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Causó un escándalo y se hizo echar el ministro de Defensa de Dilma en Brasil
Dilma Rousseff y su exministro de Defensa, Nelson Jobim, mantuvieron una relación siempre tensa. La salida anunciada de éste se precipitó después de declaraciones llamativamente imprudentes.
Jobim, un expresidente del Supremo Tribunal Federal (Corte Suprema) de ideología conservadora, pertenece a las filas del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centroderecha), la principal fuerza política dentro de la coalición liderada por el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda).
Luego de conocer declaraciones despectivas hacia dos ministras del gabinete, Rousseff ordenó por la tarde el regreso a Brasilia de Jobim desde la ciudad de Tabatinga, estado de Amazonas, donde el ahora exministro se encontraba en misión oficial. Al llegar al Palacio Planalto, se informó oficialmente la renuncia del funcionario, que estaba a cargo de Defensa desde 2007, designado por Luiz Inácio Lula da Silva. La Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia informó que en su reemplazo fue designado el excanciller Celso Amorim, quien dirigió la política exterior del país durante los ocho años del Gobierno de Lula (2003-2010).
El exmandatario había reducido ayer las chances de que Jobim continuara en el cargo: «Es un hombre que condujo Defensa con grandeza, hizo un trabajo excepcional, el programa estratégico de Defensa es muy importante. Pero si hasta Pelé no está jugando bien, el técnico lo cambia», dijo desde Bogotá.
En manifestaciones a la revista Piauí que llega a los quioscos hoy, Jobim había cuestionado a las ministras Ideli Salvatti, de Relaciones Institucionales, y Gleisi Hoffman, jefa de la Casa Civil, ambas de máxima confianza de la mandataria.
En un primer ensayo de defensa, y como corolario de una semana fatídica, el ministro había negado que sus respuestas a Piauí fueran ofensivas con sus colegas de gabinete, o siquiera haber mencionado a Salvatti, y calificó el affaire como un «juego de intrigas». Según lo publicado, Jobim calificó como «debilucha» a Salvatti, y sobre Hoffman se burló de que «ni siquiera conoce Brasilia».
En la entrevista, Jobim también dijo que Lula utilizaba un vocabulario vulgar al hablar con sus funcionarios.
El ahora exministro, quien confesó días atrás haber votado al opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña en 2010, cuando triunfó la candidata Rousseff, del PT, tuvo comentarios elogiosos para con el expresidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), a quien definió como un «lord». Cardoso fue uno de los más severos opositores al Gobierno de Lula, con quien mantiene una agria rivalidad personal.
En los corrillos políticos de Brasilia era conocida la poca afinidad entre Rousseff y Jobim, cuyas discrepancias se arrastraban desde cuando ambos eran ministros durante la gestión de Lula. Entonces, Rousseff, quien fue presa política en la década del 70, respaldó la apertura de los archivos de la dictadura (1964-1985) a lo que se opuso Jobim junto a los jefes de las Fuerzas Armadas (ver aparte).
A poco de asumir el Gobierno, en enero de este año, Rousseff ordenó a Jobim que trabaje junto a la Secretaría de Derechos Humanos en apoyo de la Comisión de la Verdad, sobre delitos perpetrados bajo la dictadura militar, proyecto que aguarda su aprobación en el Congreso desde el año pasado. Paralelamente, la mandataria anunció el congelamiento de las negociaciones para la adquisición de 36 cazas bombarderos para la Fuerza Aérea brasileña, por un valor estimado en 6.000 millones de dólares, un proyecto al que Jobim había considerado prioritario y para el cual realizó gestiones durante años.
Para atizar la crisis política, el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, centroderecha), de Cardoso, invitó a Jobim a sumarse a sus filas. «La ficha de afiliación al PSDB está a su disposición. Que firme cuando quiera y será homenajeado por el partido», dijo el presidente de la fuerza, Sergio Guerra.
Con la renuncia del titular de Defensa, son tres los ministros que Rousseff ha despedido desde que llegó al poder el pasado 1 de enero. El primero de ellos fue su mano derecha, Antonio Palocci, quien se vio obligado a renunciar el pasado 7 de junio al Ministerio de la Presidencia por acusaciones de corrupción, y fue reemplazado por Hoffmann. Un mes después, el 6 de julio, presentó su dimisión Alfredo Nascimento, titular de Transportes, por denuncias asociadas con fraudes y corrupción en licitaciones de su ministerio.
Agencias ANSA, AFP y DPA,y Ámbito Financiero


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