20 de junio 2012 - 00:00

Choque por Malvinas encendió el camino al foro del G-20

Preparando que estaba Cristina de Kirchner sus papeles para la reunión con otros presidentes del G-20 -quienes ingresaban de a uno, demorando el comienzo-, Héctor Timerman advirtió que un señor alto y de corbata azul eléctrico se acercaba tangamente a la Presidente. Identificó a David Cameron, premier inglés, y saltó con la intención de oficiar como traductor del encuentro. Se saludaron los tres y el británico amagó con una frase amable: «Presidente, le quiero agradecer el apoyo que ha dado su país al proyecto de creación de un banco central europeo que funcione como prestamista de última instancia».

Cristina creyó prudente un «Gracias», pero agregó: «Lo único que le preocupa es que hay una percepción en la prensa internacional de que esta cumbre no ha producido resultados».

El inglés no respondió a este comentario. Cambió de frecuencia y se quejó: «Además, le tengo que pedir que su país respete el resultado del referéndum que van a hacer los habitantes de Malvinas para decidir qué quieren ser».

Cristina
, molesta por ese abordaje, echó mano del portafolio que lleva a cada reunión y sacó un abultado sobre de papel madera con un rótulo que describía el contenido, la documentación que le habían preparado para la exposición sobre la soberanía en Malvinas en el Comité de Descolonización de la ONU el jueves pasado, y se lo enarboló a Cameron. «Y lo que ustedes tienen que hacer es respetar las resoluciones de las Naciones Unidas que mandan a discutir la soberanía en las islas. Acá las tiene, son cuarenta. Se las puede llevar».

Cameron
, educado para recibir sólo lo que está autorizado, no levantó mano e insistió: «No voy a hablar de soberanía». De lo que estamos hablando nosotros es de la autodeterminación. No le estoy proponiendo un debate completo ahora sobre las Malvinas, pero espero que tenga en cuenta que van a celebrar un referéndum y debe respetar sus puntos de vista».

Cristina: «Tampoco pretendo hablar ahora sobre soberanía. Nosotros estamos hablando de cumplir las resoluciones de la ONU». «No, lo importante es el referéndum»
, se enojó Cameron y se fue sin saludar. Advirtió que discutir con Cristina podría escalar y llevar las cosas a mayores. Según Timerman, que aclaró no era psicólogo para juzgar sobre las relaciones entre los protagonistas del choque, el premier se retiró «algo tenso». Según la prensa británica, Cameron dijo mientras se retiraba: «Deberíamos creer en la autodeterminación (de las islas) y actuar como demócratas aquí en el G-20». La delegación argentina no registró el rezongo.

A esa altura del diálogo, algunos presidentes se habían acercado al corro que integraba además Hernán Lorenzino, creyendo que se trataba de un asunto que querían discutir Cristina y Cameron frente a los demás. La reunión de ayer era de esas en las que los asistentes -todos jefes de Estado- se tratan con confianza y suelen opinar sobre todos los temas. Es de las únicas oportunidades que tienen de sentirse presidentes en el trato de sus iguales.

¿Pensó otro asistente a esa reunión, como Mariano Rajoy, en acercarse también a la Presidente, después de eludirse pulcramente durante más de 24 horas, y hacerle algún reclamo petrolero? Si lo hizo, cambió de idea, al advertir además que un fotógrafo había registrado el diálogo.

El episodio que disparó titulares en todo el mundo justificó para la Presidente la asistencia a la reunión del G-20. Como su marido Néstor Kirchner, Cristina nunca ha confiado mucho en las cumbres, se dio de baja de muchas y siempre ha reducido el tiempo de permanencia. Desliza en privado que no sirven mucho, que son mejores los diálogos tête a tête o las conferencias telefónicas con sus pares para destrabar entuertos y conflictos.

El protocolo de esos encuentros, además, nunca da oportunidad para discusiones fuertes porque siempre se evita que fracasen por chispazos ocasionales, que nunca faltan. La oportunidad para el cruce se la brindó Cameron porque, como aclaró más tarde el canciller Timerman, la cumbre del G-20 era para tratar temas económicos y de la crisis en Europa.

El chispazo benefició a la posición argentina porque el inglés apareció como el provocador. Cuando estaba en el bardo, atinó a rechazar la recepción del sobre con las resoluciones porque seguramente hubiera creado un precedente para futuras negociaciones. Como destacaron Timerman y el vocero Alfredo Scoccimarro en las dos ruedas de prensa que dieron para contar su versión del encuentro, es importante que haya sido «la primera vez que se produce este diálogo». Queda anotado en la petit histoire de la cumbre, pero también en la historia, y se lo destacará en el futuro.

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