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21 de septiembre 2023 - 00:00

Coinciden dos logradas obras de Daulte, “Carnicera” y “El sonido”

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el sonido. La obra de Javier Daute se representa en Espacio Callejón.

Coinciden en cartel las dos últimas obras escritas y dirigidas por Javier Daulte, quien regresa a las fuentes y brinda trabajos en la línea de las celebradas “La escala humana”, “Estás ahí” o “Clarividentes”. “Carnicera” en el Teatro Regio del CTBA y “El sonido” en Espacio Callejón, son dos muy buenas obras con más puntos de contacto que divergencias.

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Ambas se hermanan por los temas que obsesionan al dramaturgo: los vericuetos de la psiquis que conducen a la locura, a la soledad, la vida pulsada por una creencia, la fe, la verdad, la posverdad y los vínculos familiares que como un péndulo conservan o destruyen. Las figuras maternas y paternas determinan y atraviesan a los personajes. En ambas obras sus protagonistas conviven con presencias espectrales, ¿acaso se equivocan o los equivocados son los otros? Madres terribles y padres ausentes condenan a estas criaturas a una contingencia difícil de transformar.

Otro punto que las espeja es la irrupción de algún raro invento capaz de condenar o salvar a la humanidad, en un contexto de teorías conspirativas y fanatismo extremo. En “Carnicera” se plantea un futuro apocalíptico en el que es posible modificar genéticamente la carne y transformar a las personas en caníbales. El debate sobre los totalitarismos o los usos de la ciencia para fines temibles o dudosas maniobras políticas siempre está flotando en el aire. En “El sonido” un noruego jura contener en un maletín todas las palabras de la historia de la humanidad, según él, la verdad. Pronto una candidata a algún cargo político adivina su potencial y se obsesiona con esa valijita, mientras el noruego asegura que hay un influjo agudo de esos sonidos en la casa de Berta, la joven que escucha la voz de su madre muerta porque poco fue lo que pudo oírla cuando estaba viva. Así en ambas obras subyace la ciencia al servicio del poder y la ambición de dominar al mundo.

Daulte juega con el malentendido en sus múltiples versiones y brinda escenas hilarantes. En “Carnicera” recurre a lo lúdico de inventar palabras, y le suma comunicarse en clave como si fuera un código pero con palabras aleatorias tan reconocibles gracias a los alias. En “El sonido” el malentendido proviene en parte del español dudoso del noruego pero también de la sordera de uno de los personajes, generando el chiste y el interrogante de si es o se hace, o si cada uno escucha lo que quiere más que lo que puede. El autor siembra enigmas que mantienen la tensión, con una trama que, en “Carnicera”, cobra tono de thriller trepidante y negro, mientras en “El sonido” hay algo de detectivesco e intriga política con la campaña de la candidata política, tan a tono con estos días preelectorales.

En cuanto a las divergencias, “Carnicera” se impone con una bella escenografía que sitúa la escena en un frigorífico donde Porcia habita la géilda atmósfera y trascurre sus días, mientras en “El sonido” la ausencia de decorados es total, salvo un puñado de objetos. Esa es la marca más personal de esta obra, que no sólo explora el sonido desde la temática sino desde la puesta. Las escenas ocurren en el centro del escenario, sin siquiera un banco ni una tarima, mientras el resto de los actores se ubican por fuera en bancos y mesas pero siempre visibles. Desde allí ejecutan todos los sonidos que confeccionan el universo y despabilan la imaginación del público. El chirrido de puertas, la bocina, el timbre, el teléfono, el cajón de cubiertos, cada espectador construirá el auto, la casa, el restaurant o el estudio de música que su creatividad le permita. El mecanismo de relojería para que las acciones en escena coincidan con los sonidos del afuera fue uno de los desafíos de este trabajo. En “El sonido” hay teatro de texto, teatro físico, teatro de objetos. Teatro en estado puro.

Hay también varios momentos poéticos. Uno reúne desde llantos de bebé hasta diálogos que cada personaje puede oír gracias a ese invento extravagante. Conversaciones de diferentes momentos de la vida, punzantes, que nunca habrían querido escuchar, o amorosos, que desearían seguir escuchando como en loop. En el clímax se devela cómo fue en realidad esa historia de tres hermanos con esa madre depresiva, ese padre abandónico, y por consiguiente la hija menor criada por sus hermanos que se aferra a la voz materna inaudible para otros y determinante para su existencia. El abismo crucial entre ambas obras llega al final, que desde luego no develaremos. Sólo diremos que una de las dos trata sobre el mal y la otra sobre el bien. En una todos se hunden y en la otra se salvan.

“Carnicera”. de J. Daulte. Dir.: J. Daulte y M. Stolkiner. Int.: K. K., M. Montes, F. Raggi. (Regio).

“El sonido”. de J. Daulte. Dir.: J. Daulte. Int.: R. Delgado, L. Grasso, S. Katz. (Espacio Callejón).

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