25 de septiembre 2017 - 00:00

Cimbronazo en Alemania: el auge de la ultraderecha opacó el triunfo de Merkel

La canciller estudiaba opciones para formar una coalición de gobierno luego que sus socios de la socialdemocracia rechazaran reeditarla. Sin embargo, pidió a sus socios que lo piensen.

¿EL FIN DE LA ALIANZA?.El líder de la socialdemocracia (SPD) Martin Schulz y Angela Merkel se saludan tras la difusión de los resultados.
¿EL FIN DE LA ALIANZA?.El líder de la socialdemocracia (SPD) Martin Schulz y Angela Merkel se saludan tras la difusión de los resultados.
Berlín - La canciller alemana y líder cristianodemócrata, Angela Merkel, ganó ayer sus cuartas elecciones generales en una jornada marcada por el hundimiento socialdemócrata y la irrupción como tercera fuerza del Bundestag (Parlamento) de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

De acuerdo con las proyecciones de las cadenas públicas de televisión a la espera de resultados oficiales del escrutinio, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y su hermanada Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera lograron alrededor de un 33% de los votos, ocho puntos menos que hace cuatro años.

Mientras que bajo el liderazgo del expresidente del Parlamento Europeo (PE) Martin Schulz, los socialdemócratas lograron su peor resultado en unas generales desde la Segunda Guerra Mundial, en torno al 21% de los votos. La AfD quedó en tercer lugar con el 13%.

Fiel a su estilo, Merkel fue moderada y pragmática en su festejo. "No hay que darle vueltas al asunto, esperábamos un mejor resultado. En todo caso, logramos nuestro objetivo estratégico, que era seguir siendo el partido más fuerte", aseguró la canciller en un discurso en Berlín. "Tenemos el encargo de formar gobierno y asumiremos esa responsabilidad en diálogo sereno con otros socios", concluyó la veterana canciller, quien lleva 12 años en el poder, siempre gobernando en coalición con otros partidos, a veces los socialdemócratas, a veces con el FDP.

Pese a la victoria en las urnas, el clima en la sede del CDU no era festivo. Ni bien terminó el discurso de Merkel, los dirigentes y los militantes abandonaron el edificio en silencio.

Para la mayoría de los alemanes estas elecciones dejaron un sabor muy amargo: por primera vez desde 1961 la extrema derecha, que reivindica "victorias" de la época nazi y que rechaza tajantemente al islam y a gran parte de la inmigración, tendrá una representación en el Bundestag, la cámara baja federal, donde se discuten y se definen las principales políticas del Gobierno.

"Estamos en el parlamento alemán y cambiaremos este país; cualquier gobierno que se forme deberá tener cuidado; lucharemos contra Merkel o cualquiera que esté en la conducción del gobierno", prometió desafiante uno de los candidatos y líderes de la AfD que sin dudas conseguirá una banca, Alexander Gauland.

Exultante, la cúpula del partido de extrema derecha, que nació hace sólo cuatro años para oponerse al euro y pronto giró hacia posiciones abiertamente xenófobas y filonazis, ratificó que una de sus primeras medidas en el parlamento será pedir la creación de una comisión para investigar si Merkel violó leyes nacionales cuando abrió las fronteras a cientos de miles de refugiados durante unas semanas en septiembre de 2015 durante la llamada crisis de refugiados europea.

"Hoy es un día triste y amargo para la socialdemocracia alemana", afirmó por su parte Martin Schulz, el candidato de la fuerza, que logró mantener el segundo lugar pero con una popularidad marcadamente menor que en el pasado.

En medio de un clima de desesperanza, Schulz también anunció que la socialdemocracia no reeditará la actual gran coalición con Merkel y pasará a la oposición.

No lo dijo, pero todo indica que los socialdemócratas no quieren dejar el camino libre a la extrema derecha para convertirse en la principal fuerza de la oposición, un rol institucional que conlleva mucho poder y reconocimiento en el parlamento federal alemán.

Pero con esta decisión, y dado que Merkel repitió hasta el hartazgo en la campaña que no se aliará con la AfD o con La Izquierda, la canciller se queda con una única opción para formar una coalición mayoritaria en el Bundestag: juntarse con los liberales del FDP -lo que ya hizo entre 2009 y 2013- y con Los Verdes, un partido con una plataforma progresista que rechaza el ajuste y una política económica pro mercado libre.

La otra posibilidad es sellar una coalición de gobierno en minoría, con el beneplácito de parte de la oposición, en este caso, los socialdemócratas. Pero esta opción siempre conlleva inestabilidad y la creación de un Ejecutivo débil y muy dependiente de las negociaciones coyunturales para cada tema.

Merkel prometió ayer iniciar "un diálogo sereno" y le pidió a Schulz que demore su decisión. Sin embargo, está claro que se avecinan momentos de mucha tensión y duras discusiones con partidos tan disímiles como los liberales del FDP y Los Verdes. Una vez más, la canciller alemana deberá poner en práctica sus conocidos dones de hábil dirigente política.

Agencias EFE, AFP y DPA,

y Ámbito Financiero

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