24 de septiembre 2013 - 00:00

Caos y violencia en una reveladora muestra de Porter

En la instalación y las pocas obras sobre papel de producción reciente que componen su muestra en el Malba, Liliana Porter logra sintetizar gran parte de su trayectoria, contar quién es ella y cuál es el contenido de su arte.
En la instalación y las pocas obras sobre papel de producción reciente que componen su muestra en el Malba, Liliana Porter logra sintetizar gran parte de su trayectoria, contar quién es ella y cuál es el contenido de su arte.
El Malba exhibe desde hace unos días "El hombre con el hacha y otras situaciones breves", una muestra de Liliana Porter consistente en una instalación y unas pocas obras sobre papel de producción reciente. Porter vive en Nueva York desde 1964 y, cuando la invitaron a exponer una muestra "breve", cargó un pequeño container con lo mínimo para montar una escena. Una escena tan sólo, pero imponente, teatral y significativa.

"El hombre con el hacha y otras situaciones breves" posee un poderoso atractivo visual que corre parejo con su dimensión conceptual.

Al ingresar a la sala, desde lejos y sobre un enorme pedestal, se divisa una catástrofe: un piano patas para arriba con las cuerdas y martillos a la vista junto a unas sillas destrozadas. La visión de este desastre gigantesco se replica en otros de menor envergadura que, a pesar su breve escala, no dejan de ser terribles. Si bien la tragedia se compensa en parte- con los admirables personajes que tratan de recomponer la situación, la obra se vuelve excesiva y compleja. Porter logra sintetizar en esta instalación gran parte de su trayectoria, contar quién es ella y cuál es el contenido de su arte.

La fama internacional de la artista y su espacio en los museos del mundo que cuentan, se remonta a sus primeros trabajos conceptuales, las obras donde ella contrapone lo real (un hilo de verdad) a lo aparente (la foto del clavo que lo sostiene). Como observó entonces el crítico Ricardo Martín Crosa, Porter explora "las relaciones entre el mundo y los sistemas mentales que lo ordenan y explican, con la intención de superar el aparente caos de las circunstancias y encontrar un horizonte de sentido". La claridad y lucidez del texto de 1978 asombra por su vigencia. Martín Crosa lo escribió luego de "Escuelismo", donde destaca los rasgos de una "niñita aplicada" que realiza una tarea difícil (ensayo que motivó una memorable muestra en el Malba).

Porter tiene estilo: utiliza su ingenio, una gran dosis de humor y una mirada tierna, para infundirles elocuencia, identidad y hasta un alma a sus objetos y muñequitos. Y los manda a vivir la vida, a enfrentar situaciones que provocan estupor, dolor, incertidumbre, amor, desesperación, impotencia y la mar de sensaciones y sentimientos.

Los personajes van y vienen por las obras relatando sus historias mínimas y concretando sus revoluciones ínfimas. Habitan mundos diminutos -pero no por eso menos problemáticos- y muestran el deseo de interferir en el devenir de la humanidad.

En la extensa producción de Porter hay objetos y personajes inolvidables y, frente a esta hecatombe, los conocedores se interrogan: ¿cuál será el destino del pollito despeinado fanático de Fidel Castro o del muñeco de cerámica ahora decapitado? En la misma situación se encuentra la tejedora, el auto con los Kennedy en el día del atentado, el velero de los viejos cuadros, los soldaditos de latón, los animales de porcelana, la imagen del Che y la profusión de íconos hechos añicos. Ante este contexto, resulta inevitable cotejar el universo de apariencias y ficciones con la vida real.

La obra de Porter ha cambiado. Por primera vez ha reunido un gran elenco para una gran actuación: un drama existencial. Y esos hombrecitos y mujeres que no miden más que unos pocos centímetros, parecen facilitar la comprensión de la tragedia. El sujeto de esta puesta, "El hombre con el hacha...", exhibe la capacidad de destrucción de un individuo empeñado en destrozarlo todo.

Porter vivía en Nueva York hasta que hace unos años se mudó a las afueras. Jean Baudrillard sostiene la hipótesis escalofriante de que el terrorismo, una nueva potencia mundial, no tiene sentido ni objetivos ideológicos reales y que sus consecuencias son simbólicas. Para el francés, un estudioso del fenómeno, la violencia del terrorismo busca producir un "acontecimiento", amenaza con el sinsentido a un sistema cada vez más saturado de finalidad y eficacia.

Más allá de las discutibles teorías de Baudrillard, la violencia aflora en la obra de Porter. La pasión, antes aplacada por el ingenio y el humor, ha pasado a ser un sentimiento dominante junto a la piedad que siempre le ha inspirado la humanidad.

La instalación es la representación el caos y la destrucción. "Pero hay una mirada siempre esperanzada del mundo", enfatiza Porter. Así destaca la acción de dos figuritas doradas que, aún en medio de la catástrofe, continúan regando. En este mismo plan trabaja el hombrecito de "Hacerlo dos veces" que, con un grafito en su mano, despliega sobre una hoja de cuaderno una línea errática tan extensa que sobrepasa largamente sus posibilidades. ¡Y repite la proeza en la otra página! Barrer una colorida e inmensa extensión de polvo rojo es la misión imposible de una mujer empecinada.

Las posibilidades interpretativas acerca de estos fenómenos de escala se abren como los pliegues de un abanico, simplemente, al desplazar la mirada por la obra.

Hace apenas dos años, Porter describió sus "viñetas teatrales", y dijo: "son comentarios visuales que hablan de la condición humana. Lo que me interesa detrás de ellas es la simultaneidad del humor y la aflicción, lo banal y la posibilidad de sentido". Los trabajos forzados marcan la desproporción entre el hombre, que, para Protágoras es la medida de todas las cosas, y las tareas titánicas que hoy le toca cumplir.

Porter es hija de un director de cine y tiene la intención de volver a Buenos Aires para presentar una obra de teatro en colaboración con la artista Ana Tiscornia y con la música de Sylvia Meyer, que siempre la acompaña.

Justo cuando la historia del arte argentino se está escribiendo, la presencia de Liliana Porter en el Malba cobra especial importancia. En suma, el Museo descorre el telón para procurar una intensa experiencia visual e intelectual y, para mostrar el trabajo de una de nuestras artistas más talentosas.

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