La reunión con Hugo Chávez en El Calafate, el fin de semana anterior, fue decisiva. Cinco personas se sentaron a la mesa. El Gobierno argentino podría pensar ya en la recuperación de algunas empresas estatizadas como una reivindicación nacional. El modelo económico K cambiaría palabras incomprensibles para sus votantes del conurbano como «acumulación con inclusión social» por la de «recuperar el patrimonio de los argentinos».
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Techint estaría en la mira, Siderar podría volver a ser SOMISA. Después podría venir el turno de alguna petrolera y bancos. El presidente venezolano es clave en esta estrategia de polarizar a los seguidores. Chávez se siente más fuerte desde que comenzó a subir el petróleo después de retroceder su popularidad.
Por eso, tras la primera cuota de la indemnización por la nacionalización de Sidor, por u$s 400 millones, recién pagada, Chávez estatizó otras tres empresas de Techint. No es lo mismo ser estatizador en soledad, que mostrarse en la vanguardia de una estrategia «continental» que incluye a Evo Morales, presidente de Bolivia. Rafael Correa, presidente de Ecuador, está en duda porque no se sabe si continuará con el default o pagará los bonos vencidos.
La reacción de Cristina de Kirchner no aleja los temores, los agranda. La Presidente adelantó que no se van a inmiscuir en los asuntos internos de Venezuela, una forma elegante de comunicar que no le van a pedir a Chávez que revea la medida. Sólo le reclamarán, como lo hicieron con Sidor, que pague lo que toma.
En cambio, Michelle Bachelet, presidente de Chile, piensa y actúa distinto. En estos momentos, Vencerámica, una empresa trasandina que tiene el 30% del mercado de cerámicos en Venezuela, enfrenta los mismos problemas que Techint. Vencerámica primero fue acosada por reivindicaciones gremiales y está clausurada por contaminar el medio ambiente. Para Chávez ahora los cerámicos son tan estratégicos como el acero, el petróleo y la banca.
Lenguaje enérgico
La Cancillería chilena tomó a su cargo la gestión y pidió explicaciones por la medida. Bachelet se puso al frente del reclamo y están utilizando un lenguaje enérgico para pedir por Vencerámica.
El Gobierno argentino está lejos de seguir ese camino de defensa de los empresarios locales, y esta semana el ex presidente Néstor Kirchner visitará la papelera Massuh y reivindicará al Estado como un administrador de empresas con sentido social.
Están dispuestos a utilizar cada acción que estaba en poder de las AFJP para manejar las empresas privadas que les interesen. Las AFJP no tenían ese privilegio cuando adquirían las acciones: les estaba vedado tener un representante en el directorio y a tener más del 5% del paquete accionario de cada empresa.
Los industriales reaccionaron tarde. En el Malba, un empresario comentó en un almuerzo: «No hicimos nada cuando se quedaron con el Correo, con Aguas Argentinas, Aerolíneas y estatizaron los fondos de las AFJP. Nunca les recordamos lo mal que administraron LAFSA, que terminó en un escándalo de narcotráfico con Southern Winds. Siempre creímos que nos iba a ir bien si estábamos bien con el Gobierno. En lo que está pasando hay mucha culpa nuestra».
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