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Comentarios políticos del fin de semana
Néstor Kirchner
Como es obvio, no cree el columnista que el lanzamiento de Reutemann alcance para sacar el horizonte a otros candidatos del propio peronismo convencidos ya de que la era del matrimonio Kirchner se termina después de esta presidencia.
Tampoco que el santafesino haya actuado como títere de los armados de Néstor Kirchner, ni que por el contrario pueda liderar una «cruzada» para terminar con el control de los santacruceños de la política argentina.
Es cierto que ninguna de las especulaciones que pueden hacerse sobre esa candidatura tienen aliento si antes el peronismo no consigue un resultado contundente en las elecciones de 2009 en Santa Fe. Sólo recuperando la provincia para el PJ, se podría seguir avanzando con ese sueño, sea quien sea que lo alimente.
De ahí que Blanck dude tanto de la interpretación kirchnerista como de la peronista disidente sobre el intento de instalación de Reutemann.
Ninguna de las dos opciones parece creíble. Más allá de los intentos de Eduardo Duhalde (alimentados también por Felipe Solá) por utilizarlo, el ex gobernador santafesino le es imprescindible a Néstor Kirchner para frenar a Hermes Binner en Santa Fe, y el ex presidente se arriesga con eso cualquier perspectiva para 2011. Que la oposición tema a ese lanzamiento o que el propio PJ disidente ni siquiera esté convencido de cuál sería su futuro bajo un comando «reutemista», son sólo muestras de la forma que tiene el santafesino de manejar sus definiciones.
Que Kirchner gobernó siempre a fuerza a inspirar temor entre sus dirigentes y manejando el poder que da la caja pública no es una novedad. Menos que ese esquema se haya comenzado a diluir, especialmente desde que las crisis, más las internas que las externas, comenzaran a jaquear la administración de su esposa.
De ahí define sin demasiada novedad al núcleo duro que hoy gobierna junto a la Presidente: Guillermo Moreno, Amado Boudou y Ricardo Echegaray, y la lógica consecuencia de la aparición de Carlos Reutemann como candidato en promesa para ventilar el panorama electoral.
Ese esquema, argumenta el columnista, es consecuencia de la necesidad del ex presidente de garantizarse las «lealtades» de gobernadores a través del manejo de caja. Se dedica entonces a repasar el rosario de declaraciones de Echegaray tras su asunción como nuevo jefe de la AFIP, incluido el nuevo rol político que, sin rubor, le asigna al organismo recaudador.
Ese equilibrio entre la idea que tenía Alberto Abad sobre la eficiencia en la recaudación y la que sostiene Santiago Montoya en la provincia de Buenos Aires con sus espectaculares procedimientos es también parte de la música que se escuchará durante la campaña electoral este año.
Pero no alcanzará para alejar los temores de una suba en el desempleo o una baja en la recaudación, producto de la crisis, que complique las necesidades de caja.
Nada demasiado nuevo, entonces. Ni siquiera la afirmación de que Reutemann, en un escenario de retirada del matrimonio del poder absoluto, pudiera garantizarles como nuevo mandatario en 2011 un paseo por los tribunales. Ése es un miedo que han tenido todos los presidentes salientes y que difícilmente el santafesino pueda controlar.
Más adelante hay una interpretación imperdible: cómo puede interpretarse la situación electoral en Córdoba (donde los K no tienen candidato propio), como un triunfo de Olivos y un aporte a la causa.
En síntesis, una buena forma para aproximarse a cómo se quiere ver desde la quinta en estos días de reposo la complicada situación electoral del kirchnerismo.


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