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El aporte principal de la columna de ayer es una información que, si se confirma, traerá cola: un emisario de Sergio Massa, que pretendería ocupar la embajada en El Vaticano, le acercó al nuncio Cristiano Bernardini un programa para mejorar las relaciones entre el gobierno y la Iglesia que incluye el desplazamiento del cardenal Jorge Bergoglio. Hasta como leyenda esta información es inquietante y abre muchas puntas. ¿Es lo que motivó que la Presidente le respondiera en muy poco tiempo el pedido de entrevista al primado en su despacho? ¿Es la razón por la amabilidad con que trató Cristina de Kirchner a la cúpula del Episcopado católico en esa cita del jueves pasado? Alguien debería hacer alguna aclaración porque el periodista dice que consultó tres fuentes episcopales y que el tema se trató en una reunión del cónclave de obispos católicos.
Es interesante la explicación que da Morales Solá por esta prisa presidencial para recibir a los obispos: la crisis social puede estallar en el conurbano, y al gobierno le interesa el rol de la Iglesia como factor de contención social. Este argumento lo comparte Eduardo Duhalde, como se reseña en la sección Charlas de Quincho, en la edición de hoy de este diario. Morales Solá incluso especula con la recreación de la Mesa del Diálogo Argentino que armaron los obispos y en PNUD para Fernando de la Rúa, pero de la que dice haberse beneficiado la gestión duhaldista.
El resto de la entrega es lo que conoce de la perspectiva de Morales Solá acerca del gobierno: crítica al doble comando presidencial y a la manía de Néstor Kirchner por gobernar con «anteojos contradictorios» (sic; una verdadera innovación en materia de oftalmología); reseña de lo mal que van las cosas en la economía, crítica a los aspectos más resbaladizos del proyecto de ley de blanqueo de capitales repatriados. «Los buenos ahorristas no traerán el dinero al país», sanciona.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
Se anima el columnista otra vez con alguna esperanza de cambio en el gobierno. Primero, porque la tarde de donde sacó el gobierno a la ministra de la Producción, Débora Giorgi, incluyó a Beatriz Nofal y a Miguel Peirano. Eso revelaría que los Kirchner, en sus palabras, abandonan «la cápsula que habitan». Este trío no pertenece al núcleo de la obediencia debida al matrimonio, imagina Van der Kooy. No queda ahí la ilusión de reforma kirchnerista, ese trío se amplía con otros funcionarios de identidad generacional que parecen dar la buena nueva del cambio presidencial. Entre ellos, enumera a Florencio Randazzo, Carlos Cheppi, Sergio Massa, Amado Boudou y Martín Redrado. Este grupo representaría el núcleo anti-Moreno en el corazón del gobierno. Es difícil imaginar qué de nuevo podría aportar este grupo que está en el gobierno desde hace rato. Salvo otra derrota en manos del extravagante secretario de Comercio.
La asunción de Giorgi, entiende el columnista, vaticina algún arreglo con el campo que podría incluir hasta una revisión del esquema de retenciones a las exportaciones.
Un dato importante que suma Van der Kooy es que Cristina de Kirchner criticó a Hugo Moyano por su astracanada ante dos diarios, con lo que comprometió al gobierno del cual actúa como un ministro sin cartera, seguramente con más gravitación que varios de los que integran el gabinete. Falta ahora que el gobierno diga algo sobre esa agresión de su puntero sindical a los medios de prensa.
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