CGT: Moyano prometió apertura para evitar la fractura sindical

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 «Vengan que los necesitamos». Amable, familiar, Hugo Moyano pronunció la frase que resonó en las oficinas del gremio de Sanidad, donde sus antagonistas esperaban, hipnotizados por la TV, un gesto para desmovilizar las tropas y archivar el plan de fracturar la CGT.

De lejos, separados por las 45 cuadras que hay entre la sede de Azopardo al 800, y San Juan y Deán Funes, búnker de Carlos West Ocampo -el más feroz detractor del camionero-, Moyano y sus críticos, «gordos» e «independientes», pactaron una tregua tediosa y frágil.

En una versión edulcorada y mansa, el jefe de la CGT pidió «disculpas» a los «compañeros que se sintieron molestos» y, en una inusual exposición de su feligresía cristiana y evangélica, invocó a las alturas para que se diluya la terrenal y mundana crisis sindical.

«Ojalá Dios ilumine -dijo- a aquellos compañeros que se han sentido un poco molestos, si alguna cosa hemos cometido, les pido disculpas, pero vengan a la CGT».

El rezo fue efectivo. Minutos después, tres de los amotinados, Armando Cavalieri (Comercio), Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA) anunciaron que no dejarían la central. «No hay ninguna fractura, no nos vamos a ir de la CGT porque somos CGT», dijo Rodríguez.

Fue la coronación de un operativo de contención que involucró a medio gabinete de Cristina de Kirchner y tuvo al Gobierno en alerta por 72 horas. Hubo otro actor en ese minué desafinado: las cámaras empresarias intrigadas por un exceso de protagonismo moyanista (ver aparte).

Apenas se conoció el pacto de no agresión, uno de los más activos mediadores, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, expresó la percepción oficial: habló de «satisfacción por la decisión adulta y responsable» de los gremios y consideró «bueno para el país» que haya una CGT unificada.

Cruces

En dos tiempos, la CGT esquivó una fractura, pero quedó herida: las gentilezas de Moyano se parecen demasiado a las promesas que hizo cuando pulseaba para ser reelecto como jefe de la central en 2008, cuando aceptó conformar una «mesa chica» de conducción.

En un rapto de honestidad brutal, el camionero deslizó ayer ese error de fábrica: Moyano y, sobre todo, los «gordos», tienen una historia, orígenes y lógicas distintas. Moyano lo simplificó al decir: «Tenemos nuestras personalidades y a esta altura no se pueden cambiar».

Por eso, el compromiso de terminar con el personalismo en la conducción era anoche tomado con pinzas por sus críticos. De hecho, hubo cruces y tironeos entre «gordos» e «independientes» sobre la decisión última.

En la cumbre en Sanidad, en rigor, Cavalieri, Rodríguez, Martínez, los anfitriones West Ocampo y Héctor Daer, Oscar Lescano (Luz y Fuerza) y José Pedraza (Unión Ferroviario) discutieron más de tres horas cómo encarrilar una crisis que se arrastra desde hace años.

Compromiso

Al final, primó el criterio de no fracturar la CGT a cambio de un compromiso de Moyano, con la Casa Rosada como garante, de consultar las decisiones y funcionar, en el diálogo con el Gobierno como un delegado de todos los gremios y no sólo camioneros y aliados.

Anoche, luego de los mensajes de distensión, apareció el primer atisbo de la tregua: la CGT envió al Ministerio de Trabajo el listado de los delegados que esa central enviará a la reunión del Consejo del Salario convocada por Carlos Tomada para la tarde del 28 de julio.

De los trece enviados cegetistas, encabezados por Moyano y Juan Belén -dirigente de la UOM y aliado táctico del camionero-, seis son ocupados por dirigentes que amenazaron con la fractura: Martínez, Rodríguez, Pedraza, Daer, Lescano y Cavaleri.

El moyanismo, en tanto, sólo tiene dos puros: Omar Viviani y Gerónimo «Momo» Venegas, que disiente del camionero por su vínculo con los Kirchner, pero mantiene la sintonía sindical, al punto que desoyó las invitaciones para plegarse a la embestida contra el camionero.

La mesa se completa con tres líberos que, en el pulseo de la CGT, se alinearon con el camionero: Juan José Zanola (bancarios), Roberto Fernández (UTA) y Mario Manrique (SMATA).

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