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Celebrado barítono debuta en el Colón con “Falstaff”
El italiano Ambrogio Maestri será desde mañana en el Colón Falstaff, su papel consagratorio en las principales salas líricas del mundo.
La ópera basada en "Las alegres comadres de Windsor" y "Enrique IV" de William Shakespeare, última creación para la escena de Verdi, tendrá más funciones el viernes 19 y martes 23 a las 20.30 y el domingo 21 a las 17. Habrá para estas representaciones un solo elenco, que completan otra gran cantante italiana, Barbara Frittoli (Alice Ford), Fabián Veloz (Mr. Ford), Paula Almerares (Nannetta), Elisabetta Fiorillo (Mrs. Quickly), Emanuele D'Aguanno (Fenton), Guadalupe Barrientos (Mrs. Page), Sergio Spina (Dr. Cajus), Juan Borja (Bardolfo) y Gustavo Gibert (Pistola). Participan la Orquesta Estable y el Coro Estable preparado por Miguel Martínez. Dialogamos con Maestri antes de éste, su debut en el Colón:
Periodista: ¿Qué le provoca escuchar esto de "el mejor Falstaff del mundo"?
Ambrogio Maestri: Pienso que tal vez he hecho las cosas bien (ríe). Me lo dicen mucho, pero siempre intento ir hacia adelante y aprender cada vez más. Sobre todo me divierto, y al divertirme en este papel hago que el público se divierta. Por ahora no tengo problemas vocales de ninguna clase y espero no tenerlos.
P.: ¿Cuál es su idea de este papel tan particular?
A.M.: No lo concibo como un personaje cómico sino serio. No es Rossini, si bien es la ópera más buffa de Verdi. Pero es un poco un reflejo de la vida de Verdi, con todas las tribulaciones de la vida y las mujeres que las han causado, todo está en esta ópera. Al final está este famoso "Tutto nel mondo è burla" que hasta parece algo ridículo, y es una fuga al estilo del siglo XVIII, con eso Verdi le demostró al mundo que era capaz de escribir algo así. Y sobre todo este "Ah ah!" es una carcajada mefistofélica, como para decir "miren que después volveremos, estén atentos". Él es un personaje serio, y todo lo que lo rodea es cómico. Si se parte de esta premisa se hace un buen trabajo en un papel que han hecho muchos grandes barítonos del pasado. Si se lo piensa como algo cómico a lo Rossini se crea una caricatura de Falstaff.
P.: Entre esos barítonos del pasado, ¿cuáles son referencias para esta parte?
A.M.: Tito Gobbi me gusta mucho... también Giuseppe Taddei, Mariano Stabile, o Juan Pons. Son todas bellas referencias.
P.: ¿Cómo transcurre el trabajo aquí?
A.M.: Se trabaja muy bien, todos a la par. A veces terminamos a las once y media de la noche, agotados. El trabajo en el Colón es muy profesional, por ejemplo en lo que respecta a los trajes o la peluca o los zapatos. Una cosa me sucedió aquí por primera vez: yo envié las medidas y cuando me probé el traje me quedaba perfecto, y los zapatos me quedaban tan cómodos como los míos. Siempre hay cosas que ajustar en este aspecto, pero aquí no hubo nada que corregir, todo impecable.
P.: ¿Cuál es la idea de la puesta?
A.M.: Es una idea tradicional, y al final salimos de nuestros personajes y estamos en ropa de calle: yo no soy más Falstaff sino Ambrogio Maestri. Pero en el transcurso de la ópera todo va tranquilamente. Es un poco abstracta la cosa; los decorados son lindos, coloridos, como una fábula. Paternostro es una persona correctísima, pregunta si va bien tal cosa o tal otra... Y después, bueno, hay problemas porque es una ópera muy difícil, es una papa caliente, no es como "Rigoletto" o "Traviata". Aquí el cantante es un poco un instrumento más dentro de la orquesta. Pero seguramente andará todo bien... si el Teatro eligió a uno de los mejores Falstaff del mundo yo intentaré hacer lo mejor posible (ríe).
P.: ¿Cuál es la razón de que su repertorio sea exclusivamente italiano?
A.M.: Hay tantas cosas hermosas en la ópera italiana que antes de haberlas cantado todas puede pasar toda una carrera. Veo a tantos extranjeros que cantan ópera italiana sin saber qué es lo que están diciendo. Para poder respetar a compositores como Gounod, Wagner o cualquier otro extranjero, yo debería aprender el idioma, y por ahora no se ha dado así. Me hubiera encantado, pero soy así, me duermo un poco en mis laureles. Es mejor hacer tres o cuatro papeles bien que cien mal.
P.: De hecho hubo grandes cantantes que hicieron carreras notables con pocos papeles.
A.M.: Exacto. No se puede hacer todo bien. Por ahora desarrollo bien estos papeles de mi repertorio.
P.: ¿Qué significa para usted hoy por hoy la expresión "barítono verdiano"?
A.M.: No sé si puede seguir perteneciendo a nuestras generaciones. El barítono verdiano puro del siglo XIX era prácticamente un tenor sin el desarrollo suficiente, no era un barítono. Si se escuchan las grabaciones de Victor Maurel, de Mattia Battistini, eran voces claras, muy penetrantes pero clarísimas. En cambio con la llegada de Titta Ruffo todos quisieron oscurecer la voz. A alguien que cantara hoy con la claridad de los barítonos a los que mencionaba lo silbarían enseguida. Las orquestas de entonces eran muy distintas, a veces eran cuatro gatos locos que tocaban, eran más un ensamble que una orquesta. Para mí el barítono verdiano por excelencia era Piero Cappuccilli, porque tenía tres octavas de extensión, pero también hacía "Tosca", "Aida", no es todo Verdi, porque Verdi vivió más de 80 años, y entre sus primeras óperas y "Falstaff", "Aida" y "Otello" hay una diferencia grande, no se puede usar el mismo barítono. El barítono verdiano cambió mucho a través de la vida y la carrera de Verdi, hasta llegar a Iago o Amonasro, que exigen voces con mucho cuerpo, casi de bajo-barítono.
P.: Hace algunos días Roberto Alagna canceló su retorno a la Scala de Milán por miedo del sector del público que lo abucheó en 2006. ¿Qué piensa de este tipo de hostilidad?
A.M.: A veces está justificada, otras veces no. También han silbado a Callas, a Pavarotti y a otros grandes. Alagna fue inteligente, si no se siente en condiciones de afrontarlo. Un cantante tiene que estar relajado para afrontar su trabajo, para dar alegría al público. Yo intento dar alegría a los demás, pero si tengo miedo, ¿cómo hago para dar alegría? Ahí hay un mecanismo que no funciona. De todas maneras La Scala es un caso aparte. Pero bueno, somos italianos... la música lírica la inventamos nosotros.
Entrevista de Margarita Pollini


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