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Candidatos 2015: ¿Y los privados?
Hay quien ha dicho que los ejércitos del pasado son las empresas del presente. Los países logran su desarrollo y prominencia en el contexto de las naciones ya no necesariamente desde la superioridad bélica sino desde el desarrollo de sus empresas. Es impensable pensar un país grande, con altos estándares de bienestar para su población, si sus empresas son pequeñas y tienen sólo alcance nacional. La Argentina a la que aspiramos necesita encarecidamente de un sector empresarial dinámico, metido en el mundo, que lleve lo mejor que tenemos y traiga los últimos desarrollos tecnológicos y de valor para la población.
Cuando miramos distintos estudios confiables, observamos que las empresas argentinas no sólo están rezagadas en importancia al compararlas con las de los países centrales. La cantidad de empresas grandes, que hacen negocios a nivel global es menor en la Argentina en contraste con nuestros vecinos de Chile, Colombia, México y Brasil. Que nuestras empresas lideren en la región debe entrar en una política de Estado. ¿Qué imaginan los candidatos al respecto? ¿Cómo piensan ayudar desde el sector público?
Si el planteo es aún muy genérico, les hago algunas preguntas más concretas.
1- ¿Cómo piensan desarrollar el mercado de capitales?
Es impensable un proceso de internacionalización masivo de empresas argentinas sin el soporte del capital necesario. La Argentina tiene un mercado de capitales que languidece no sólo cuando se lo compara con Brasil o México sino también cuando se lo compara con países relativamente más pequeños como Perú. Un banco de desarrollo muy difícilmente substituirá la carencia de mercado de capitales. De hecho, Brasil tiene ambos.
2- ¿Cómo piensan incorporar el valor del conocimiento en el esquema de desarrollo industrial?
El mundo hace tiempo que dejó de poner en el centro del debate el problema de la industrialización, hoy, en cambio, se habla del valor del conocimiento. Agregar valor a la sociedad no es un problema de ensamblar partes sino de generar innovación de vanguardia para ir al mundo con productos y servicios diferenciales. Esto cambia el eje tradicional de agro o industria hacia la pregunta que realmente importa: mucho o poco valor. Ni qué hablar de la importancia de potenciar las empresas de tecnología. Y mi pregunta a los candidatos va mucho más allá del establecimiento de programas puntuales de promoción. Con una economía altamente protegida en todos los sectores manufactureros, el mensaje de fondo es que la cantidad de conocimiento incorporado es irrelevante para las políticas públicas.
3- ¿Qué hacemos con las cámaras empresariales?
Si algo caracteriza nuestro sector empresarial es la ausencia de una cámara poderosa que lo represente. Hay más de 60 organizaciones que intentan cooperar en las políticas de Estado para el sector, lo que hace imposible la coordinación de iniciativas. En principio, la política parece feliz, siguiendo el axioma "divide y triunfarás". Lamentablemente, la política ha conseguido con esto una victoria a lo Pirro, donde el costo real de ganar una batalla hace que se pierda la guerra. Hoy el sector empresarial es débil y la mayor parte de los programas se negocian sin transparencia y con orientación al corto plazo.
4- ¿Qué piensan hacer con la promoción industrial?
La promoción industrial es, por definición, un fenómeno transitorio. Debe tener planteado desde el principio los mecanismos de finalización. De lo contrario, se convierte solamente en un proceso donde el único valor que se agrega a la sociedad es el arbitraje fiscal, que claramente no trae ni desarrollo ni bienestar a los consumidores.
Podríamos seguir listando preguntas, apuntando a la posición de los candidatos sobre seguridad jurídica o educación. ¿Volverían a votar la expropiación de YPF sin previa indemnización, como reclama la Constitución? ¿Seguiremos sin tener exámenes nacionales confiables que nos hablen de cuán bien salen nuestros alumnos preparados para trabajar exitosamente dentro del sector empresarial que imaginamos?
Todas estas preguntas son para la dirigencia política, pero la claridad en las respuestas las debería exigir la dirigencia empresarial antes de acudir a una elección.
(*) Director académico del Programa de Alta Dirección del IAE


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