28 de septiembre 2009 - 00:00

China, Merkel y Obama, las alegrías de Cristina

Pittsburgh (enviado especial) - La Argentina se llevó de la gira de Cristina de Kirchner por Estados Unidos un poco de cada una de sus pretensiones, pero de ninguna, mucho. Hubo, sí, dos avances más claros sobre la política exterior: la ratificación de la pertenencia del país al G-20 y una nueva condena a Irán por negarse a entregar a sus funcionarios acusados en Buenos Aires por el atentado a la AMIA.

En realidad, el viaje a Nueva York y a Pittsburgh dejó un tercer impacto que no estaba previsto lanzar en este viaje, pero que terminó adelantándose: la negociación con los holdouts para solucionar al menos una parte de la deuda en default, como paso previo a un acuerdo final también con el Club de París. Cristina de Kirchner tuvo un golpe de suerte final para esta cumbre del G-20 que era impensado, cuando sólo parecía llevarse de Pittsburgh y de Nueva York la alegría de la continuación del grupo de naciones en el futuro, único foro de importancia en el mundo en el que la Argentina milagrosamente aún tiene un sillón.

Fue un broche no esperado: para el imaginario argentino, la foto de Barack Obama, Nicolas Sarkozy y Gordon Brown alertando sobre una segunda instalación nuclear secreta en Irán alineó nuevamente al país que venía de protestar en la ONU directamente en la cara de Ahmadinejad.

Quedaron así en el camino otros malentendidos, como el que Cristina de Kirchner tuvo que soportar con Ángela Merkel. Se había anunciado que la alemana pidió reunirse con la Presidente en Nueva York. No se dio, a pesar de ser un encuentro que la Argentina busca desde hace tiempo. Hubo, finalmente, un cruce en los pasillos de Pittsburgh, lo suficientemente largo para una foto y para que Merkel le confirmara a Cristina que visitará la Argentina el año que viene. El presidente chino Hu Jintao fue más educado: le dijo que la espera en Pekín cuando quiera.

De todas formas, nada supera la alegría que le dieron a la Presidente sus encuentros con Obama. El lugar en la mesa durante el almuerzo en la ONU, los diálogos durante el G-20 y el abrazo entre ambos con la cabeza de Cristina apoyada en el pecho del estadounidense se recordaban en el Tango 01 como máximos éxitos del viaje. Sobre todo la frase final con la que Obama la despidió: «Si quiere arreglar algo, déjelo en mis manos».

Durante la cumbre en Pittsburgh no apareció el Gobierno marcando alguna revolución internacional contra el FMI como se propaga en Buenos Aires, sino más bien todo lo contrario.

Pero no es cierto que el Gobierno de Cristina de Kirchner haya firmado ahora una declaración que reforzara al Fondo en su rol de auditor de las cuentas de todos los países, sometiéndose así a la tan temida revisión del articulo 4° de la carta del organismo. Simplemente no es así porque la Argentina ya había acordado esa función, que ahora sólo se recordó en la declaración final, en la cumbre del G-20 en Londres.

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