6 de marzo 2015 - 00:00

Chamé Buendía: el alma del clown en la tragedia clásica

Gabriel Chamé Buendía, fundador del Clú del Claun y ex miembro del CIrque du Soleil, repone en Buenos Aires dos de sus clásicos.
Gabriel Chamé Buendía, fundador del Clú del Claun y ex miembro del CIrque du Soleil, repone en Buenos Aires dos de sus clásicos.
" Mi etapa con "Cirque du Soleil se cerró hace una década", dice a este diario el actor, director y reconocido maestro de clowns, Gabriel Chamé Buendía. "Cada tanto me llaman para hacer algún número o reemplazar a otro clown, pero se complica porque no quiero trabajar con ellos más de seis meses. Aunque no soy millonario, me niego a depender de una sola empresa. Prefiero mantener mi economía independiente y así poder crear otras obras".

Entre 1999 y 2005, Chamé -uno de los fundadores del Clú del Claun- recorrió Europa, Estados Unidos y varios países asiáticos con el espectáculo "Quidam" del Cirque du Soleil, y luego de seis años de gira abandonó la compañía canadiense ("la más grande multinacional del espectáculo") para iniciar un prolífico período laboral en Madrid, París y Buenos Aires, ciudades en las que reside alternadamente.

Esta vez, su regreso a la escena porteña ha sido por partida doble con la reposición de su último unipersonal, "Last call, Ultimo llamado", en la Sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes y el inicio, en La Carpintería, de la tercera temporada de "Otelo", adaptación "clownesca" de la tragedia de Shakespeare, dirigida por él y protagonizada por un grupo de alumnos.

"El espectáculo fue invitado a varios festivales internacionales" -se ufana el director-, "y a mediados de año, estreno con los mismos actores otra obra de Shakespeare, 'Timón de Atenas', en el Centro Cultural San Martín". Dialogamos con Chamé Buendía:

Periodista: ¿A qué público va dirigido "Last call"?

Gabriel Chamé Buendía.: Le tiene que interesar a un chico de cinco años como a un chino. No es el texto el que cuenta el espectáculo sino la acción. Sería la segunda parte de mi anterior unipersonal "Llegué para irme", con el mismo personaje (Mr.Piola), pero con otro argumento como sucede con las películas de Chaplin y Buster Keaton. Fueron dos grandes clowns. Tenían esa capacidad de generar cosas y situaciones que parecen una tontería pero que en el fondo son muy poéticas y se meten en el inconsciente del público. Ningún clown intenta tapar el dolor con su comicidad; al contrario, sus acciones muestran lo trágico de este mundo. Es el dolor convertido en risa. Miremos a Chaplin, por ejemplo, está obsesionado con el hambre y con la autoridad. Es pobre, siempre está hambriento y está a merced de unos tipos más poderosos que lo tienen cagando. Y Keaton es un gran solitario, obsesionado con el monstruo de la ciudad y con el alienante desarrollo industrial.

P.: "Last call" parece aludir a la muerte, además de mostrar la neurosis de un viajero.

G.C.B.:
Sí, y el título ya lo indica: último llamado remite a la muerte y es también la última oportunidad de hacer algo. Tal vez tenga que ver con mis cincuenta años. No tanto por el hecho nefasto de tener la muerte más cerca, sino porque empiezo a sentir la vida como una transformación que me lleva a cambiar y a ir hacia otro lugar. La obra transcurre en un aeropuerto, ese "no lugar" del que mi personaje quiere salir y no puede porque le pasa de todo. Por un lado, están los problemas de todo aeropuerto: las colas, el checking, la documentación que uno no encuentra... Pero después, el personaje empieza a extraviarse y entra en una especie de limbo o purgatorio. A partir de ahí, va perdiendo la ropa, la identidad, todo...

P.: ¿Qué otros peligros ofrece un aeropuerto?

G.C.B.:
Cualquier acción que encare un payaso en un aeropuerto va ser peligrosa. Pero en este caso también están las amenazas de cualquier aeropuerto de hoy: el peligro de bombas y atentados, el excesivo control policial... Todos estos temas están presentes de una manera lúdica y respetuosa, pero sus contenidos son fuertes.

P.: ¿Su "Otelo", hecho por clowns, conserva la esencia trágica del original?

G.C.B.:
No son elementos contradictorios. Me gusta tomar textos clásicos, sobre todo de Shakespeare, y unirlos al viejo gag del payaso clásico a través de una dramaturgia contemporánea y apuntando a problemáticas actuales. Me pasé toda la década de los '90 viendo cómo los grandes directores -Ariane Mnouchkine, Peter Brook, Robert Lepage, la compañía Complicité- se apropiaban de los clásicos, a su manera y sin solemnidad. En Europa, donde resido desde hace 25 años hice muchas comedias de Shakespeare: "Los hidalgos de Verona", "Trabajos de amor perdidos", "Mucho ruido y pocas nueces" y además actué en "Cuento de invierno". Ahora estoy más entusiasmado con las tragedias de Shakespeare porque me obligan a ir a lugares extraños que el clown en general no se mete, y en donde ya no se puede contar un chiste y uno queda expuesto en toda su fragilidad.

Entrevista de Patricia Espinosa

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