15 de enero 2018 - 00:00

Cine francés examina los primeros años del sida

Ganadora del Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes, la película se ocupa de la organización Act Up, que salió en esa época a luchar por los derechos de los enfermos y visibilizarlos.

Pérez Bizcayart. El actor debió adelgazar siete kilos en dos semanas para interpretar un enfermo de sida en “120 latidos por minuto”, que se estrena este jueves en la Argentina.
Pérez Bizcayart. El actor debió adelgazar siete kilos en dos semanas para interpretar un enfermo de sida en “120 latidos por minuto”, que se estrena este jueves en la Argentina.
"Es necesario ser sensible y desarrollar la empatía para luchar por una causa", dice el actor Nahuel Pérez Bizcayart, protagonista de "120 latidos por minuto", el film francés que recrea la cruzada militante de la organización Act Up, en los primeros años de la difusión del sida. La película, dirigida por Robert Campillo, que se alzó con el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes y representará a Francia en los Oscar, se estrena esta semana en la Argentina.

"Para los integrantes de Act Up la lucha era una cuestión de vida o muerte: significaba su cuerpo atravesado por un conflicto. Y si no intentaban hacerse cargo para resolverlo no sólo nadie lo iba a hacer por ellos sino que la muerte los esperaba en el día de mañana", dijo Biscayart a la prensa.

El actor argentino interpreta a Sean Dalmazo, uno de los integrantes de Act Up (AIDS Coalition to Unleash Power /Coalición del SIDA para desatar el poder), un grupo de acción directa creado en 1987 por jóvenes franceses que padecían la enfermedad y no tenían respuestas del Estado en materia de investigación, tratamientos y contención. El film da cuenta de un contexto político -atravesado por la desidia- pero también de uno íntimo, descarnado y vital: en momentos en que la gran mayoría de los enfermos de sida preferían el anonimato para no ser estigmatizados, un grupo de jóvenes eligió mostrarse, irrumpir en escuelas y convenciones políticas y, sobre todo, tomar la calle.

Durante la preparación de su personaje, tanto Bizcayart como el resto de los actores tuvieron una charla con el coguionista, el director y productor del film, quienes en su juventud fueron integrantes de Act Up, un ejercicio que resultó fundamental para hallar no sólo el tono actoral justo sino el compromiso humano necesario para ponerse en la piel de aquellos luchadores.

"Si bien vimos otros films, documentales y leímos mucho, aquella conversación, en la que nos hablaron en tiempo presente del momento en que estos jóvenes vivían, nos atravesó. Creo que cualquier ser sensible se hubiese conmovido y se instaló rápidamente en nosotros ese sentimiento de urgencia, de pertenencia, de esa familia construida", relató.

"Asumimos el papel que en esa época le había sido dado a ellos, que fueron estigmatizados primero, porque les cayó la enfermedad, y en lugar de ir a morir en las sombras como un perro triste decidieron hacer de esa vergüenza social un arma de lucha", agregó el intérprete.

Su personaje le demandó una gran exigencia física. Si bien Bizcayart es delgado, tuvo que adelgazar 7 kilos en 15 días alimentándose sólo con sopas. "Fue difícil, cansador. Pero en un punto eso facilitó el rodaje y algo de la realidad se empezó a despejar en la ficción. Este film está muy anclado en lo físico: te exponés, recibís de tus compañeros miradas perturbadoras que te colocan en lugares incómodos, y eso hace que el trabajo sea más interesante porque la dificultad no está en lo logístico, sino simplemente en la acción", explicó.

Si bien la figura de la muerte ronda en la historia que retrata la película, el rodaje fue, aseguró Bizcayart, "espectacular, sensual, divertido, fraterno". "Entendimos el mensaje que debíamos transmitir: todo lo que hicieron aquellos jóvenes fue para sobrevivir y poder disfrutar de la vida que, desgraciadamente, se las estaban quitando". El actor exhortó a estar atentos a las injusticias cotidianas, que pasan inadvertidas, y a luchar desde el pequeño lugar que a cada uno le corresponde. "Las injusticias del mundo están acá, todo el tiempo. Hablemos de la distribución de la riqueza, la principal causa de sufrimiento de la mayor parte de la población del planeta: la gente pobre es la que sostiene el sistema, adquiriendo productos realizados a su vez por gente explotada. El sistema es muy perverso. Por eso, los que tenemos nuestras necesidades básicas cubiertas podemos decidir no comprar un producto. Podemos ser responsables sin necesidad de militar 24 hs", sostuvo. "Desobediencia civil", apuntó. En esa frase está el secreto de la lucha silenciosa. También en la empatía y en la existencia de un tejido social en el cual reflejarse y sentirse contenido e interpelado. "Las luchas no suceden en soledad: son forzosamente masivas", concluyó.

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