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Campo sin conflicto en la obra de Borovinsky
La imagen que mereció la Segunda Mención en la sección fotografía de la quinta edición de los Premios de la Fundación Lebensohn.
Esta artista que trabaja en sectores urbanos y rurales de la Argentina, es licenciada en Artes Visuales (IUNA) y Profesora Nacional de Escultura en la escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Es autora del Proyecto Fin Zona Urbana-Campo Argentino: agricultura + arte= campo del arte (2005-2006), en el que intervinieron 10 artistas, ingenieros agrónomos, agricultores, propietarios de campos y pobladores rurales. Se cultivaron 10 diseños diferentes con soja, maíz y girasol en 76 hectáreas de la Estancia La Calita junto al pueblo rural de La Niña en la localidad bonaerense de 9 de Julio.
Cada uno de estos 10 artistas dejaron sus herramientas del taller para «dibujar» in situ, sobre el campo, pisaron la tierra, sintieron el viento, miraron el cielo, olieron el fuego, en un espacio en el que los límites son los de la visión y los ojos, allí, como señalan en una suerte de manifiesto, llegan tanto más allá. Los artistas trabajaron temas como el alimento, la mitología rural, la huella, el campo como ventana, una sala de exposición transformada en sembradíos, el contraste campo/ciudad, las transformaciones que provocaron los otros diseños dentro del terreno y la clonación hasta en el campo del pensamiento.
Actualmente expone «Proyecto Rebaño» en Galería Ro (Paraná 1158, hasta el 5 de enero). Con la colaboración de expertos esquiladores (25 ovejas esquiladas con diseños), Borovinsky registró este proceso que puede verse en un conjunto de fotografías directas, muy conmovedoras y que hasta podrían generar cierta controversia. Muchos quizá se pregunten por qué «diseñar» la lana que las cubre, por qué cambiar su aspecto natural. Sin embargo, la tarea se realizó respetando el movimiento de los animales y el momento del ciclo lanar.
Pero los artistas son disparadores de situaciones que, como en este caso, merecen atención por el nivel de la propuesta y porque, como señala Borovinsky, «mis propuestas suelen funcionar como estímulo de innumerables proyectos vinculantes, propios, colectivos y ajenos. Todas las actividades están atravesadas por el ciclo vital de la naturaleza y mediante múltiples técnicas y soportes intento volver a ligar aquello que nuestra cotidianeidad ha divorciado».
Para los argentinos, el campo no es más, afortunadamente, un universo desconocido. El arte ha llegado hasta allí, no para dar una versión bucólica y pastoril sino para involucrarse, como en el caso de esta artista que, a través de sus acciones, ejerce un papel social cuya problemática le genera importantes cuestionamientos y que también contribuye a construír una mirada diferente.
La fotografía que ilustra esta nota mereció la Segunda Mención en la sección fotografía de la quinta edición de los Premios de la Fundación Lebensohn.

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