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Comentarios Políticos del fin de Semana
Mauricio Macri
La otra pincelada es hiriente, al reseñar las posiciones públicas del novelista Marcos Aguinis y el rabino Sergio Bergman. En lugar de profundizar en el análisis de sus argumentos, se despacha con una frase que le puede costar un turno con María José Lubertino: «Dos intelectuales judíos, voceros del bloque agrario». Inaceptable.
Sanciona Van der Kooy que todo eso pone al país en estado de hastío, como si se viviera un fin de época. Metáfora estremecedora, pero debería el columnista ilustrar al lector sobre sus categorías historiográficas e informar cuándo comenzó la época de cuyo final es augur.
Lamenta también que haya retomar la estrategia Kirchner de hacer política intentando doblegar al campo. A eso obedece el plan de reparto de retenciones a las provincias e intendencias que, dice, provocaron espanto en los propios gobernadores que serían beneficiarios de ese reparto. La razón, sin embargo, debería tranquilizar un poco a los mandatarios provinciales, que están con las arcas exhaustas al punto de que, cuenta Van der Kooy, Santa Cruz ha debido traer fondos del exterior para pagar los últimos salarios a la administración.
Señala con acierto el columnista un hecho que la prensa - salvo Ámbito Financiero- no destacó con la importancia que tuvo en la decisión presidencial: el horror que le causó al Gobierno el hecho de que la oposición juntase el miércoles nada menos que 108 bancas para una sesión en minoría para bajar las retenciones al campo. Fue, como ya dijo este diario, la sesión en minoría que más legisladores convocó en los últimos años. Si a esos 108 se le suman algunos aliados a reglamento del Gobierno y algún lote de kirchneristas que no quieren quebrar su identificación con sus votantes, en cualquier momento le podía clavar el quórum al oficialismo y aprobarle la baja de las retenciones. Para achicar esa posibilidad es que se lanzó el plan de repartir ya mismo el 30% de esas retenciones con gobernadores e intendentes que se ocuparán, como nuevos socios en el reparto, de dirigir el voto de sus legisladores y evitar una derrota.
Un dato importante que aporta es cómo ha variado el humor de Néstor Kirchner hacia Carlos Reutemann, que insiste en rechazar una alianza con Agustín Rossi en Santa Fe. Hasta ahora había mandado a que no se lo atacase desde el kirchnerismo, pero el ex presidente parece entender que un Reutemann presidenciable puede unificar al peronismo en 2011 sin los Kirchner como socios.
Se embarca de nuevo también el columnista en el sueño de un frente electoral anti-Kirchner que junte a todos sus adversarios. No repara en las dificultades para que peronistas y radicales compartan el paraguas. Lo hicieron entre 1997 y 2001 en la Alianza UCR-Frepaso y las partes quedaron escaladadas. Eso explica la distancia que hay entre Mauricio Macri (capítulo, aunque no lo reconozca, del peronismo) y Elisa Carrió (número del antiperonismo), diferencia que en el fondo es saludable. El público que rechaza al Gobierno -hoy quizás la mayoría del país- se entusiasma cuando los escucha por TV criticar al Gobierno pero nadie puede asegurar que votase una lista que los juntase. Un frente opositor que polarice es lo que busca Kirchner y nadie puede decir que convenga a la oposición en una elección legislativa en donde el triunfo o la derrota se mide por la cantidad de bancas obtenidas.

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