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Canciller británico, también a Chile
Sebastián Piñera
El desembarco del titular del Foreign Office en tierras trasandinas fue anunciado ayer en La Moneda por Andrés Chadwick, vocero del presidente Sebastián Piñera, inmediatamente después de referirse a la próxima visita de Cristina de Kirchner a la capital chilena y de eludir ahondar en comentarios sobre las supuestas presiones para que la empresa LAN suspenda su vuelo Punta Arenas-Puerto Stanley de cada sábado. Tres ingredientes en la coctelera -Hague, CFK y LAN- que por ahora sólo pueden combinarse para un trago amargo. Curioso: ni la visita de Hague, ni el viaje de CFK ni la suspensión o no de los vuelos de LAN tienen fecha cierta. Sin embargo, en ese cóctel nebuloso sí hay una certeza: a diferencia del viaje del canciller británico a Brasil del 20 de enero pasado, programado desde julio de 2011, la futura recalada de Hague en Santiago aparece sorpresivamente en la agenda. Una corrección de último momento de parte del Gobierno conservador de David Cameron, que hasta ahora venía declamando bajar los decibeles de la confrontación verbal entre Buenos Aires y Londres, y apelaba a la conmemoración antes que a la celebración del conflicto. (Argumento, claro, que recuerda, subliminalmente, que los que celebran son los vencedores y no los vencidos).
«Ese viaje a Chile es una escalada diplomática, que se suma a la gira de Hague por Brasil y el Caribe en enero», dijo Federico Pinedo (PRO), integrante de la comisión de Relaciones Exteriores en Diputados, ante la consulta de Ámbito Financiero. De la ronda por ocho países caribeños, Hague se trajo el trofeo del reconocimiento caribeño al derecho de autodeterminación que tendrían los malvinenses; de su paso por Brasilia y Río de Janeiro, una lacónica reiteración del canciller Antonio Patriota de que el horno no estaba para bollos y que Brasil avalaba lo suscripto por el Mercosur en diciembre pasado respecto de impedir el atraco de buques con bandera de Malvinas en puertos sudamericanos.
Respaldo
La visita de Hague a Santiago (anunciada y aún no confirmada, dijo el vocero Chadwick) coloca, a su vez, la pelota otra vez en el área chilena. El Gobierno de Piñera reiteró ayer que respaldaba «la pretensión argentina de soberanía en las Malvinas» y que esperaba que «esa situación no traiga y no debiera traer, ningún tipo de distancia ni situaciones complejas con nuestras excelentes relaciones con el Reino Unido».
Como si se hubiera anticipado al anuncio del viaje de Hague, el embajador argentino en Chile, Ginés González García el sábado había dicho que de prosperar esta actitud de Gran Bretaña en el reclamo de Malvinas, «Chile puede tener problemas en la próxima discusión que seguramente van a hacer valer desde Londres, que es la Antártida». Para agregar, en ese reportaje que publicó el diario La Tercera, que «no sólo por una cuestión solidaria, sino por una cuestión preventiva, es que Chile debe actuar» en el tema. El comentario del embajador argentino fue una respuesta a la sugerencia del embajador británico en Chile, Jon Benjamin, de revisar los tratados correspondientes al territorio antártico. Con lo cual, la pelota de Malvinas no sólo está ahora de ese lado de la Cordillera, sino también empieza a picar hacia el Continente Blanco.
Mientras tanto, la presidente Cristina de Kirchner convocó a representantes de la oposición y del Gobierno a la Casa Rosada para hoy por la tarde. Habrá un anuncio sobre Malvinas y nuevos lineamientos en la política de Estado hacia ellas.


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