«Estoy en manos de los ciudadanos de la Capital Federal. Ellos deben decidir si quieren que esté en el Congreso». Así, en el terreno que más le gusta, casi como una Juana de Arco que pelea hasta el final, Elisa Carrió reconoció que está en problemas en la elección porteña para diputados nacionales. La estrategia no es una apuesta menor: forzar la conciencia de los porteños que ya la daban electa como diputada y que ahora ven que el recinto de Diputados podría quedarse en los próximos dos años sin ese match de fondo que serían los cruces entre ella y Néstor Kirchner.
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La situación parecía ayer casi una paradoja: la jefa de la Coalición Cívica, cabeza de una campaña junto a los radicales en todo el país que puede proveer en las urnas el 28 de junio una cantidad de diputados suficiente para ubicarse como segunda fuerza en Diputados, reconocía el peligro de quedar afuera del Congreso si su fuerza no consigue meter tres diputados.
«Gabriela está, Alfonso está, Carlos Heller está y Pino está. La Ciudad de Buenos Aires decidirá si voy a estar yo», dijo ayer Carrió, en medio de las dudas de muchos de sus dirigentes cercanos que no están totalmente de acuerdo con la estrategia de la candidata de reconocer que puede no alcanzar una banca. «Acepto con absoluta tranquilidad ese veredicto. Puedo no estar», reconoció.
Carga con la duda de haberse equivocado, o no, en ceder el primer lugar de la lista a Alfonso Prat Gay y el segundo al radical Ricardo Gil Lavedra, en el armado de la lista, y quedar ahora al límite del desamparo.
Llega así Carrió al final de una campaña que la tuvo más caminando por las provincias, junto al radical Gerardo Morales, que por la Capital. El resultado no será menor si se contabiliza el reflejo que tendrá en el Congreso: el Acuerdo Cívico y Social seguramente se ubicará segundo en la cantidad de diputados por la cosecha en todo el país, aunque la noche del 28 deberá, quizás, relegar festejos en la Capital y la provincia.
«Nosotros nos fijamos un objetivo: que el Acuerdo Cívico y Social ganara la Nación, y vamos a ganar. Mi misión está cumplida». Así resumió a este diario Carrió su visión de esa estrategia.
La pelea seguirá hasta el final. De hecho ayer, por primera vez, salió a castigar a Pino Solanas, que puede pisarle los talones: «Es bueno que esté Solanas, pero nosotros salimos a decir lo que hemos hecho porque si no, parece que la Coalición Cívica no le ha puesto el cuerpo. La que tuvo juicios por asesinato fui yo, mientras otros filmaban», le recordó.
Este resultado, como muchos otros en esta elección, quedará pendiente hasta el último momento. Pero lo cierto es que el Congreso, sin Carrió, no fue lo mismo en los últimos años y tampoco lo sería en los próximos. No es que con la chaqueña alcance para devolverle la independencia y el nivel de debates que se recuerda de otras épocas. Pero al menos debe reconocerse que, salvo en el Senado durante la discusión de la Resolución 125, nunca más se escucharon discusiones como las de los superpoderes para Domingo Cavallo en 2001 cuando, rompiendo definitivamente con Fernando de la Rúa, amenazó con denunciar penalmente a todos los diputados que votaran esa ley por «infames traidores a la patria», único delito tipificado en la Constitución Nacional.
Ayer, esta última estrategia de Carrió comenzó a cosechar sus frutos: la propia Gabriela Michetti, a quien la jefa de la Coalición Cívica evita golpear en campaña, fue de las primeras en reaccionar: «Me gustaría que Lilita esté porque es una persona que le da valor a la política argentina», dijo.
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