18 de octubre 2012 - 00:00

Christe: “La música debe enamorarme”

Nils Christe: «Una sola vez intenté coreografiar un ballet en silencio y fue un fracaso total: la música me da los pasos, las emociones».
Nils Christe: «Una sola vez intenté coreografiar un ballet en silencio y fue un fracaso total: la música me da los pasos, las emociones».
Hasta el sábado próximo el Ballet Estable del Teatro Colón, dirigido por Lidia Segni, está presentando su «Trilogía Neoclásica», uno de cuyos mayores atractivos es la presencia del coreógrafo holandés Nils Christe, de extensa trayectoria, para montar su ballet «Before nighfall», sobre el «Concierto para dos orquestas de cuerdas, piano y timbales» de Bohuslav Martinú. Nacido en 1949, Christe ha trabajado para más de 66 compañías del mundo y creado 78 ballets. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cuándo y cómo surgió la obra que se está viendo aquí?

Nils Christe: «Before nighfall» fue hecha en 1985. Hice antes una producción en la Ópera de París por invitación de Rudolf Nureyev. Se trataba de una obra ya existente: «Sinfonía en tres movimientos», con música de Stravinski, y después de eso Rudolf me pidió que creara una obra para la compañía, por supuesto dije que sí. Tenía un reparto excepcional con figuras que eran famosas o lo fueron después, incluyendo a Sylvie Guillem, Elisabeth Platel, Manuel Legris, y esa es una de las razones de que sea una de las obras más exigentes que haya hecho, muy virtuosística y con un alto nivel de dificultad musical. La obra de Martinú es hermosa pero es muy compleja, de manera que hay cuentas muy difíciles. El título se origina en el hecho de que Martinú escribió esta obra justo antes de la Segunda Guerra Mundial, y en ese momento se vivía en Europa un sentimiento de incertidumbre sobre lo que sucedería al día siguiente. Esas emociones son muy evidentes en esta música, y en el ballet también se ven sentimientos de gente atemorizada o que busca protegerse mutuamente. El comienzo es muy significativo porque se ve a hombres y mujeres juntos, unos haciendo un movimiento de dominación y los otros diciendo «no». Cada uno de los «pas de deux» conlleva una emoción distinta. La escenografía es muy sombría, opresiva. La del Colón es la compañía número 17 en bailarla, es una obra desafiante.

P.: Usted ha creado coreografías sobre compositores muy diferentes. ¿Cómo es su trabajo en este aspecto?

N. C.: La regla de oro es enamorarme de una música, y después surge el ballet. Es muy raro que tenga una idea literaria, que lea un libro y el ballet venga de ahí: habitualmente lo primero es la música. Escucho la música muchas veces, especialmente músicas complicadas como ésta. Una sola vez intenté coreografiar un ballet en silencio y fue un fracaso total: la música me da los pasos, las emociones, los estados de ánimo, todo. Yo estudié música cuando era joven, puedo leer la partitura y eso me ayuda mucho.

P.: ¿Cuál es a su entender la razón de que el lenguaje neoclásico no pierda su vigencia?

N.C.: Es una pregunta difícil. En primer lugar, creo mucho en la técnica clásica, y aunque haya gente que piensa distinto, ninguna de mis obras puede ser bien llevada a cabo sin una buena técnica clásica. El uso de la técnica moderna es evidente en todas mis obras, y en ésta especialmente hay un uso muy importante de la espalda. Uno de los primeros en llamarme la atención sobre eso fue Glen Tetley, cuando vino al Nederlands Dans Theatre, y cuando hablé con Natalia Makarova, que había bailado sus obras, me dijo «Ahora sé cómo usar mi espalda», e incuso se advierte eso en su «Lago de los cisnes», con Ivan Nagy. Eso para mí es lo mejor que puede pasar: que ambas cosas se fundan en una sola.

P.: ¿Cuál es su ideal de bailarín?

N.C.: Igualmente perfecto en el suelo, rodillas o en puntas, y dominando todo lo que se puede saber en técnica clásica y moderna.

P.: ¿Y respecto de lo intelectual?

N.C.: Es una parte muy importante, por supuesto. Busco profundidad emocional en un bailarín, y también la musicalidad es imprescindible. La respuesta al material y su comprensión son absolutamente vitales.

Entrevista de Margarita Pollini

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