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Colón: magnífico concierto de la Orquesta de Toulouse
La actuación ofrecida por la Orquesta del Capitolio de Toulouse el lunes pasado en el abono del Mozarteum Argentino fue perfecta. El programa íntegramente francés que brindó a las órdenes de Tugan Sokhiev, su director desde 2008, llegó más allá del refinamiento y la expresividad, y sus interpretaciones quedarán por mucho tiempo en la memoria del público que pudo disfrutarlas.
Abriendo el menú de tres obras capitales en la música, no sólo la francesa, el «Preludio a la siesta de un fauno» de Claude Debussy tuvo un colorido sonoro y un efecto envolvente extraordinarios, desde el solo de flauta inicial (esa línea con la que según Pierre Boulez comienza una nueva respiración en el arte musical), de una sutileza inaudita y un juego dinámico que parecía simular una aproximación gradual.
El «Concierto en sol» de Maurice Ravel tuvo en Bertrand Chamayou, joven y exitoso pianista, a un intérprete de primer nivel, con variedad de toque según necesidad y perfectamente amalgamado sonora y rítmicamente con un ensamble orquestal, fluctuando entre un clima de ostensible intimidad en el segundo y la brillantez de los dos que lo enmarcan. Tras descerrajar sobre la audiencia el pirotécnico «Estudio en forma de vals» de Saint-Saëns, Chamayou volvió a la austeridad en una sensibilísima versión de «La niña de los cabellos de lino» de Debussy.
Sokhiev, director de una inteligencia superior, mostró en todo momento una comunicación óptima con sus músicos, y de esta fluidez y de la solidez de cada sección surgió una versión antológica de la «Sinfonía fantástica» de Berlioz. A la calidad y expresividad sin fisuras de las maderas de la Orquesta del Capitolio (incluyendo los comprometidos solos) se sumó la homogeneidad de las cuerdas, afinadísimas desde la primera de los violines hasta la cuarta de los contrabajos, y una sección de metales que constituyó una auténtica artillería junto a la percusión. Sólo hubo que lamentar que el movimiento central, «Escena campestre», debiera soportar el aluvión de toses que a esta altura del año ya son un flagelo.
Los bises se encargaron de recordar el origen de esta Orquesta como organismo de un teatro de ópera: el entreacto de «Pagliacci» en una versión sublime, y dos fragmentos de «Carmen», regalos que ese maleducado público de platea que sale eyectado de sus asientos tras la última nota del programa, lamentablemente se perdió.


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