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CLAUDIA PIÑEIRO: “Un escritor es un ser político”
La vida en los countries, el trabajo de los periodistas y tramas que atraviesan a la clase media fueron ejes de las novelas "Las viudas de los jueves", "Las grietas de Jara" y "Betibú". Su autora, Claudia Piñeiro, acaba de presentar "Un comunista en calzoncillos", libro en el que a partir de una pequeña historia familiar, protagonizada por un padre muy singular, se muestra una postal de un barrio suburbano durante los días previos y los primeros posteriores al golpe militar de 1976. Piñeiro recibió a Viernes.

Claudia Piñeiro: En este caso fue una imagen provocada. Me habían pedido un pequeño párrafo para el blog de Eterna Cadencia para un 24 de marzo. La consigna era ¿Qué estabas haciendo vos el 24 de marzo cuando te enteraste del golpe?. Entonces, buscando eso fue que apareció esta imagen de cuando yo estaba en la adolescencia e iba caminando hacia el colegio. Me imaginé pensando en mi encuentro con mi amiga, a la que yo pasaba a buscar siempre, y en qué es lo que me va a decir. Yo sabía que en mi casa pensaban de una manera y en la casa de ella, de otra.
V.: ¿Cómo era ser el distinto en un suburbio como Burzaco?
C.P.: Lo que pasa es que no se hablaba. Lo que había era silencio, porque uno sabía que había cosas que eran como malas palabras. En la adolescencia, decir algo que te diferencia dentro del grupo de pertenencia es una situación ambivalente. Porque, por un lado, lo que te dicen en tu casa, lo que te dice tu padre, te parece más inteligente que lo que te dicen los otros. Pero, por otro lado, si vos no te adaptás a lo que te dicen los otros, te quedás sin amigos.
V.: ¿Por qué lo de comunista en calzoncillos?
C.P.: Mempo Giardinelli hace un foro todos los años en el Chaco, donde invita escritores y se hacen muchas actividades para el fomento de la lectura. Allí hay una noche que se llama la tertulia y varios escritores llevan algo que están escribiendo y lo leen. Yo leí el primer capítulo de esta novela y cuando terminé, el escritor peruano Alonso Cueto me dijo: Me encantó esa historia que contaste del comunista en calzoncillos. Fue como que se me iluminó algo, la sensación de que esa frase resumía exactamente ese padre que yo estaba describiendo. Alguien que por un lado tenía los ideales del comunismo, pero por otra parte no era un militante que salía a pelear ni a hacer la revolución, sino que se quedaba en su casa en calzoncillos tomando mate.
V.: ¿Lo propuso y funcionó de inmediato?
C.P.: Sí, al principio alguno dijo: ¿No te parece que este título no puede ahuyentar a algún lector?. Y yo pienso que si alguno no lo lee por eso, que no lo lea, no será una novela para él. Prefiero tener menos lectores, pero ser fiel a lo que estoy escribiendo con el título.
V.: ¿Qué reflexionó sobre la muerte de Videla, justo presentando una novela que transcurre durante los comienzos del golpe?
C.P.: Fue bastante impresionante que, justo el mes que sale la novela, Videla apareciera todo el tiempo en todos lados. Además, Videla está presente en el texto porque están buscando que vaya al acto del Día de la Bandera que cuento ahí, en el pueblo de la protagonista. Fue impactante. De todos modos, era un hombre mayor que en algún momento se iba a morir y lo que agradezco es que se haya muerto preso y en una cárcel común. Además a él se lo juzgó en un juicio que implica un trato absolutamente contrario al que él le dio a un montón de gente.
V.: Gran parte del tema es el silencio en un lugar que conoce muy bien. ¿Cree que puede haber gente que le diga que las cosas no fueron como usted las cuenta?
C.P.: Lo que pasa es que en un momento el personaje dice que a lo mejor había otras personas a las que les pasaba lo mismo. Tal vez había otras que no hablaban con ella porque también tenían miedo de decir lo que pensaban o lo que les pasaba en la casa. La realidad, para este personaje, es que se encontraba con un grupo de gente que opinaba que estaba todo bien y que decía: Qué suerte que ahora vamos a conseguir papel higiénico, que ahora iba a haber orden, que no iban a matar a los chicos en el colegio, o esas barbaridades que se decían en ese momento...
V.: ¿Por qué apeló al formato de ir salteando etapas, volver para atrás, que incluye además imágenes?
C.P.: Eso fue surgiendo con la escritura, pero también creo que tiene que ver mucho con la operación de lectura que hacemos ahora con las redes sociales, donde uno está todo el tiempo saltando de un lado a otro. Me parece que los que empezamos a usarlo de una manera más activa encontramos que ese mecanismo de ir de un lugar a otro tiene que ver con un cambio de paradigma. Desde la escritura, lo que me pasaba es que la primera parte tiene una anécdota muy cerrada, muy acotada, que transcurre en unos meses entre diciembre del 75 y junio del 76.
V: ¿Cómo surgió su trabajo en Radio Continental, junto a María O'Donnell?
C.P.: María me llamó porque estaba pensando en una columnista que hablara de determinados temas, relacionados con lo cultural y demás. Ella es muy generosa, me dio un espacio interesante, pero además como estoy en el piso me pregunta de cualquier cosa. Y como yo siempre estoy informada de todo tengo la posibilidad de participar de otros asuntos. Me resulta muy interesante y muy divertido. Como ella lo hace tan profesionalmente y se prepara tanto para las notas, es como un aprendizaje.
V.: Tuvo una columna en la agencia oficial Télam y también escribió en Clarín. Raro en estos tiempos, ¿no?
C.P.: Yo hoy puedo escribir para Página/ 12 y si me piden una columna en Clarín, la puedo hacer. Creo que puedo hacer eso porque yo no soy empleada de ninguno de esos medios y escribo colaboraciones. Nunca me pasó en ningún lugar que alguien me señale lo que tenía que decir o dejar de decir. Por ejemplo, yo escribí una nota sobre el matrimonio igualitario antes que saliera la ley. Esa columna estaba dedicada al presidente de la Real Academia Española y era sobre el significado de la palabra matrimonio. Esa nota yo podría haberla publicado a lo mejor en Página/12 o en algún diario más afín a la ley que La Nación. Pero me pareció mucho más interesante poder escribir una nota de ese tipo en un diario que no es proclive a ese tema. Se trata de mover los márgenes.
V.: ¿Los escritores también viven la famosa polarización de la que se habla?
C.P.: Yo creo que somos seres políticos todos. Y de acuerdo con tu profesión, tenés más o menos contacto con lo político. Me parece que un escritor es un ser político que además tiene contacto con lo político. Ahora, independientemente de esto, yo no hago en general manifestaciones partidarias. Sí opino respecto de temas que me interesan que son políticos como la trata de personas, el aborto, el matrimonio igualitario. Sobre esos temas tengo una posición política y la manifiesto y no pienso si el Gobierno está a favor o en contra. El Gobierno estuvo a favor del matrimonio igualitario y no está a favor del aborto. Y yo puedo estar a favor de las dos cosas.
V.: ¿En los escritores hay una división como puede ocurrir en otros ámbitos?
C.P.: Una división que llegue a que no se hablen, no creo. Yo he ido a cumpleaños donde había escritores que son tremendamente kirchneristas y otros que son tremendamente antikirchneristas. Lo que pasa es que, como en todos los grupos, uno trata ya de no hablar. Porque ¿para qué te vas a pelear? No de hablar en el sentido del silencio como en la época de mi papá y de la novela. Pero sí, si vas al cumpleaños de alguien y te vas a poner a discutir hasta llegar a una situación incómoda por una cuestión política no tiene sentido. Después sí hay otros lugares donde se puede debatir, que son las mesas, las conferencias. Si te invitan a participar de un panel y ahí hay distintas posiciones políticas, por ejemplo sobre las políticas culturales, es el lugar.
V.: ¿Entonces, se hable o no, detecta una crispación?
C.P.: Sí, y en ámbitos no literarios que alguien te diga no invito a éste porque se pelea siempre con este otro ocurre. La gente me parece que está un poco alterada.
V.: ¿Podrías escribir sobre la actualidad inminente?
C.P.: No escribiría muy pegado a este momento. Tengo una idea de lo que voy a escribir, que otra vez tiene que ver también con algo privado, no mío, de un personaje. Lo que me pasa a veces es que después yo pongo en movimiento a ese personaje y él sale al mundo y el mundo es éste. Entonces pasa que igual aparecen esas cuestiones. Es un tema muy interesante, pero estamos tan parados arriba de la pelea que es muy difícil tomarlo hoy desde la ficción. Sobre todo porque los escritores sabemos que si uno se para de un modo de poder ver todas las posturas, te van a matar. Te van a matar de un lado o te van a matar del otro. Porque siempre es así. Vos ponés una opinión a favor del Gobierno, por ejemplo, en Twitter y te matan. Y ponés una en contra y te matan los otros. Entonces, hoy ponerte a escribir una novela sobre este momento sabés que es un riesgo altísimo. Pero también es un desafío. Todos los escritores que se me ocurren que lo podrían hacer están corridos hacia uno de los dos lugares. Entonces no sé bien qué saldría de eso, no sería una cosa equidistante o más objetiva dentro de la ficción como lo que planteo.
@tinalarrea
BIO
LOMAS DE ZAMORA, 10 DE ABRIL DE 1960. (En ese entonces, no había sanatorios donde nacer en Burzaco, mi barrio)
EDUCACIÓN: primaria, escuela Gabriela Mistral; secundaria, Instituto San José, ambos de Burzaco. Ciencias Económicas (UBA) y Dramaturgia (Escuela Municipal de Arte Dramático).
RUTINA INFORMATIVA: todos los días La Nación, Clarín, Página/12 y El País de España.
ESTÁ LEYENDO: Ladrilleros, de Selva Almada; La historia del dinero, de Alan Pauls.
PERIODISTAS QUE LE INTERESAN: María O' Donnell y Reynaldo Sietecase.


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