Charlas de Quincho

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Fin de semana movido en quinchos, donde todavía resonaba fuerte el eco de las cacerolas del jueves. El oficialismo mantuvo silencio, aunque en general no mostró temor por sus alcances, ni cree necesaria una contramarcha. La boda de la hija del exministro Alberto Iribarne fue una caja de resonancia, donde funcionarios y exfuncionarios analizaron la algarada opositora, y fue Alberto Fernández, claro, el más crítico para con el Gobierno, mientras que otros, como Jorge Telerman, demostraron, en cambio, su habilidad para la danza hasta la madrugada. Fastuoso, el quincho (opositor) de los gastronómicos en La Rural reunió a casi 15 mil personas, cuyos entretelones le contamos al lector, y el más coqueto fue el de CARI, presidido por el excanciller Rodríguez Giavarini, que se celebró el jueves en Recoleta con ruido de cacerolas de fondo y dos kirchneristas desorientados. Terminamos con un quincho radical, otro en la Copa Davis, y dos en ambientes artísticos. Veamos.

Mucha sociología barata (y zapatos de goma, cantaría Charly García) en todos los corros de la política después de la manifestación callejera del jueves, que descolocó a la mayoría porque nadie previó -aunque después algunos presumiesen haberlo presagiado- al escapar de cualquier formalidad de la política. Se improvisó mucho en la prensa y en los quinchos con conclusiones sobre lo único que interesa a oficialistas y opositores: saber si esta algarada vecinal, de una dimensión importante, tendrá o no traducción electoral. Cristina de Kirchner, desde el viernes por la noche alojada en la casa de su hijo Máximo en Río Gallegos -la residencia de ella sigue en refacciones-, permaneció en silencio, y ninguno de los funcionarios que suelen comunicarse con ella los fines de semana dio testimonio de haber recibido instrucciones para responder, salvo los clips que se emitieron en los intervalos del fútbol. Cristina trató en el fin de semana de preservar la privacidad del viaje; llegó el viernes por la tarde en el restablecido Tango 01 junto a su médico Juan Buonomo, su cuñada y ministra Alicia Kirchner y un amigo de hace años de la familia, el empresario Osvaldo «Bochi» Sanfelice, un broker inmobiliario santacruceño que participa de la empresa que administra las propiedades de los Kirchner donde trabaja también Máximo. Su cercanía a los Kirchner lo hace custodio de secretos que guarda con fidelidad, salvo cuando cuenta anécdotas del pasado cuyo efecto ya ha prescrito, como hizo en alguna peña en el quincho del legislador porteño Juan Carlos Dante Gullo, la única a la que ha concurrido alguna vez el «Bochi».

Ayudó a ese silencio en la respuesta que los sociólogos y hermeneutas de la política presumiesen, con interés de parte, claro, que el oficialismo va a organizar una contramarcha en algún momento. En el Gobierno se reían de esos anuncios que indican que cuando digan que no habrá contramarcha se replique que no se animaron a hacerla. Es un clásico del uno-dos con la oposición, como aquel que imagina siempre que Cristina viaja a los Estados Unidos que la recibirá Barack Obama, para cuando se anuncie que no será así, decir que fracasó el Gobierno en lograr la entrevista. La dispersión de los legisladores en el fin de semana impidió que hubiera reuniones de análisis que aportasen más a lo que se presume esperable. El único dictamen de la cúpula, que pareció movilizar alguna reacción oficial, es que el Gobierno debe trabajar en aquellos territorios que le son propios a través de la gestión. La mayoría de los sectores que se manifestaron, aunque no mostraron identificación política, son considerados históricamente adversos por el peronismo. Porque no tienen formato partidario tampoco merecerían una contramarcha ni asustan, por ahora, a los analistas oficiales, con la amenaza de repetir la cantidad que se mostró el jueves. En esa segunda marcha que se promete pueden aparecer organizadores desde la política, que podrían desalentar a muchos que cacerolearon el jueves a repetir. En esas reflexiones privadísimas, para encontrarle explicación y funcionalidad política a la demostración, figura algo que el peronismo tiene anotado en su ADN: el kirchnerismo, como en los años 90 el menemismo, son productos que crea ese partido para buscar alguna identificación con las clases medias de la región metropolitana. En los años 90 el menemismo existía en La Rioja y en la Capital Federal, donde el peronismo se exhibía junto a los dirigentes de la UCeDé y producía hechos que le quitasen ante el público porteño las aristas del peronismo clásico. El kirchnerismo, desde 2003, también fue un producto para que el peronismo se acercase a esa agenda de sectores medios; de ahí el reclutamiento de funcionarios de la ex Alianza para ministerios y embajadas, ya que esa formación había expresado los proyectos de la burguesía metropolitana y también la búsqueda de referentes del centroizquierda y de la izquierda clásica, al punto de que el peronismo logró que los restos del Partido Comunista se incorporasen a la alianza de Gobierno. Como le ocurrió al menemismo desde 1996 -cuando Carlos Menem llevaba apenas un año del segundo mandato- debió enfrentar apagones y bocinazos en la Capital; ahora el kirchnerismo debe resolver esa ironía de que el público para el que se había inventado ese formato del peronismo lo cacerolea en la calle. Aportó a esas perplejidades hace un tiempo un ángulo sarcástico -algo que suma a la comprensión de los fenómenos- la observación del exembajador Juan Pablo Lohlé (socio fundador del kirchnerismo en el Grupo Calafate) quien dijo que después de un mandato peronista el público se empieza a cansar, «incluyendo a los propios peronistas».

La semana fue intensísima en quinchos de todo nivel, desde modestas bandejeadas hasta bodas más rumbosas, todo cargado de conspiraciones, encuentros y reencuentros que alimentan la crónica quinchesca, a la que se sumó una serie de cenas benéficas de entidades de bien público. Si hubiera que elegir el encuentro con más miga, sin duda sería la boda de la hija del exministro Alberto Iribarne, un peronista de todos los tiempos que logró articular el sábado por la noche en el Yatch Club de Puerto Madero a algo del oficialismo y mucho del peronismo disidente. Esta figura de la política, hoy en el llano, secundó a Carlos Corach en el Ministerio del Interior en los años 90, manejó la Casa de Moneda bajo el duhaldismo y fue titular de Justicia y Seguridad con Néstor Kirchner. El santacruceño lo eligió para reemplazar a Gustavo Béliz después que el humor público acerca de la seguridad se manifestase en abril de 2004 en las marchas de Juan Carlos Blumberg. Hasta ese momento, Béliz había animado una agenda garantista en ese ministerio que confrontó con los vecinos de la región metropolitana. Un episodio en una comisaría de la Boca fue el pretexto para la salida de Béliz, quien se fue con un portazo de dimensiones parecidas al que le había propinado años antes a Carlos Menem, quien lo había tenido en el Ministerio del Interior. Esta vez acusó a espías de la SIDE de conspirar contra él, en un episodio que le costó un juicio que aún no termina por exhibir la foto de un agente por TV. El regreso de Iribarne al manejo de la seguridad fue uno de los cambios de agenda más importantes que verificó Kirchner siendo presidente. Lejos ahora de los despachos oficiales, Iribarne se puede permitir armar mesas tan amplias como las que se vieron en el Yatch de Puerto Madero. Con esa generosidad y el desprejuicio que da no tener cargos le permitió alimentar a más de 400 asistentes al casamiento de su hija Inés con wraps de pollo en masa filo con salsa agridulce a base de Cabernet, goulash, pirulines de langostinos, finger foood de albóndigas de jabalí, canapés de yacaré, bocados de cangrejo, minishawarmas de cordero, ceviches caramelizados, espumantes Nieto Senetiner y vinos Trumpeter. Eso sólo en la bandejeada para recibir a los invitados.

Los políticos de raza optimizaron tiempo y recursos. Se saltearon la ceremonia en la Iglesia de San Ignacio de Loyola, donde el párroco les recordó a los contrayentes Inés Iribarne y Eugenio Begue que frente a la debilidad y el egoísmo de la raza humana, sólo el soplo de Dios puede garantizar un amor eterno. Lo sabe bien el padre de la novia, a quien El Vaticano le rechazó el pliego para ser embajador ante la Santa Sede por su condición de divorciado. El único que se acercó hasta el histórico templo fue Enrique Albistur, exsecretario de Medios de Néstor Kirchner. Amigo de Iribarne padre, con quien compartió gabinete en la presidencia del santacruceño, Albistur se acercó al novio y le susurró al oído: «Cuidá a la nena; si no te rompemos todo». Metáfora nunca mejor expresada en boca de un empresario de la comunicación. Ya en el Yacht se sumaron los dirigentes que optimizan más el tiempo y llegan a la hora en que circula la comida: Felipe Solá, dos funcionarios de la gestión Daniel Scioli como José «Pepe» Pampuro (BAPRO) y Jorge Telerman (secretario de Cultura de la provincia de Buenos Aires), Ginés González García, quien viajó especialmente desde Chile para asistir a la celebración de la boda; Carlos Corach; el jefe del PJ porteño, Juan Manuel Olmos, y el exjefe de Gabinete de Néstor y Cristina, Alberto Fernández, quien llegó acompañado por Vilma Ibarra. Se excusó el embajador ante Estados Unidos, Jorge Argüello, quien debió permanecer en funciones en Washington para preparar el viaje de la Presidente a Estados Unidos. El exministro de Economía Roberto Lavagna les envió una afectuosa carta a los novios, pero tampoco pudo asistir, al igual que Antonio Cafiero, quien acaba de cumplir 90 años y fue visitado la semana pasada por la madre de la novia, la exlegisladora porteña Inés Urdapilleta.

Alberto Fernández fue el más movedizo y visitó como si fuera el novio todas las mesas. Lanzado en campaña para las legislativas de 2013, se mostró como candidato al Congreso del año próximo. Coincidió, sin embargo, en que Lavagna sería el mejor postulante para ocupar una banca de senador nacional por la minoría, ya que todos suponen que el PRO se quedará con las dos butacas por la mayoría en una boleta que, dan por descontado, encabezará Gabriela Michetti en Capital Federal. Este peronismo disidente de la Capital Federal -con la excepción de Ginés, que es embajador cristinista del otro lado de la Cordillera-, que en la última elección para jefe de Gobierno porteño apoyó a Jorge Todesca, dedicó gran parte de la noche a analizar el cacerolazo del jueves pasado. Tanto Iribarne padre como Fernández coincidieron en que la movilización callejera debe analizarse frente al 54 por ciento obtenido por la Presidente en las urnas. Es decir, si ese registro electoral tiene aún vigencia o las cosas ya han cambiado. Según el exjefe de Gabinete, la Casa Rosada no interpretó el sufragio popular de octubre del año pasado. «Ganar con el 54% no te habilita a ir por todo. Montar una farsa en el Congreso con el caso Ciccone, manipular el dólar sin ningún plan, jugar con los ahorros y las vacaciones de los argentinos. Todo eso detonó en la calle», fue el diagnóstico que el exjefe de Gabinete les expresó al juez supremo Juan Carlos Maqueda, Solá y Pampuro. Más relajado, Telerman se dedicó casi full time al dancing. Y no le hizo asco a nada. Desde cumbia, pasando por chamamé, música balcánica y Vilma Palma e Vampiros, el exjefe de Gobierno porteño movió el esqueleto hasta pasadas las cuatro de la mañana de ayer. También Ginés se mostró movedizo en la pista, Olmos tiró varios pasos y Amadeo pivoteó en la pista durante algunos pasajes de la noche. El salón de baile estaba estratégicamente ubicado sobre una amplia galería que daba al dique de Puerto Madero, con cuatro barras desde donde brotaban daiquiris de maracucyá, caipiroshkas de mango y otros tragos a tono con la noche primaveral de la boda. Los recién casados partirán hoy de luna de miel a Grecia y Turquía.

Si hubiera que elegir el quincho más grande de la semana, inevitable referirse a la cena de los gastronómicos que juntó a más de 15 mil personas en los salones de La Rural, emprendimiento anual de Dante Camaño, jefe de ese gremio en la Capital, que compitió en armado de disidentes con la boda de la hija de Iribarne. Camaño, que ha sido diputado y sigue pegado a la política fue el único orador y para decir que «esta fiesta existe gracias a nuestro trabajo, porque nosotros no estamos subsidiados ni recibimos prebendas del Estado». La cena, magnífica como todo lo que hace este gremio cuando quiere festejar, se hizo bajo cierta tensión porque todos pensaban en la pelea del campeón «Maravilla» Martínez, ansiedad que los organizadores halagaron encendiendo más de diez pantallas gigantes para que pudiera verse todo su desarrollo, un ingrediente que le dio más nervio a la cita, aunque postergase la actuación de un paciente Luciano Pereyra, que esperó en su mesa hasta que terminase la pelea y se apagasen los festejos por la victoria de «Maravilla», que resistió los golpes en el último round de una pelea que había ganado ya por puntos, pero que estuvo en un tris de perder por knock out, tanto que terminó con una lesión más propia del fútbol, como rotura de ligamentos.

El arco de los invitados que se agolparon en el vip y que después ocuparon las mesas principales no pudo se más variado. Desde el cuñado y la hermana Luis Barrionuevo y Graciela Camaño hasta el intendente radical de San Isidro Gustavo Posse, el de Malvinas Argentina y que hoy funge como imán de peronistas disidentes, Jesús Carilino, pasando por la exdiputada Cinthia Hot-ton, el exlegislador Sergio Abrebaya (hoy en el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires,), el diputado provincial Carlos Acuña, Walter Caruzo, presidente del bloque radical UCR de Buenos Aires; el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici; Alberto Roberti, secretario de la Federación de Trabajadores Petroleros, junto a su esposa Mónica López, excandidata a vicegobernadora en la lista que encabezó Francisco de Narváez, Álvaro Escalante, secretario general de los gastronómicos en San Martín, la pianista Martha Noguera (infaltable en todas las fiestas gastronómicas), la exdiputada nacional Marina Cassese y, toda una señal, el presidente del PRO nacional, Humberto Schiavone. Para que no quedasen dudas del sesgo de la reunión, antes de la pelea se proyectaron placas en la decena de pantallas que decían «Cristina, los gastronómicos no te tenemos miedo». Todos devoraron con entusiasmo el menú de bocaditos, sushi, y cazuelas, bandejas de fiambre y, de principal, pollo relleno con vegetales al vapor. El postre llegó cuando la pelea había pasado y dio lugar al recital de Pereyra y del conjunto cumbiero Los de fuego, sobre el que se preguntaban muchos si era el que acompañaba a Sandro. No parece.

Con gente tan informada, sobraron los comentarios mientras aturdían los músicos con sus ritmos. Por ejemplo, sobre la información disparatada que circuló por internet de que el Gobierno va a anular los pasaportes para evitar que la gente viaje al exterior. Otro señaló que había escuchado que la AFIP iba a poner un chip en los pasaportes para aumentar los controles a los viajeros. Uno de los asistentes, que tenía más información que el resto, aclaró el origen de los rumores. La Argentina, al igual que los países más avanzados, tiene listo el nuevo pasaporte con chip inteligente, que reemplazará gradualmente a los actuales. Ese chip responde a las normas más avanzadas y evitaría la necesidad de solicitar visa para viajar a Estados Unidos. El anuncio lo va a hacer la Presidente en poco tiempo. Una empresa privada es la que se encarga de esta emisión la que, además, producirá tarjetas de crédito inteligentes con chip que agilizará las operaciones de compra porque no tendrán las demoras de pasarlas por una ranura para pedir autorización. Otro de los temas fue la caída de la actividad en los restoranes, especialmente en los que tenían como clientes al turismo que venía del exterior. Hay lugares de tango que han despedido a gente porque la ocupación de mesas es mínima.

Si hubiera que elegir el quincho más coqueto, es el que registramos el mismo jueves del cacelorazo en el salón de fiestas Lo de Aberg Cobo, en el corazón de esa manifestación, calle Las Heras de la Recoleta, Era la cena anual del Cari (Consejo Argentino de Relaciones Internacionales), un think tank que animan embajadores que aún lo son y muchos de los que han sido y que expresa al alcaloide de la diplomacia clásica. La mayoría de los asistentes esa noche respondían a la invitación del excanciller Adalberto Rodríguez Giavarini (presidente del CARI), pero hubieran querido no estar adentro sino afuera, en la calle, caceroleando, salvo dos de ellos, que se miraban como diciendo «¿qué hacen unos muchachos como nosotros en un lugar como éste?». Eran Jorge Taiana (excanciller kirchnerista que sigue militando en esa formación) y el exjefe de gabinete de Rafael Bielsa, Eduard Valdez, quienes quisieron haberse quedado adentro para siempre y con tapones en los oídos. Igual los halagaron, especialmente a Taiana, que ha sido embajador de varios gobiernos y que fue el último que le pagó un subsidio estatal a esa organización que le retiró el actual canciller Héctor Timerman, quien lo transfirió a la escuela de diplomáticos ISEN (Escuela del Servicio Exterior de la Nación). Formales todos, cantaron el Himno Nacional ejecutado por una orquesta de cámara a la que acompañó, inevitable, el ruido de las cacerolas. Brevísimo Adalberto al recordar al fundador de ese club, Carlos Muñiz, y al ofrecer un «brindis por la Patria, la paz y la familia». En las mesas designadas con nombres de ciudades los invitados degustaban un exquisito ceviche, un primer plato de frutos del mar y blinis seguido de un pollo con papines y tarta de frutillas de postre, regado de buen vino y champán como corresponde al mundo diplomático. Animaban la charla una numerosa comitiva de embajadores extranjeros y nacionales, como Jorge Hugo Herrera Vega, Arnoldo Listre, los representantes de España, Suiza y Brasil -quienes habrán rendido jugosos informes a sus matrices sobre esa extravagante reunión que alguna vez conoceremos por algún «wikiLeak». También el exvice canciller Horacio Chighizola, la exvicegobernadora Elva Roulet, el canciller «Mocito» Aguirre Lanari, Jorge Lapeña, Daniel Marx y la diputada porteña Cornelia Schimidt Lierman. Eduardo Amadeo, que llegó tarde con la cacerola en el alma, contó lo que pasaba en las calles bajo la mirada, desde otra mesa, de Jorge Vanossi y su joven mujer; el consultor Roberto Starke y Felipe de la Balze, este último con joven y exuberante compañía. Un indiscreto reveló el cumpleaños de Susana Pestana, mujer de Giavarini que fue agasajada con un entonado saludo. Antes de retirarse, y ya acalladas la cacerolas, María Durañona sacudió a todos con un recital al que se animó acompañar el cubanísimo Armando Ribas.

Los radicales vivieron el viernes -a la misma hora en que Eduardo Duhalde cenaba con el exmandatario uruguayo Julio María Sanguinetti- otra jornada bipolar al dividirse durante el día en dos actividades simultáneas y geográficamente distantes como fueron la última reunión en la Capital de la Convención Nacional que preside el histórico Hipólito Solari Yrigoyen y que finaliza su mandato de cuatro años y la Jornada Federal convocada por el presidente del Comité Nacional, Mario Barletta, en La Plata para hablar de federalismo y situación fiscal.

En la Convención se oyeron los reclamos airados de los convencionales de 15 distritos, la Juventud Radical y la Franja Morada, entre quienes se encontraban algunos exjóvenes del partido como Federico Storani, Leopoldo Moreau y Changui Cáceres, y figuras en ascenso como el senador Nito Artaza y el jefe de la Auditoría Nacional, Leandro Despouy. Sobre las diatribas internistas de la tarde en La Plata cayó un manto de piedad al anochecer, porque unos y otros se encontraron en la meca gastronómica radical por antonomasia, el Centro Lalín, para homenajear al casi octogenario Solari Yrigoyen. En las 18 mesas ubicadas en el salón central del tradicional reducto gallego se sirvieron la entrada de tortilla, queso y fiambre, la paella y el helado, regados con vinos tinto Malbec y blanco Chardonnay de la bodega Goyenechea.

A la hora de los discursos para homenajear al descendiente del patriciado radical, hablaron el vicepresidente de la Convención, el marplatense Carlos Martín; el auditor Despouy (el más firme candidato a sucederlo en la presidencia de la Convención fue afiliado al radicalismo por Solari Yrigoyen en el exilio parisino de los 70) y el exdiputado, exsenador y también expresidente de la Convención Raúl Baglini, quien tras un largo período de enfermedad que lo sacó de circulación reingresó con bríos a la vida partidaria en la que sigue siendo un gurú consejero. Precisamente fue Baglini el más original orador al destacar con su estilo inalterado de parlamentario enjundioso el aspecto menos recordado de la trayectoria del dirigente chubutense, cuando como senador en el período 1973/76 denunció -juntamente con el también entonces joven senador Fernando de la Rúa- el fenomenal escándalo en torno a la empresa ALUAR, una estafa multimillonaria cuyos efectos nocivos para las arcas públicas se prolongaron desde los tiempos de Onganía pasando por el menemismo y hasta el kirchnerismo.

Emocionado, cerró el turno de oratoria Solari para agradecer las muestras de respeto que recibió del malón de radicales, entre otros Diego Barovero, Fabián Rogel, María Luisa Storani, Atilio Benedetti, Juan Pedro Tunessi, Ricardo Alfonsín, Ricardo Gil Lavedra el exgobernador de Chaco Ángel Rozas, Carmen Storani, Olinda Montenegro, Ariel Dulevich Uzal, Oscar Machado, Caimán Aracena, Sergio Favot, Claudia Guebel, Héctor Arson, Jorge Elustondo, Silvia Moreno; e históricos como Nélida Baigorria, Elva Roulet, Aldo Neri y Victorio Bisciotti.


Discretísimo en materia de apariciones públicas, el «Ma-go» Miguel Galuccio se quebró el fin de semana y apareció en las tribunas del Parque Roca para ver los partidos de la Copa Davis, donde se agolpó un lote de personalidades de varios mundos (deporte, política, empresa). El titular de YPF eludió el vip y las carpas de los sponsors, donde se mezclaron, entre otros, Tullio Lanari (BNP Paribas), Ricardo Darín, Diego Maradona, Martín Palermo, Facundo Gómez Minujín, número uno del JP Morgan, Luis Pagani (presidente de Arcor), Gabriel Chaufán (BBVA Consolidar), Alejandro Magariños (banco Itaú), Gabriel Ribisich (Santander Río), economistas como Pedro Lacoste (exvicepresidente del BCRA), Miguel Kiguel y Fabián Ciarlotti (Standard Bank). Los productos locales, siempre en el mejor nivel, sufrieron un ligero eclipse por cuatro jóvenes checas que se robaron las miradas de toda la tribuna. Eran las hijas veinteañeras del presidente de la asociación de tenis de la República Checa. Dos comentarios dominaron las charlas en las distintas carpas de los sponsors: el efecto de los cacerolazos y la fiesta que están viviendo los mercados desde que arrancó septiembre. En relación con la marcha del jueves, se coincidía en que es prematuro sacar conclusiones en relación con las futuras chances de Cristina de Kirchner, tanto en términos electorales como en relación con la posibilidad de reformar la Constitución nacional. Pero los hombres de finanzas estaban más ocupados, en realidad, analizando el rally de precios que se está produciendo con los activos financieros alrededor del mundo. La señal de Ben Bernanke, quien sugirió que las tasas se mantendrán en niveles bajos al menos hasta 2015, le dio todavía más aire a la notable mejoría que muestran los precios desde que arrancó el año. «Es posible que se esté armando una nueva burbuja por las tasas bajas, pero si es así recién comienza, por lo que aún hay chances de subirse y hacer diferencia», razonaba el tesorero de una entidad internacional.

Terminamos con una fuga hacia el arte, porque la semana fue también intensa en música con citas en el Teatro Colón y en la Embajada de Francia, un bálsamo para calmar las irritaciones generadas por la política, los negocios y la vida, en general, cada vez más compleja. El Mozarteum presentó el martes en el Colón a la Orquesta de Cámara de Israel dirigida por Yoav Talmi con el talentoso pianista Alon Goldstein, y un programa tan variado como el espíritu de sus numerosos bises. Es decir, hubo clasicismo, vanguardia y contemporaneidad, música para todos los gustos. En los palcos, Teresa González Fernández y Miguel Frías comentaban el eclecticismo ideológico del encuentro «multipartidario» al que asistieron en la Universidad Kennedy. En el entreacto estaba Juan Bruchou (Citi), la familia Cordero, en pleno, Manuela López Anaya, Margo Hajduk, Valeria Fiterman y Verónica Bonta. Por su parte, Adriana Rosenberg circulaba con el equipo de expertos americanos que llegó para disertar durante el homenaje al modernísimo John Cage, organizado por la Fundación Proa de La Boca. El Colón, donde hubo función casi todos los días, asistió el viernes a algunas viñetas extravagantes, como el ingreso a un palco, para escuchar al magnífico violinista Maxim Vengerov, nada menos que al presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, acompañado por el exdiputado macrista Cristian Gribaudo, quien asiste al empresario en sus proyectos políticos en la provincia de Buenos Aires. Se sorprendieron al coincidir con el apoderadísimo del PJ y el Frente para la Victoria, Jorge Landau, que es un local porque es fanático del arte lírico y tampoco se pierde ninguna función de otros géneros como el de este violinista. Cruzaron comentarios brevísimos sobre la política del día pero sin ahondar demasiado porque militan en veredas contrarias y no hay que avivar a nadie en estos tiempos de cambio de piel.

Por su lado, el jueves por la tarde -cuando crecía la marea en las calles de la Capital- el embajador de Francia Jean Pierre Asvazadourian, recibió en el centenario palacio Ortiz Basualdo a los 150 invitados que llegaron para escuchar a Claude Debussy, el genio de la música impresionista, interpretado por un pianista, un flautista y una soprano. El encuentro, que algunos calificaron de «sublime», se inició con el preludio «L'apres midi d'un Faune» («La siesta de un Fauno»). El recuerdo del bailarín Nijinsky y de su erótica interpretación del Fauno surgió, claro, favorecido por el ambiente de los salones de la Embajada. Las pesadas cortinas de brocato, la envolvente madera en las paredes, las lámparas con caireles de Bohemia y hasta las volutas doradas, estimulaban estas ensoñaciones (a pesar de que nadie había bebido ni una gota del esperado champán francés). Un entendido recordó entonces los escándalos desatados por el bailarín, su forzado casamiento en Buenos Aires, y la esquizofrenia que terminó arrasando su virtuosismo y lo redujo al aislamiento por años y años.

Finalmente, luego de disfrutar del cúmulo de sensaciones y emociones, llegaron los quesos, el vino y el champán para concentrar la atención de Rafaelito de Oliveira Cesar, Lily Sieleky, Amelita Baltar, Mauricio de Núñez, María Teresa Villarroel, Susana Etchegoyen, Elia de Reta, Teresa de Anchorena, el bailarín del Colón Juan Pablo Ledo, Archi Lanús, Norberto Frigerio, la embajadora de Grecia, Eleni de Bulgari, Miet Ferrecio y Susana de Bary.

Vamos a terminar con un chiste alusivo a la celebración judía de ayer y hoy:

Es la mañana de Rosh HaShaná, el Año Nuevo judío. Raquel entra al cuarto de su hijo, corre las cortinas, abre las persianas, y grita:

-¡Jaime, Jaime: levantate que tenés que ir a la sinagoga!

El hijo remolonea, se da vuelta en la cama y se tapa la cabeza con la frazada. La madre insiste:

-¡Jaime, Jaime: levantate! ¡Es Rosh HaSaná y tenés que ir a la sinagoga!

-No quiero, ma...

-¿Cómo que no querés?

Va a estar todo el mundo: los Goldstein, los Grinberg, los Perelman, los Gurfinkel, los Finkelstein... ¡Tenés que ir!

-Ya te dije que no quiero...

-¿Y se puede saber por qué no querés ir a la sinagoga?

-Por dos razones: una es que a todos los que nombraste no me los banco, y la otra es que ellos tampoco me bancan a mí.

Y la madre, enojadísima, le grita;

-Bueh, yo te voy a dar dos razones para que vayas: ¡tenés 54 años y sos el rabino!

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