frenesí destructivo del protagonista, del que sólo se emerge en el alarido final.
En la puesta de Benedict Andrews pueden ser señalados aciertos y desaciertos. Entre los primeros, una marcación actoral impecable y una reelaboración contemporánea con toques "kitsch" que le sientan bien a la irónica música de Glanert. La idea de situar toda la acción en la platea de un estadio deportivo tiene dos efectos contraproducentes: en primer lugar una obvia monotonía visual, y en segundo un perjuicio acústico para las voces, que más allá del quinto escalón pierden audibilidad, al menos desde la platea, frente a una orquestación de una suntuosidad desbordante.
El elenco es impecable, tanto en la labor de los visitantes Peter Coleman Wright (Calígula), Yvonne Howard (Caesonia), Martin Wölfel (Helicón) y Jurgita Adamonyté (Escipión) como la de los locales Héctor Guedes (Quereas), Fernando Chalabe (Mucio), Víctor Torres (Mereia/Lépido), Marisú Pavón (Livia) y el cuarteto de Poetas integrado por Nazareth Aufe, Marcelo Monzani, Cristian Maldonado y Cristian De Marco, mientras que coro y orquesta responden óptimamente a la batuta de Ira Levin.


Dejá tu comentario