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COMENTARIOS POLÍTICOS DEL FIN DE SEMANA
Néstor Kirchner
El columnista critica la falta de orientación en política exterior y el hecho de seguir frecuentando a un devaluado Hugo Chávez que, con el petróleo a 40 dólares el barril, ha perdido el encanto de la voluminosa caja que manejaba. El primero en darse cuenta fue Fidel Castro, que elogió a Obama, mientras Chávez lo criticaba. «Chávez se puso a la izquierda de Fidel», dice el columnista.
Sobre el viaje a Cuba y a Venezuela, reiteró que al igual que otros viajes, nunca quedan claros los logros. Los cubanos publicaron las fotos de la reunión con Fidel tres días después. Con Chávez firmó veinte acuerdos que no se sabe qué aportarán a la Argentina. Coincide en lo que todos los analistas: la falta de timing pare emprender este viaje.
La nota finaliza con otra contradicción. El cambio de actitud contra los manifestantes de Gualeguaychú. Según Van der Kooy, obedece a razones electorales, lo que explica también el acercamiento que están teniendo Néstor Kirchner y Alberto Fernández. Esa reconciliación, que ya fue adelantada por Ámbito Financiero el viernes pasado, podría terminar con un puesto en listas para el ex Jefe de Gabinete o, quizás, como embajador en Washington. El ex presidente intenta evitar así que sigan surgiendo cabezas para organizarle el poskirchnerismo.
Y hasta compara decisiones de Gobierno al repetir el relato que ya hizo Ámbito Financiero en Charlas de Quincho sobre la invitación a Héctor Timerman a comer en la casa de Stuart Eizenstat (funcionario también de anteriores gobiernos demócratas). Allí el estadounidense le pidió al embajador argentino que le explicara cómo se habían llevado adelante juicios a militares involucrados en la violación de derechos humanos en la Argentina, con la idea de analizar medidas similares con los uniformados que hubieran cometido crímenes de guerra durante la administración Bush.
El mensaje de Verbistky es en realidad un mensaje criollo. Hasta la fecha, y más allá de haber circulado la foto con Fidel como una certificación para garantizar que el líder cubano está vivo y tomando decisiones, desde Washington (y el resto del mundo), no hay ningún tipo de repercusión que hable sobre la importancia que se le dio a la presencia de Cristina de Kirchner en Cuba. Hasta el momento, internacionalmente no se registró ni el viaje ni el mensaje presidencial. Todo un golpe para el ego de Olivos y de su principal mensajero.
Más allá de un par de acuerdos comerciales cerrados por empresarios locales en Cuba, Laborda repite argumentos sobre ese viaje que han sido escuchados durante toda la semana: una vez más, el kirchnerismo se entusiasma con un cambio en el capitalismo, creyendo leer esa revolución en las palabras de Barack Obama.
De esa confusión -que no incluye comprensión alguna del funcionamiento de Washington-, el Gobierno argentino extrae otras certezas, como que las decisiones de Obama sobre Guantánamo precipitarán el final del embargo a la isla y que de esa apertura se colgará también una solución al caso de la médica Hilda Molina.
Por lo demás, no aporta demasiado el columnista, como el repetir que tampoco la deuda que Cuba mantiene con la Argentina insumió ni un minuto del tiempo de la visita o que los Kirchner podrán defender derechos humanos en el país, pero en La Habana nunca recibirán a un disidente.


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