Esta semana (el jueves más precisamente) entrará en vigencia el precio de referencia de u$s 15,50 que se impondrá a todo par de zapatos no deportivos que llegue desde China con el fin de evitar maniobras de dumping.
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El monto fue fijado por la Comisión Nacional de Comercio Exterior (CNCE), sobre la base de un reclamo de la CIC (Cámara de la Industria del Calzado). Sin embargo, la cifra representa la derrota del grupo brasileño Vulcabras y -en sentido inverso- una victoria para el resto de los industriales e importadores.
El fabricante de las marcas Reebok, Olympikus y Signia había pedido un valor de referencia de u$s 20 para calzado no deportivo y de u$s 25 para deportivo; la CNCE fijó los u$s 15,50 para el no deportivo y no impuso restricciones al ingreso de zapatillas porque -según su dictamen- no existen riesgos para la industria local: lo que llega de China no se hace acá.
¿Por qué Vulcabras buscaba un valor más alto? Porque es la única de las «grandes» radicadas en el país que no importa nada desde China; todos sus competidores -incluidas las «majors» como Nike, Adidas y Puma, más sus enemigos brasileños de Sao Paulo Alpargatas- importan zapatillas chinas de «high tech» (alto rendimiento) que, por las cantidades que se venden de esos productos a nivel global, sólo se hacen en un puñado de fábricas de Extremo Oriente y surten desde allí al planeta.
Sin embargo, y tal como informó este diario hace algunas semanas, muchos locales de indumentaria y calzado deportivo están despoblados de mercadería de alto rendimiento: la aplicación por parte del confirmado secretario de Comercio, Guillermo Moreno, de las «licencias no automáticas de importación» obra como un freno mucho más efectivo que las medias antidumping instrumentadas por el Ministerio de la Producción.
«Con los u$s 15,50 que se fijaron como valor de referencia se deja fuera del país al 85% de los pares que venían de China», dijo a este diario una alta fuente del sector. «Vulcabras quería los u$s 25 porque con ese valor no entraba nada más, incluso lo que no se hace ni se hará jamás en la Argentina o el Mercosur». Como contrapartida, tanto los importadores como los que fabrican localmente, pero traen de afuera parte de lo que ofrecen habían pedido un valor de referencia de u$s 10, que es el promedio internacional para importaciones de calzado.
El argumento de Vulcabras fue que, al no haber reconocido nunca la Argentina a China como «economía de mercado», lo lógico era equipararla con Brasil. Como se sabe, la economía del socio del Mercosur es una de las más protegidas del planeta, y su valor de referencia para el calzado es de u$s 25 el par. El argumento no fue aceptado por la CNCE; el organismo dictaminó también que no había razones para limitar el ingreso de calzado deportivo.
Hasta que se ponga en marcha la medida, el 60% del calzado proveniente de China es «no deportivo» y el resto son zapatillas. Del primer rubro, había pares que entraban a entre u$s 3 y u$s 6, un valor contra el cual la industria nacional no podría competir. Sin embargo, ahora un amplio sector de la población que compraba esos zapatos -para ir al colegio, para trabajar, etc.- no tendrá más remedio que pagar mucho más caros los pares locales o los mismos zapatos chinos, esta vez gravados con el impuesto al dumping.
De todos modos, la mayor preocupación por estos días en el sector es el desabastecimiento que se está verificando por las restricciones al ingreso de mercadería desde el exterior, cualquiera sea su origen. En este panorama se enmarcan las declaraciones -recogidas ayer en este diario- de un alto ejecutivo de la también brasileña Penalty, a la que (según dijo) obligaron a prometer una inversión de u$s 6 millones en una planta local, a cambio de liberarle el ingreso de 200.000 pares provenientes de Brasil (sobre los que no debería pesar restricción alguna), lo que hasta la fecha no sucedió.
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