24 de septiembre 2009 - 00:00

Cine de la crueldad no apto para todo público

Films como «La huérfana» no dependen tanto de los efectos especiales sino de las actuaciones infantiles, y la niña psicópata que hace Isabelle Fuhrman da miedo hasta cuando se hace la buena.
Films como «La huérfana» no dependen tanto de los efectos especiales sino de las actuaciones infantiles, y la niña psicópata que hace Isabelle Fuhrman da miedo hasta cuando se hace la buena.
Sorprendentemente, la vuelta de tuerca más improbable de esta electrizante historia con una nena diabólica se basa en un suceso real de la crónica negra sobre una pequeña asesina serial que intentaba ocultar su identidad y hacerse pasar por una huérfana, ser dada en adopción y cometer más crímenes psicópatas.

La huérfana del título es una niña rusa de 9 años, excepcionalmente bien educada, madura y talentosa para su edad. Un matrimonio con dos hijos -incluyendo una nenita sordomuda- que acaba de perder un bebé y que intenta una reconciliación luego de una crisis alcohólica de la esposa, la escoge en adopción en un orfanato. Durante la primera media hora, el film recorre el camino previsible del caso, siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de clásicos como «La mala semilla» (The Bad Seed) de Mervin LeRoy, obviamente con los cambios extras que supone el hecho de que la niña mala en este caso es adoptada.

Pero paulatinamente el director Jaume Collet-Serra va ajustando las clavijas del suspenso, la tensión y la crueldad a niveles que superan todo lo esperable aun dentro de un subgénero tan temible como el de los niños diabólicos, terminando por convertir a este thriller en una experiencia terrorífica con la capacidad de poner al espectador al borde del ataque de nervios.

Lo interesante de este tipo de historias es que no depende tanto de los efectos visuales sino sobre todo de las actuaciones infantiles, en este caso deslumbrantes, empezando por la minuciosamente psicópata Isabelle Fuhrman, que provoca miedo aun cuando se hace la buena, o los perturbadores intentos de seducción al padre (Peter Sarsgaard) en un alarde de incorrección política que transforma a esta película, más que en un simple film de suspenso y terror en una muestra de cine de la crueldad digno de la mejores -o peores- tradiciones clásicas en la materia.

D.C.

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