Claudia Puyó ofreció con «El ángel» un buen recital en formato acústico, con ella misma en guitarra y piano.
Presentación de «El ángel». Actuación de Claudia Puyó (voz, guitarra, piano). Con Ricardo «Gafas» Maril (teclados), Dardo «Pilo» Ruiz Díaz y Melina Pacios (percusión). Artista invitado: Carlos «Negro» García López (guitarra). (Club Lounge, 10 de abril).
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El rock sigue siendo un terreno complicado para las mujeres, que tanto en la Argentina como en otras partes del mundo han estado siempre más asociadas al pop, a la balada, a los géneros regionales, que al blues y al rock and roll. En ese mundo masculino y machista se ha movido toda la vida Claudia Puyó y ha sabido ganarse el respeto y la admiración del público.
Y sigue siendo, con ese transcurrir temporal que casi nada ha cambiado, la más importante cantante femenina en ese rubro. Eso, considerando inclusive que no ha terminado jamás de ser una artista de convocatorias masivas ni ha logrado una inserción comercial que termine por hacerla popular en círculos menos «iniciados».
Para los que la conocen menos vale recordar que nació en Ramos Mejía, que compone, canta y toca guitarra y piano, que ha actuado y grabado con grandes nombres de la música argentina y que tiene cuatro álbumes solistas. Precisamente, mientras se prepara para hacer una presentación mayor y «oficial» en La Trastienda para junio, está haciendo escuchar en vivo su último trabajo, «El ángel».
Aquí se trató de un recital en formato acústico: con ella misma en guitarra y piano, Gafas Maril en teclados, Pilo Ruiz Díaz en armónica y Melina Palacios en percusión. Y se sumó, para un par de piezas, «Negro» García López, que estaba entre el público, en guitarra. El repertorio de este show fue una mezcla de géneros y de viejas y nuevas canciones. Y fue del blues al rock, de la balada al folklore.
Hizo escuchar una zamba del Cuchi Leguizamón como «Si llega a ser tucumana» y un tema de Bob Dylan, sobre lo que ella misma bromeó por su mala pronunciación, parafraseando al personaje de Diego Capusotto, como que la cantaba «en un inglés de mierda». Pero en esta sucesión de piezas, entre las que hubo, varias de las incluidas en el nuevo disco, se mostró, como siempre, poseedora de una voz potente y afinada, más sanguínea que prolija, navegando muy cómoda en ese formato semiacústico y cerca del público en el entorno de pub.
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