16 de mayo 2016 - 00:00

Club de París: 60 años de un invento argentino

 El Club de París, una creación diseñada en su momento para "salvar" a la Argentina de un nuevo default, cumple hoy 60 años. El 16 de mayo de 1956, exactamente seis décadas atrás, la entidad nació para resolver el crónico problema de la deuda argentina de aquellos momentos, con la intención de cambiar tratados de créditos bilaterales por otros multilaterales que faciliten la negociación de un plan de pagos con quitas y extensiones en los plazos; y que pudieran manejarse con una sóla moneda para la operación: el dólar. Esta divisa reemplazaria a todas las monedas europeas (eran los tiempos anteriores al euro), los yenes, los francos suizos y las libras esterlinas; como mecanismo para facilitar las discusiones y los pagos. La mayor parte del endeudamiento estaba ligada a países que habían sido vencidos en la Segunda Guerra Mundial, y llegaba a los u$s 158,5 millones en el caso de la entonces República Federal de Alemania (unos 5.000 millones de dólares actuales tomando en cuenta la devaluación, desde entonces, de la moneda estadounidense). Se debían otros u$s 135,5 millones a Italia, el segundo mayor acreedor y u$s 76,2 millones al Japón, el tercero. El total, incluyendo al Japón, en ese tiempo la deuda alcanzaba los u$s 450 millones y los perdedores de la guerra controlaban apenas algo más del 60%, mientras que, del resto, el mayor acreedor era el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RU) con u$s 75,2 millones, seguido por Francia con u$s 34 millones y por los Países Bajos (PB) con u$s 25 millones. Otros seis países sumaban el resto con cifras mucho menores. En esos tiempos el ministro de Economía era Roberto Alemann.

Argentina se comprometió a cancelar el total de la deuda a lo largo de un decenio, con un pago de u$s 50 millones en cada uno de los dos primeros años, de u$s 55 millones en los dos siguientes, de u$s 60 millones para los cuatro posteriores, en tanto entre los últimos dos, más desahogados, se debía liquidar el saldo remanente que, con los intereses, llevaba el total a unos u$s 500 millones.

La reunión constitutiva fue convocada por el entonces ministro de Finanzas de Francia, Paul Ramadier, durante el gobierno del primer ministro socialista, famoso por su represión del independentismo argelino, con lo cual los acreedores se anticiparon en casi tres meses al ingreso argentino al Fondo Monetario Internacional (FMI), el 1° de agosto del mismo año, y al primer préstamo, por u$s 75 millones, otorgado por el organismo al país.

Desde entonces, el Club de París, llamado así porque se reúne en la capital francesa, ha seguido funcionando y firmó unos 500 acuerdos con cerca de un centenar de países, casi todos ellos de los antes llamados del "Tercer Mundo" y luego "periféricos" y, en algunos casos emergentes, como la propia Argentina.

En la actualidad son socios permanentes del Club, en carácter de acreedores Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos de América (EUA), Finlandia, Francia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Noruega, Rusia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza, siendo que en el caso de Israel también en alguna ocasión ha debido recurrir al organismo pero en calidad de deudor.

Además de Israel y de la Argentina, entre los múltiples estados que recurrieron a negociar sus deudas en el Club de París se cuentan Angola, Brasil, Chile, Corea del Sur, Cuba, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Marruecos, México, Nueva Zelanda, Perú, Portugal, Trinidad y Tobago, Turquía y Tuvalu, lo que muestra que también estados petroleros debieron sanear pasivos, aún cuando el precio de los hidrocarburos no se había desmoronado.

Desde su rol como deudora fundadora durante la presidencia de Pedro Eugenio Aramburu, la Argentina ha renegociado sus deudas con el grupo de acreedores en 1962 con Arturo Frondizi y José María Guido; en 1965 con Arturo Umberto Illia; en 1985, 1987 y 1989 con Raúl Ricardo Alfonsín; y en 1991 y 1992 con Carlos Saúl Menem, siendo estas últimas, con sus ajustes e intereses, las cuentas canceladas el 29 de mayo de 2014 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, tras dos breves jornadas de negociaciones.

La modalidad de cancelación de las deudas pendientes al 2014, se estableció mediante una renegociación que implica el pago de u$s 9.700 millones a lo largo de cinco años, cifra bastante menor, en términos de poder de pago de la moneda estadounidense, a los u$s 450 millones de 1956, equivalentes a unos u$s 13.500 millones de la actualidad, y que deberá tener que terminar de cancelarse hacia el final del mandato del presidente Mauricio Macri.

La deuda arreglada en 2014 corresponde en un 30% a Alemania, en un 25% al Japón; 9% a los Países Bajos; 8% a Italia, otro 8% a España y el 20% restante a diversos acreedores menores, correspondiendo en un alto porcentaje a pasivos contraídos por el propio estado durante gobiernos militares y, en una buena medida, a la estatización de la deuda privada realizada en 1982 por el Banco Central de la República Argentina siendo presidente del mismo Domingo Cavallo, más tarde ministro de Economía.