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Comentarios políticos del fin de semana
Eduardo Buzzi
No parecen advertirlo los protagonistas que no necesariamente están trabados en una puja partidaria, como intenta difundir el Gobierno. El esmeril sobre el oficialismo en el Congreso no lo produce la pelea con el campo, aunque los desaciertos del oficialismo en esa puja desalientan a quienes le encuentran cada vez menos sentido a militar en el kirchnerismo. Una vieja verdad de la política dice
que las decisiones se toman por ideología o por negocio, o por las dos cosas, pero nunca sin alguna de esas razones. La mayoría de los legisladores del oficialismo ha estado allí más por negocio (tener dinero, tener votos) que por ideología. Ahora que deja de ser negocio, se comprende -hecho que registra Morales Solá- que haya señales de diáspora del kirchnerismo en la Legislatura de Buenos Aires.
Exagera algo el columnista cuando le atribuye a Reutemann el rol de ideólogo del voto no positivo de Julio Cobos contra la Resolución 125. Es cierto que presentó un proyecto y que fue siempre enfático en el rechazo de la iniciativa, pero no consta que tejiese esa mayoría de votos, por lo menos con mayor responsabilidad que un Juan Carlos Romero o Ernesto Sanz y los bloques opositores.
Sí acierta el columnista cuando registra algo que advierten todos quienes hablan con Reutemann; por primera vez se le reconoce la libido de ser presidente. Antes había que sacarle el tema y forzarlo a definiciones sobre una carrera a la primera magistra-tura. Hoy es él quien lo plantea. Toda una novedad.
A la confrontación con el campo, esta estrategia suma una pelea con los medios, reflotando una reforma de la Ley de Radiodifusión con la que cree que el Gobierno intimidará a las empresas con restricciones que debió aplicar antes, pero que usó para convivir con ellas. Verbitsky anuncia, a propósito de esto, que el Gobierno va a revisar el fallo de la comisión de la competencia que permitió que el grupo Clarín administrase las cadenas de cable Multicanal y CableVisión, y que abrirá licitaciones para nuevos servicios. Los gobiernos existen para administrar asuntos públicos y la radiodifusión es uno de ellos. Es atinado que se ocupe el Gobierno de limitar el abuso de posiciones dominantes y otras formas de desigualdad, en medios y en otras actividades. Pero, que se acuerde de hacerlo como forma de presión sobre medios a los que mi-ra como adversarios políticos es otra forma de la privatización de los asuntos públicos para ponerlos al servicio de un sector. En este asunto, además, de un sector con el cual el Gobierno se llevó bien, hasta que dejó de hacerlo sin que ninguna de las dos partes le cuente al público por qué razones ocurrió una y otra cosa.
Verbitsky se ocupa de aclarar que no fue él, y a pedido del Gobierno, que destapó detalles en una columna anterior los detalles de la negociación entre Hugo Biolcati y Julio De Vido. Admite que leyó esa información en el diario Clarín y que él sólo se ocupó de buscar cuál había sido la trama secreta de esos encuentros. La bestia negra de sus reflexiones es Eduardo Buzzi, a quien atiende el columnista en todas sus entregas, en las cuales lo acusa de abandonar su pasado de dirigente en el Frente Nacional contra Pobreza, una entidad a la que pertenecieron el dirigente y el periodista y que debió llamarse, con mayor razón, Frente Nacional contra la Riqueza.
Es duro también con los dirigentes del campo que negocian y se pelean con el Gobierno, sumisos a la dialéctica del golpe y del abrazo que les ofrecen los Kirchner. Cita a Elisa
Carrió con una frase que sintetiza esa percepción: «Terminan por estar frente a un es-pejo».


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