3 de agosto 2015 - 00:06

Charlas de quincho

Quinchos abundantes los de este fin de semana previo a las PASO, con dos acontecimientos faro: las muchas visitas que se aglutinaron en torno al nuevo festival de Daniel Barenboim en el país, entre ellos Felipe González y el embajador Carlos Bettini (ambos fueron a Olivos, aunque no el músico, quien a diferencia de Martha Argerich no tocó en el Centro Kirchner), y la exposición en La Rural, donde la geopolítica de la ubicación en las mesas (se la contamos al lector) tuvo una importancia decisiva, incluyendo ausencias notorias. Estuvimos también en la inauguración de los quinchos judiciales, un sarao del juez Canicoba Corral en un hotel de Pilar, y en dos fiestas radicales (una austera, otra más rumbosa). Veamos.

Locro con radicales en la casa de José “Chiche” Canata, con Facundo Suárez Lastra, Emilio Capuccio y Víctor de Martino, entre otros.
Locro con radicales en la casa de José “Chiche” Canata, con Facundo Suárez Lastra, Emilio Capuccio y Víctor de Martino, entre otros.
La laringitis presidencial habrá impedido apariciones -dejando el rol proselitista a los candidatos que tiene el oficialismo en la cancha-, pero no cerró los portones de Olivos, que se abrieron en la tarde de ayer para que visitase a la Presidente un grupo de conocidos entre quienes está su amigo de la juventud, el embajador Carlos Bettini, que vino al país para acompañar la rutina político-musical que anima junto al pianista Daniel Barenboim y el expremier español, el socialista Felipe González. Visitante frecuente del país en cada bisagra de su historia reciente, Felipe se convirtió en la semana que pasó en animador principal de los saraos y reuniones políticas de la Argentina. Hoy, por ejemplo, estará en Tucumán invitado por el candidato a gobernador y exministro Juan Manzur para que hable en un teatro ante 500 invitados, una etapa en la campaña electoral del oficialismo. Felipe tiene en el país como asociados y más que amigos a dos de los personajes más influyentes en el peronismo que gobierna, como el empresario Juan Manuel Abal Medina (padre del exjefe de Gabinete y hoy asesor) y el embajador en España Carlos Bettini, que ha representado al país desde 2003. En ese ciclo ha visto cómo declinaron las relaciones con el reino borbón, de cuyo nacimiento ha sido testigo desde los años 70, pero ha cumplido misiones que nadie quizá podría haber concretado para sostener el equilibrio de Madrid con un país que es socio privilegiado de los negocios de las principales multinacionales españolas. Felipe, que estuvo en diciembre de 2001 como testigo en la propia Casa Rosada de la caída de Fernando de la Rúa y su reemplazo por Ramón Puerta, vino al país en un tour ya clásico que incluye al pianista Daniel Barenboim y al embajador Bettini, sponsors desde hace años del emprendimiento del artista con la Orquesta Diván, que busca mejorar las relaciones entre Israel y Palestina integrando ese conjunto con jóvenes de esas dos culturas. Esta vez el padrino del viaje fue el empresario farmacéutico Hugo Sigman, que moderó la noche del sábado una mesa redonda sobre los intentos de superación del conflicto en Medio Oriente en la que estaban Felipe, Barenboim y un trío multipartidario que se alberga en el llamado Instituto del Diálogo Interreligioso, un sello que junta a integrantes de todos los partidos, desde el kirchnerista Carlos Kunkel hasta el radical-macrista Jorge Enríquez. Ese trío lo formaron esa noche el cura católico Guillermo Marcó, el dirigente islámico Omar Abboud (electo como legislador del PRO por la Capital) y el radical Daniel Goldman. Esa noche, ante un público que llenó palcos y plateas del Colón y que representaba a las tres confesiones, hubo largas explicaciones de Felipe sobre sus esfuerzos desde que era primer ministro de España para arreglar el conflicto. Recordó cómo había participado de la llamada Conferencia de Madrid y había promovido, desde su Gobierno, la derogación -un símbolo, claro- de la orden de expulsión de los judíos de España. No consoló mucho la calificación que hizo González de este conflicto como un "empate eterno", porque nadie cede en sus posiciones y las dos partes terminan perdiendo. Barenboim completó la explicación de esos esfuerzos desde el terreno de la música, tratando de encontrar una actividad en la que se anulen las inquinas culturales y políticas.

El auditorio del Colón cerraba ese día un supersábado de actividades que se acumularon en la agenda exponiendo a la mirada quinchesca a un ejercicio de multilocación porque había actividades en todas partes. En los palcos y en la platea se repartieron personalidades como el empresario Gustavo Sinosi -allegado a Carlos Zannini que administra, entre otros emprendimientos, el Sheraton de Pilar-, los embajadores Bettini y Ginés González García, la empresaria Claudia Stad y su marido, el cardiólogo Pablo Boskis (ella tiene la joyería en la cual estuvo durante la semana Barenboim, según contó este diario), el funcionario Darío Lopérfido, el rabino diputado Sergio Bergman y "Pomi" Awada, la suegra de Mauricio Macri, que se sumó el año pasado al viaje del Diálogo Interreligioso a Medio Oriente y Roma. Ese viaje lo cerró el papa Francisco, en nombre de quien se creó el Instituto y que fue citado por varios de los oradores del sábado en el Colón. Algunos de los asistentes a ese coloquio extendieron la noche del sábado en algunos establecimientos de la recova del bajo autopista, más precisamente La Stampa, donde cenaron, entre otros, Gustavo Cinosi (que ha debutado ya como "special advisor" del nuevo secretario de la OEA, el uruguayo Luis Almagro), Enríquez, Awada y el matrimonio Boskis-Stad. Un grupo vip de ese coloquio apareció esa noche en las oficinas del sponsor Sigman de la calle Paraguay para una cena de parado que ofreció este empresario de múltiples rubros a Felipe, Barenboim, Ginés, Adrián Werthein y unos pocos más. Sigman, que además es productor de cine, brindó esa noche por la selección de su film "El clan" (sobre los secuestradores Puccio) para el festival de Venecia. Ya viene de éxitos con "Relatos salvajes" y esto sirvió para nuevas felicitaciones. Sigman -un médico psiquiatra que hizo carrera cuando se exilió en los años 70 en Barcelona- está casado con Silvia Gold, que pertenece a una familia de la industria farmacéutica que mantiene, junto con los Grobocopatel, la pequeña sinagoga del pueblo de Moctezuma, cerca de Carlos Casares, que visitó Barenboim porque de allí venía su madre, en una de las etapas más conmovedoras de este nuevo viaje. No se habló mucho allí de política, porque el artista, a quien Cristina de Kirchner ha halagado en cada viaje que hizo al país, le tomó idea porque no quiso tocar, como Marta Argerich, en el Centro Cultural Kirchner, argumentando que tenía un contrato que se lo impedía.

La presencia de Barenboim con Marta Argerich el jueves anterior a este coloquio fue otra fiesta social-empresarial que siguieron, entre otros, Gabriel Martino, Aldo Roggio, Germán Neuss, Gonzalo Bergada, Martín Cabrales y, por supuesto, Felipe González, Germán Frers y su mujer María Luisa Miguens de Tanoira (hija de María Luisa Bemberg y expropietaria de la cervecería Quilmes), Fernando de la Rúa, Eduardo de la Rúa, Daniel Funes de Rioja, el embajador de Alemania en la Argentina, Bernhard Graf von Waldersee, Gonzalo Bergada, Horacio Martínez, Juliana Awada, Damián Szifrón, Manuel Lamarca y Gino Bogani. Ese concierto tuvo el complemento, que entretuvo a los aficionados a la tecnología, de ser la inauguración del Colón Digital, que permite ver los conciertos por internet (¿habrá que pagar después de esa experiencia, o habrá CPT-Colón para Todos?). Barenboim celebró que sus amigos pudieran ver el concierto desde varios países europeos y también el regalo que les dio a él y a Argerich el artesano Pallarols, dos mates de plata con una clave de sol grabada.  

La muestra de la Rural agrandó ese foro, que ya parece perpetuo, que es la campaña electoral. Y eso que este año fue dos días más corta que antes, una manera de ahorrar gastos y moderar la extensión según el interés de los asistentes. Como siempre, el Central, que es como llaman los habitués de este sarao tradicional al restorán principal que atienden los Petersen, fue de nuevo en los mediodías el desfiladero para ver y dejarse ver entre políticos, empresarios, curiosos, lobbistas, entornistas y demás géneros del voyeurismo criollo. La mesa más observada fue la que se reserva la directiva de la Sociedad Rural, cuyo presidente tuvo allí durante la semana un quincho permanente para que lo visitasen invitados de la política que fungen de candidatos en las formaciones que buscan la identificación con ese sello y los asistentes a la muestra, que son del centro moderado y bien lejos del kirchnerismo extremo y, desde ya, de la izquierda. Este año cumplió 10 años en funciones clave de ese armado gastronómico el jefe de sala del Central, Juan Landa, que es el enganche que distribuye el juego entre las mesas, especialmente en la zona vip que marca el sector del Central que dividen las columnas. Landa tiene en los días de la muestra el celular más buscado de la Argentina, en el cual atiende los pedidos de mesa que aseguren el ángulo más favorable para mirar y ser mirado. Algunos de los invitados intentaron mejorar esa perspectiva saludando por las mesas como si fueran un novio, que fue el caso de Sergio Massa el miércoles, que estrechó la mano hasta de gente que no lo conocía pero que él creyó merecedora de esa atención. 

Más duros estuvieron Mauricio Macri y Gabriela Michetti, que habían prometido estar en la mesa de Luis Miguel Etchevehere el jueves, que era el día más alto en materia de presencias. Les habían tendido una larga mesa que los caciques del PRO le dejaron al sector emergente hacia el futuro, porque se hicieron representar por Horacio Rodríguez Larreta (electo en la Capital, asume el 10 de diciembre) y María Eugenia Vidal (candidata en Buenos Aires), quienes llegaron con un lote de acompañantes que integraban Federico Pinedo, Patricia Bullrich, funcionarios y legisladores como Rogelio Frigerio, Fulvio Pompeo, Francisco Cabrera, Esteban Bullrich, Patricio Di Stefano, Federico Salvai, Fernando de Andreis y, entre otros, Cornelia Schmidt-Liermann. La ausencia de Macri sorprendió a los anfitriones, que lo habían anunciado como la gran presencia de la semana, después de la visita de Ernesto Sanz (lunes), José Manuel de la Sota y, en la semana anterior, Elisa Carrió. El jefe porteño y candidato presidencial les había avisado que prefería estar el sábado en el momento de los discursos -algo que cumplió- pero que era mejor que ese día hablase con sus representantes. Éstos, atentos, escucharon cómo Etchevehere les explicó lo que iba a decir en su intervención del sábado, en la cual hizo escarnio del oficialismo en un discurso que escucharon Macri y un público que ya está con Macri y al que quizá no le hacía falta esta intervención oficiosa, que aprovechó Daniel Scioli para responderle desde Entre Ríos. ¿No tiene ya bastantes adversarios Macri para que se le sume Etchevehere?, opinaron entre macristas esa mañana del sábado. Etchevehere entiende que su papel como presidente de La Rural es mantener la confrontación en el nivel alto, pero ese estilo le ha alejado adhesiones en su propio padrón, que lo señala como responsable de la ruptura de la Mesa de Enlace del Campo y por su afán por concentrar poder en el cargo. En suma, el destino de todo dirigente de ese nivel en cargos que no se pueden ejercer sin algún costo político. Ese estilo explica que no hubiera representaciones políticas, además de Macri, en la persona de gobernadores y políticos "no K". A la hora del almuerzo que siguió a los discursos del sábado, se levantaban apuestas en torno a los enigmas de la jornada: uno, ¿qué dirigentes industriales salieron por las puertas superiores del Palco Oficial, poco antes de que terminase el acto, como para no ser detectados? Otro: ¿qué poeta y filósofo asistió a Etchevehere en la redacción del discurso?

Ese mediodía del jueves, quizás atendiendo a la promesa de que aparecería por allí Macri, fue estridente en materia de presencias en otras mesas, en las que se repartieron los empresarios Darío y Adrián Werthein, quienes mantuvieron el nivel de invitados en la mesa que reservaron para todos los días en la que estuvieron el ex premier español Felipe González, Hugo Sigman y su mujer Silvia Gold, y el ex mano derecha de Juan Manuel Abal Medina, Lucas Nejamkis (el padre del senador es uno de los allegados más cercanos que tiene Felipe en la Argentina). En otras mesas se vio a Martín Cabrales, Tomás Sánchez Córdova, Luis Ribaya, Guillermo Pando, Néstor Abatidaga, Marcos Gastaldi, Germán y Jorge Neuss, Gustavo Castagnino, Eduardo Eurnekian, Daniel Funes de Rioja, Germán Cabrales, Facundo Frávega, Tato Lanusse, Ezequiel Barrenechea (AA2000), Jorge Born, Juan Born, Javier Goñi (Alpargatas) Alejandro Macfarlane, Luis Betnaza, Adrián Kaufman Brea, Juan Pablo Maglier, Carlos Pedro Blaquier, Teddy García Mansilla, José Urtubey, Ricardo y Eduardo Grüneisen, Carlos Fontán Balestra, Santiago Soldati, Adelmo Gabbi, los expresidentes de la Sociedad Rural Argentina Enrique Crotto, Hugo Luis Biolcati, Horacio Gutiérrez y hasta deportistas como Gonzalo Pieres y el tenista Gastón Gaudio.

Los saraos de La Rural cerraron la noche del sábado con el llamado "Cóctel de la ganadera", que se hace también en el Central en honor de invitados especiales y las cabañas ganadoras de los Grandes Campeones. Como siempre hubo muchísima gente de todo tipo y color, desde Alejandro Fargosi hasta la plástica Nora Iniesta, aunque faltó la orquesta "en vivo" para el baile que habitualmente solía ser Industria Nacional, algo que se justificó en la necesidad de recortar gastos. Una de las más saludadas de ese cóctel fue la periodista Susana Merlo, que recibió el martes uno de los premios CITA, que entrega la Sociedad Rural Argentina, la empresa la Rural SA (que explota el predio de Palermo), The New Farm Company (Chacra) y la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola -CAFMA-, con el fin de premiar la iniciativa de la actividad agrícola. Este año hubo 70 innovaciones presentadas y tres premios a la trayectoria, uno para Horacio Gutiérrez, titular de la cabaña Tres Marías de Aberdeen Angus (una de las más premiadas en 50 años); otro para Nency Zanuzzi, referente obligado de la industria metalmecánica; y el tercero para la periodista Merlo, que además es ingeniera agrónoma, productora y ha sido candidata a elecciones nacionales. La entrega del martes fue en una cena multitudinaria en el Salón Rojo y, entre otros, estuvieron Luciano Miguens y su mujer Mercedes "Mecha" Suaya; Claudio Dowdall (Director de La Rural SA), Etchevehere, Rubén Bartolomé (director de CITA), Marcelo Wolfiorani, Daniel Pellegrina y gran cantidad de empresarios locales y del exterior.

En una de las mesas se sentaron asistentes a una jugosa cena que hubo en la semana anterior organizada por el comando de campaña de uno de los precandidatos a intendente del Frente para la Victoria de Necochea, Mario Goicoechea, en el Club del Valle de esa ciudad. El lomo, el champán y las tortas heladas, además de poco habituales para la política de esas latitudes, no parecían apropiadas para las mediciones de intención de voto, ya que en los pagos de Gerónimo "Momo" Venegas, el PRO parece tener todas las de ganar. Las presencias de esa noche, algunas de los cuales figuran en la lista para concejales, parecían develar esa incógnita. En los engalanados salones del Club se pudo ver a Marcelo Echegaray, hermano del titular de la AFIP y director de la aduana de Necochea; Héctor Curien, segundo de ese organismo a nivel nacional; José Luis Camiña, candidato a concejal de la misma lista y secretario general de los estibadores locales; el secretario de Transporte bonaerense, Alberto Massa, y a su asesor Marcelo Rivero, cerebros de la transversalidad provincial que impulsó Néstor Kirchner, especialistas en el transporte marítimo, y al abogado Fernando Ciancaglini, hombre fuerte de este entramado. De la campaña y de las probabilidades se habló poco. El comentario excluyente era la pronta salida del presidente del Consorcio de Gestión del Puerto Quequén, Martín Caraffo, por pedido del ministro de la Producción bonaerense, Christian Breitenstein. Goicoechea, hombre de Julián Domínguez y de Daniel Scioli, no podía esperar al 10 de diciembre y se paseaba por todos los rincones mostrándose como reemplazante de Caraffo. Vale recordar que Necochea estuvo muchos años bajo el dominio del "Momo", pero cayó en las garras del transversal Roberto Porcaro, un radical K que se acercó a Kirchner de la mano de Ricardo Colombi, y que manejó el traspaso de muchos radicales a la órbita del kirchnerismo. Eso le valió en 2011 colocar de intendente a Horacio Tellechea (el que inauguró una pelopincho) y en el consorcio portuario a José Luis Di Gregorio, un maestro pizzero que dejó el ente con un déficit de 19 millones de pesos tras una fugaz gestión. La destitución de Tellechea por parte del Consejo se llevó consigo a Di Gregorio. Como intendente asumió el discreto José Luis Vidal, de escasísimo poder político, y Caraffo en el puerto, a quien los sectores productivos reconocen la resolución de temas difíciles, como el dragado o la disminución de la conflictividad laboral, a fuerza de diálogo. Esto se tradujo en mejores costos en función de una mayor previsibilidad (clave para el negocio logístico). Pero la interna política reavivó la avaricia, y el puerto, que en menos de dos años revirtió el déficit hasta lograr un superávit de 16 millones de pesos, se volvió un atractivo insumo de campaña. Los sectores productivos estallaron de indignación, ya que Necochea parece cada tanto seducida por su autodestrucción. Con preocupación, aunque también con cierta picardía, el PRO se relame de estas maniobras kirchneristas. Sin Goicoechea, al FpV le quedan Tellecchea y Vidal, con el apoyo de Porcaro y de Aníbal Fernández, respectivamente, para competir. En cambio, los candidatos del "Momo", Pablo Aued, y de las entidades del agro, Leonardo Ruggero, pelean el final cabeza a cabeza. Pero el oficialismo no tiene de qué preocuparse: para cuando éstos lleguen al poder, tendrán que reconstruir las arcas del consorcio portuario.

El juez federal Rodolfo Canicoba Corral se adelantó a todos y formalizó el inicio de la temporada de quinchos judiciales con una fiesta en un cinco estrellas de Pilar para festejar con amigos y colegas sus 70 años. De impecable humor y vistiendo moño -su estética suele ser más informal-, recibió a 180 invitados, entre quienes se contaron el camarista Jorge Ballestero (que despuntó en la pista de baile con los ritmos tropicales), el juez Daniel Rafecas (su mujer, de las más elegantes), la jueza María Servini de Cubría, los fiscales Patricio Evers y Franco Piccardi, los jueces de Comodoro Py Sebastián Ramos y Luis Rodríguez, el doctor Alfredo Cahe, los abogados Alfredo "Fredy" Lijo y Santiago Blanco Bermúdez (celebrity en los avatares de la clandestinidad porque ahora defiende a Jaime Stiuso) y el viceministro de Justicia, Julián Álvarez, que se sumó en horas de la madrugada. El festejo, como ocurre en estos casos, estaba bien compartimentado entre el disfrute y las banalidades del interior del salón y una salida al jardín que se transformó en el mejor pretexto para fumar habanos y otros tabacos más modestos y, de paso, conspirar. Obviamente a medida que pasaban las horas combinar ambos entornos no era una tarea sencilla producto de los buenos caldos y el infaltable champán que relajaban los sentidos y podían generar alguna indiscreción de la que, por supuesto, no daremos cuenta.

El anfitrión se mostró entretenido, pero no esquivó temas sensibles porque esta semana arrancará el nuevo juicio por la causa AMIA, en la cual Canicoba juega como juez de primera instancia. Él inició ese proceso que lleva al banquillo a exjueces, fiscales, presidentes, espías, reducidores y abogados, y genera todo tipo de especulaciones. A quienes lo consultaron Canicoba replicó con la táctica de que los jueces y los fiscales del caso AMIA deberían enarbolar su defensa en torno a los avances que ellos lograron cuando tuvieron el expediente, y en lo posible señalar las pistas que luego fueron seguidas por Alberto Nisman. Ciertas coincidencias que se escucharon en la madrugada del viernes, serán notables. La temporada electoral también alimentó las consultas en torno a la mesa de Servini quien, si bien no se arrimó a la pista, en ningún momento faltaron amigos y curiosos de ocasión para preguntarle diversos vericuetos de campaña. El último fallo de la Cámara Nacional Electoral, explicó, referido a encuestadoras y sondeos, encierra en parte claves para pensar una reforma de fondo en todo lo relacionado al proselitismo electoral. "No hay que olvidar que en Brasil, Dilma y Lula tienen los problemas que tienen por la recaudación para las campañas". Apuntes para tener en cuenta especialmente por provenir de una jueza que recorre puntillosamente todo el arco político, desde los hombres más rutilantes del peronismo hasta la diputada Lilita Carrió de quien se considera amiga.

Un grupo de heredovascos se dio tiempo el jueves para participar de un acto de la "Fundación Vasco Argentina Juan de Garay que preside el empresario Jorge Zorreguieta (suegro del rey de Holanda), en el cual el dirigente conservador, el ex diputado Alberto Allende Iriarte, honró a un vasco legendario, Vicente Almandos Almonacid, considerado un "héroe de guerra y precursor de la aeronavegación comercial". Este aviador nació en La Rioja y peleó en guerras europeas que le dieron aroma de leyenda. Más allá de los inciensos que proyectó Allende lo más jugoso ocurrió después del acto, que se hizo en el Jockey Club, porque unos 50 de los asistentes se entregaron a una cena en la que estaban Fernando de la Rúa, Zorreguieta, acompañado de sus vicepresidentes Diego Ibarbia, Elsa Irigoyen de Goicochea, sus secretarios Mauricio Goyenechea y Jorge Beramendi y los vocales Enrique Aramburu y Allende Iriarte. Estaba también el presidente de Les Anciens Combattants Serge Leteur, representantes del estado mayor de la Fuerza Aérea y el agregado militar de la Embajada de Chile, el presidente del Club Yale Ricardo Low; el titular del Partido Demócrata el exdiputado Ricardo Balestra, la exsenadora Liliana Gurdulich de Correa, el director parlamentario del bloque de Diputados del PRO Mariano Gerván, los exdiputados Daniel Basile, Marita Goñi y Ricardo Marcos; el expresidente de la asociación de golf Rómulo Zemborain; Iván Allende Iriarte, Martín Llauró, José Garddi, Gonzalo Allende, Alejandro Molina Carranza y Carlos Allende. El menú fue pollo al horno con papas, brótola gratinada y helado con frutos del bosque. Se sirvió vino tinto y blanco y se brindó con champán por la Patria y su futuro.

Los radicales se dieron, como corresponde en tiempo de campaña, para conciliar voluntades. A eso se dedicó el viernes uno de los jefes de campaña de Ernesto Sanz, el exintendente Facundo Suárez Lastra, ante militantes de su partido que le reunió el exdiputado José Canata en su casa de Saavedra. "Chiche" Canata, uno de los acompañantes más fieles de Raúl Alfonsín trajinó junto con su mujer en la cocina durante varios días para preparar un locro que compartieron, entre otros, Eduardo Moro (fue vicegobernador de Chaco de Roy Nikisch), Emilio Adrián Cappuccio (exsecretario de Seguridad Social de Alfonsín), Víctor de Martino (exdiputado), Jorge Ross (subsecretario de Salud de De la Rúa), Francisco "Panchi" Martini (fue subsecretario de Salud de Héctor Lombardo) y la dueña de casa, "Porota" Canata. Debatieron hasta tardísimo sobre la conveniencia de haber apoyado la tesis Sanz en la convención de Gualeguay-chú, de la cual fue contradictor Canata. También se discutió la oportunidad de no haber puesto de segundo de Sanz a un dirigente político y no a un intelectual como Lucas Llach, relacionado con Jesús Rodríguez, uno de los padrinos, además, de Martín Lousteau, quien dijo que si votase en Buenos Aires, lo haría por Felipe Solá... Hubo críticas generalizadas a las encuestas que les restan posibilidades a Sanz en las PASO del domingo próximo frente a Macri. El final, aunque con disidencias, fue con un brindis con los caldos que llevó el invitado principal, Suárez Lastra, que su familia envasa en Mendoza con la etiqueta de Finca Suárez.

Otros radicales, más rumbosos, se reunieron para celebrar con más alegría el triunfo de un caballo propio en la carrera de 1.200 metros de San Isidro. Se trata del producto Heavy Tom que les pertenece, entre otros, al exdiputado Rafael Pascual, al veterinario Osvaldo Resines, el exjugador Carlos Babington, y que salió de perdedor después de cuatro carreras. Se reunieron a festejar en el restorán Il Duce, del empresario y político Daniel Lalín de Arce y Arévalo, en Las Cañitas. Celebraron que esa carrera le dio el triunfo número 12.500 al jockey "Ricardito" Jorge Ricardo. Se habló de política porque este miércoles Pascual organiza un acto de cierre callejero para Sanz en las puertas de su local de Patagones y Labardén, en Parque Patricios, en el que hablarán, además de Sanz y Pascual, Rodolfo Terragno, Martín Lousteau y Mariano Genovesi.

Algo de política hubo el sábado en el cierre de la Feria del Libro Infantil en el Polo Circo, donde Hernán Lombardi dijo que había que valorar no tanto el incremento de público en sí (40% más de asistentes que el año pasado) sino la incorporación de nuevos visitantes, debido a la realización de la feria en el sur de la ciudad. "Muchos chicos tenían por primera vez acceso a los libros". Lombardi, que al igual que todos los oradores lució gorrito de plástico alusivo a la feria, llegaba de una visita de campaña por Mar del Plata, Chascomús y Miramar para acompañar a los candidatos de esos distritos como Vilma Baragiola y Marcelo Belloli. Contó en un aparte que está en tratativas con el filósofo y dramaturgo francés Alain Badiou para poner en escena en septiembre su reescritura de "La República" de Platón, una versión multimedia con actores, disertantes y proyecciones del texto platónico con update al siglo XXI.


Vamos a terminar con un chiste de nacionalidades.

Un norteamericano, un ruso y un argentino se encuentran en un bar. El norteamericano comenta: "Hace poco, un grupo de geólogos excavó 50 metros bajo tierra en Kansas, y descubrió pequeños hilos de cobre. Después de estudiar esos trozos se llegó a la conclusión de que los indígenas norteamericanos tenían una red nacional de teléfonos hace 600 años". El ruso, sin impresionarse, dice a continuación: "Eso no es nada. Nosotros excavamos más hondo en San Petersburgo, y a 100 metros de profundidad encontramos pequeños hilos de cristal que, según lo que se demostró, formaban parte del sistema de fibra óptica de los primitivos eslavos". El argentino mira a uno y otro y expresa: "¿Y eso los sorprende? Nosotros en Salta excavamos más hondo todavía, 150, 200 metros, y no encontramos nada". "¿Y entonces?", responden a dúo el norteamericano y el ruso. "¿Cómo y entonces? Esto demuestra que nuestros pueblos originarios usaban Wi-Fi".

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