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Cauta, Cristina busca congelar PJ
El portazo de Hugo Moyano, en diciembre pasado, hizo peligrar ese esquema de quietud: el camionero renunció a sus dos cargos en el partido, la vice nacional y la jefatura bonaerense, y la resistencia de la Casa Rosada a reaccionar ante su jugada dejó al PJ en un limbo.
A casi 100 días de la dimisión pública del camionero, el consejo partidario de Buenos Aires es un no lugar: técnicamente, Moyano todavía es el presidente porque no se le aceptó la renuncia, y Cristina Álvarez Rodríguez, que actúa como sucesora, lo hace sin papeles.
Nada, por estas semanas, cambiará: la fecha más cercana que proyecta la cúpula partidaria es fines de abril. Recién entonces podría convocarse a los consejeros para aprobar la renuncia del jefe de la CGT y transferir el mando a la ministra de Gobierno sciolista.
La cuestión bonaerense aparece como un estorbo. En rigor, la Presidente pretende que no haya movimientos en el PJ por varios meses. En Casa Rosada se descarta, de hecho, que pueda cumplirse con el cronograma que establece que las autoridades del Consejo Nacional se renueven en mayo.
La cuestión es simple: hay malestar entre los gobernadores y los intendentes, preocupados por el recorte en el giro de fondos nacionales. Es, además, un momento tenso: el caso Ciccone y la suba de tarifas son dos asuntos críticos para el Gobierno.
Bajas
En ese caso se registra el proceso inverso: son los gobernadores y los intendentes los que no quieren aparecer pegados al Gobierno ni, mucho menos, a Amado Boudou. Tanto la Presidente como su vice sufrieron, en estos meses, bajas en las encuestas.
En el Gobierno reconocen que existen contactos entre caciques provinciales, que se ramifica el enojo por la falta de acceso a la Presidente. Tienen diálogo con los ministros pero sin respuestas. «Nadie te da garantías de nada», dijo un funcionario provincial.
En estas horas, José Manuel de la Sota se quejó del incumplimiento de una hipotética promesa de asistencia para la deficitaria caja previsional cordobesa. También trascendió el reclamo de intendentes bonaerenses por la reducción de partidas federales.
Nadie se atreve, sin embargo, a sostener que esas quejas puedan tomar formato orgánico. Pero hay pistas: en una cumbre de alcaldes del conurbano, dos semanas atrás, el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, propuso ante las noticias de baja de fondos pedir una audiencia con Cristina.
Desde que murió Kirchner, ocurrió una sola vez algo parecido: Florencio Randazzo reunió a los intendentes de zona sur para explicar, con detalle, las primarias. Al final, apareció la Presidente, los arengó durante 5 minutos, posó para la foto y los despidió.
No hay indicios de que ese «modus operandi» se modifique. Por esa razón, la única señal presidencial fue a fin del año pasado, cuando dejó trascender que podría asumir, sólo simbólicamente, la jefatura del partido, pero sin ponerse al frente del Consejo.
Hasta ahora, sólo la kirchnerista Corriente Peronista Federal (CPF) expuso claramente su postura: pidió que la Presidente asuma la jefatura del partido. Sin embargo, no es -por ahora- más que una expresión de deseos.


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